22 febrero 2015

MAGICAL GIRL de Carlos Vermut


Ayer por fin (¡POR FIN!) he visto Magical Girl, de Carlos Vermut. No voy a romper mi línea de olvidarme en este blog de las cosas sesudas, hay otros lugares donde se ha desgranado la cinta con sobrada capacidad de análisis. Pero sí me gustaría divagar un rato, y exponer algunas ideas sueltas que me ha suscitado la película.
Lo primero, una abierta recomendación, claro. Se trata de cine del verdaderamente necesario, arte que entumece, que nos transporta a emociones intensas y que perduran horas dentro, días quizá. Quiero decir que esto es cada vez menos habitual. Nos hacemos al estilo televisivo, a largas series donde la emoción y la intriga fluyen con un sentido más soap-opera (o en román paladín, culebrón) donde la intensidad no es la moneda de cambio. “¿Has visto el último Juego de Tronos?, joder, muere hasta el tato, me quedé flipado” (pronunciado con sonrisa). Pero nada mas. Somos conscientes del artefacto, estamos ante entretenimiento. Hay salvedades, lo sé. Y entretenerse sin más tampoco es nada malo, claro. Pero a veces pedimos más.
El caso es que Magical Girl opera desde otro lugar. Sus sos horas no arrojan un sonriente “no me lo podía creer” sino que el mal y el dolor que hemos conocido nos toca de otro modo. Menos cómodo, más hiriente, más intenso y por tanto, como ficción que es, nos brinda un diálogo más hondo y duradero.
Algunos (muchos) han hablado y escrito que la segunda película de Vermut es “difícil”, “opaca”; “no se entiende”. No poner las cosas fáciles es algo que no inventa Vermut. Hitchcock ya orquestó una de pájaros donde, a ciencia cierta, no se termina de aclarar qué coño pasa, porqué. Kubrick montó una de monolitos y delirios psicodélicos que pa qué. Buñuel mucho antes, ni te cuento. En comparación Magical Girl es una ficción absolutamente legible, su argumento es sólido, bien trenzado, y no te pierdes porque su objetivo no es perderte en su universo (no es Mulholland Drive), sino encontrar difíciles empatías. Lo que pasa es que sí que juega en la línea de los citados, así como en la del menos comercial Roman Polansky o el David Lynch de Terciopelo Azul. Su obra se construye sobre grandes ocultamientos. No sabemos demasiado de las vidas de los protagonistas, solo lo justo. Tampoco la narración nace diáfana y tutorial, sino que vamos atando sus cabos poco a poco. Se nos pide activismo, que completemos las sombras. Qué demonios pasa tras la puerta del lagarto negro.
Entiendo perfectamente que se hable de “difícil”, cuando la ficción televisiva en este país (que ve poco cine, y menos cine “de autor”) es una papilla para dummies intelectuales, que da todo bien triturado y cuyo único objetivo es mecernos, no tirarnos de la hamaca. En la película ganadora de San Sebastián (no de los Goya) se exige y a cambio nos consigue implicar. Implicarnos no equivale a masajearnos ni chuparnos nada, sino hacernos participar con intensidad en lo narrado.

Otro tema es muy personal, no puedo evitar ver en la película al autor de cómics. Vermut comenzó su periplo creativo como autor de historieta (recomiendo muy mucho su último trabajo, que espero no sea el último) y hay algo en Magical Girl del delirio pop que une trascendencia e iconografía delirante. Mangas (la misma Magical Girl), y sobre todo, algo muy de los tebeos de toda la vida, el juego con lo iconográfico. La potencia de un logo o una señal iconográfica para un personaje ya se demostró totalmente cuando nacieron los superhéroes. En Magical Girl no hay disfraces pero sí símbolos visuales que centran nuestra atención sobre un protagonista. Un signo visual sencillo y potente que otorga un significado primario en el personaje de Bárbara Lennie (excelente en su interpretación).
 



Y bueno, tengo que decirlo. José Sacristán es un gigante. Que alguien que es ya tan historia del cine (del landismo al nuevo cine de los setenta, la comedia madrileña de los ochenta y hasta hoy, un gigante de la interpretación) se involucre en una obra tan “nuevos valores” habla demasiado bien de su actitud para con el cine. Los clásicos que no son siempre jóvenes terminan siendo los Rancios. No es el caso de un Sacristán que además está, en su matizadísima interpretación, inmenso. Pero inmensísimo.

