29 diciembre 2015

Lemmy Kilmister, el adios del tigre(tón)

El fallecimiento ayer del líder de Motörhead supone el adiós de uno de esos bichos pata negra del rock, así que sí, yo lo siento.
NO me interesa casi nada el género que Lemmy representa como nadie, nunca me ha interesado el heavy ni por extensión la larga carrera de Motörhead, la verdad, pero al César lo suyo: Motörhead, una de las bandas pioneras en el speed y el trash metal, llevó ese género de pelos cardados y licra marcando bultito en medio de muñecos gigantes sobre el escenario, al sucio polvo de la carretera secundaria, la parada en el tugurio en el camino (dios sabe si tan solo para drenar el alcohol de la barra o para más fechorías) y la vida loca como estilo del "Modo rock". Trascendió el metal, género que además su grupo dinamitó desde dentro para demostrar que sí, se podía hacer rápido, duro y bestia.
Lemmy pecho lobo y bigotón se bebía la vida a sorbos tóxicos y devolvía una imagen bruta, tosca, animal, ajena a los maquillajes y las poses vacías del género. Fue o es, en fin, como Kurt Kobain, Mick Jagger, Chuck D, Jerry Lee Lewis, Thurson Moore, Bobby Gillespie, Patty Smith o Ian Curtis: uno de los iconos del way of rock, que no es un único "way", si no muchos posibles caminos (sonoros, estéticos) pero que pasan por una meta volante ineludible, la verdad. El cantante recién fallecido no engañaba, ni en sus limitaciones (ya era un dinosaurio del metal) ni en sus bondades (un dinosaurio siempre bruto).