20 febrero 2015

MOURN, Mourn




No es normal lo de estas niñas (y niño). Porque yo a gente de 14 a 20 años los llamo así, y además en este contexto es absolutamente laudatorio, un ramo de elogios, piropos y asombros.
Mourn: juventud sónica
Porque estos cuatro a base de hacer pellas en el insti (o no, es una metáfora) han parido un debut que me ha dejado con cara de bobo a mis 44 tacos.
Las influencias son evidentísimas, pero si quieres hacer rock, inmejorables: PJ Harvey, Nirvana, Sleater Kinny, el low-fi, algo de post hardcore... pero lo que amasan con todo ello no es un pan baguette blando e insípido, sino una barra artesana de las caras. Con sésamo por encima. Porque las voces dobladas aceleran el pulso como pocas bandas nacionales lo hacen, porque las melodías son perfectas, porque la rítmica es una apisonadora y las guitarras suenan afiladas y nada obvias. Porque los crescendos y los inesperados retorcimientos parecen los de un combo veterano del art rock neoyorquino y no las de unos novatos de Barcelona.
Porque hay bandas que les doblan en edad y lleva décadas encerrados en garitos de ensayo que hacen mierda. Y Mourn, así sin inventar nada y saliendo de la nada (dos maxis antes de su escueto debut) ya han tocado o tocarán en 2015 en Londres, Boston, Nueva York, Los Angeles, San Francisco. Lo merecen.
Play.
Repeat.

19 febrero 2015

DISRAELI GEARS, de CREAM (1967)

Ala, clasicotes en 1001 discos. You know, hago una ruleta aleartoria en la red, me sale un nº y ese es el disco que me toca escuchar.
Bien, ¿no? blues con un cierto poso ya de eso que era la psicodelia (wah wahs, voces en plan éxtasis de Santa teresa...). Clapton tocando la guitarra con mucha imaginación, un tema de esos clasiquísimos y en general y un disco cojonudo del que emana humo espeso por cada surco.
CANCIONACA. La conocida, claro

La generación de número aleatoriuo para el next 1001 no puede apetecerme más: ¡Tears For Fears! Evidentemente me pilaron de teenager, asíq ue aceptamos el reto con alborozo. Shout!

18 febrero 2015

LA ISLA MÍNIMA, de Alberto Rodríguez

La isla mínima viene de arrasar en los Goya, lo cual es un trailer publicitario que le beneficia y propicia una segunda vida en las salas de cine. Yo la he visto hace unos días, y solo puedo recomendarla. Cine "polar" construido sobre los patrones del género, con una solidez intachable. Una historia de crímenes a investigar en un entorno concreto, un pueblo en las marismas del Guadalquivir (rodadas a vista de pájaro con un senido casi fantastique), en la España de 1980. Democrática pero con la dictadura aún muy cercana. Un ambiente particular que impregna la historia con acierto. El momento y el lugar no son mero atrezo sino que dan su carácter a esta historia de dos polis investigando sórdidos crímenes, con adolescentes desaparecidas.
Nada nuevo bajo el sol. Twin Peaks misma, quitando toda la paella sobrenatural, era la investigación de un asesinado en un pueblo, donde la víctima era una mujer adolescente.
La cuestión está no en lo original del tema, que no lo pretende, sino en el buen aprovechamiento de los códigos del género, en la factura de la cinta: todo está perfecto, de la fotografía a la banda sonora -de Julio de la Rosa, que curiosamente me ha sonado muy post rock-, pasando por la magnífica interpretación de Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez en la piel de dos policías antagónicos, uno con pasado y otro con futuro.
De tono seco, sin rodeos (magnífico es el final, como un guillotinazo, sin apenas vericuetos, al grano), La isla mínima es cine comercial bien pensado, y eso se agradece.

09 febrero 2015

Sia - Chandelier (Lyrics & Sub Español) (Official Video)

La verdad, a menudo Rockdelux tiene razón. No siempre, pero este año desde luego me hizo reconocerlo en un nº 1 de su lista d e"Lo mejor de 2014".
Sia, Chandelier mejor canción del 14. Mi primera reacción fue de sorpresa, no la tenía ubicada (de hecho la había olvidado: sí, sí que conocía su potente clip -ver abajo-) y básicamente imaginé, por el artículo que describe el tema, que se trataba de un R'nB más. Otro. Y sí, ese es el mundo de los singles como puños, de los Crazy in love y los Umbrella, pero en general uno piensa que ya está, que ya hay un poar de torch songs del divismo pop conemporáneo, y que su gloria ha terminado.
Fallo. Sia ha superado todo lo previo con un tema que sí, se hermana con otros de Rihanna o Beyoncé (como que ella ha compuesto algunos de esos temas para ambas divas) pero los supera con creces.

Primero por la voz, tan portentosa como, lo mejor, expresiva, con un punto doliente y en ocasiones quebradiza hasta desafinar.

Segundo por el alarde melódico, un crescendo de tres melodías distintas cada cual mejor que la previa. Cuando piensas que el tema está en su cumbre, se gira a una nueva melodía que sube el listón. Esto no es nada fácil, ni habitual. Ni en el R'nB, ni en el rock, el hardcore o la post-muñeira.

Y tercero por la letra, un tema confesional, duro de cojones, donde la autora evoca sus años de alcoholemia.
Magistral perla de 3'51 minuros. Escucha y lee:



 

07 febrero 2015

OWEN PALLETT, In conflict

Revelación personal de este cambio de año (vivan las listas, y aúpa los recopilatorios del Rockdelux con canciones de la añada), Owen Pallet entrega en In conflict el cruce perfecto entre pop y música contemporánea. La fusión de su virtuosismo con el violín (que toca desde los tres años), la sensibilidad pop y el placer juguetón por la electrónica dan el resultado de un disco experimental pero accesible, culto y popular, cargado de melodías preciosas, cánticos entre lo crooner y lo lírico (la técnica vocal de Pallett se adivina también académica) y texturas sonoras crepitantes, electro.
La mezcla de los glitches y los ritmos programados con los violines (loopeados y autosampleados muhcas veces), y el aconpañamiento tradicional de batería y eléctrica puede no ser nuevo en el pop, ok. Pero la ascendencia clásica de Owen Pallett da un plus, un refinamiento que lo entronca con los minuetos del mismo modo que lo hermana con el sello warp, si quieres.
Una delicatessen con cosas tan bellas como "On a path", obertura trágica y romántica para un sugus melódico, "The secret seven", donde la voz es mejor aún que las filigranas de las cuerdas, "Song of five and six", muy tecnopop hasta que la rompe el arreglo de cuerdas, o, por supuesto, "The riverbed", una maravilla de tensión creciente. La tragedia en trémolos orgánicos y digitales.
Grande.

01 febrero 2015

Playlist de autor: Álvaro Ortiz

Nace una nueva sección en este blog, Playlist de autores de cómic. Metido en una charla musical con Álvaro Ortiz en twitter, se me ocurrió la tontería: si a mí me gusta la música más que las chuches y generalmente todo autor de cómics comparte conmigo esta afición (cada cual con sus propios gustos, lógicamente) ¿Porqué no divertirme/divertirnos con esta proposición nada indecente, la de pedir playlists a autores que estén por un motivo u otro en el candelabro?. En el calendario. En el cancerbero. Como se diga. Dicho y hecho, a la ocurrencia siguió un mail a mister Ortiz propiniéndole mi juego. Reglas del juego: que el autor convocado esté de actualidad por algo. Que me brinde unos diez nombres (más o menos) para confeccionar una lista. Diez bandas, diez discos, diez canciones concretas... lo que sea. En orden o no. Con tema conductor o no. Elegidos por los motivos que sean. Jugar, sin más. Aquí comienza:
La playlist de Álvaro Ortiz
Bien, Álvaro Ortiz es el autor que inaugura este juego (espero que os guste la idea), porque hace apenas unos meses que ha salido su última obra, Murderabilia, y porque hoy se encuentra en Italia, enfrascado en un nuevo proyecto alrededor de la figura del pintor Caravaggio que me apetece mucho.
Y Ortiz ha elegido entregarme una playlist trabajada y pensada con mimo: trece temas concretos ordenados con una idea narrativa, una playlist que se refleja en su último cómic (o una novela gráfica que se refleja en esta lista de canciones, como quieras), con su aire espeso, su humedad boscosa que tanto nos trae imáenes de belleza serena como sombras de peligro inaprensible. Del folk húmedo de Marissa Nadler a la doma de agujeros negros que ejecutan Swans. Música perfecta para perderte en un bosque y encontrar en su espesura una cabaña chunga. El propio autor ha bautizado su lista: "MURDERABILIA; bosques y penurias playlist".