22 julio 2015

Marvel's Daredevil: la escena de la pelea del pasillo

Estoy comenzando a ver, con sorprendente placer (por inesperado, porque me está gustando más de lo que pensaba) Daredevil, del canal Netfix.
Habrá momento para tratar el tema (he visto dos episodios nada más), pero digamos aquí, ya, que la famosa pelea en el pasillo lo es, famosa, con justicia: me parece tremenda, un plano sostenido, sin piruetas, un alarde de contención que trascribe mejor que cualquier grúa loca una tensión sórdida necesaria para la escena (solo diré que los malos están haciendo una cosa muy chunga) donde el fuera de campo juega un papel tan importante como la coreografía pugilística. Creo que desde Old Boy no me gustaba tanto una escena de acción.

Además la dirección de actores es fabulosa, acerca el concepto "pijamero" al modelo de Miller (más el del gastado Batman crepuscular y sus achaques, que al acróbata ciego de las mil piruetas), cada acción tiene la consecuencia inmediata de un agotamiento físico en Daredevil que sencillamente potencia la tensión. Esto no es como Vengadores, una (excelente) montaña rusa de acción fantastique, si no la versión más o menos verista de un justiciero a ras de suelo. Plasmado fabulosamente en ejemplos como esta "andanada de hostias".

 

18 julio 2015

20.000 días en la Tierra, de Iain Forsyth, Jane Pollard


Contingencias alrededor de un nombre: hace unas semanas estuvimos hablando del documental sobre un día en la vida de Nick Cave, ese artista que ahora es noticia luctuosa por el desgraciado fallecimiento de su hijo. Sea por el morbo o porque simplemente, lógico, con todo el tema me acordé de la mencionada 20.000 días en la Tierra, ayer me animé a verla.
Fabuloso documental a la gloria de una de las figuras más importantes de la historia del rock, que incide (¿por voluntad del protagonista, por ser la mirada de sus directores, porque así son las cosas realmente?) en la imagen de un presente tranquilo, familiar, responsable y ajeno a la locura de las drogas y excesos que ya son la leyenda negra de Cave.
Su documental ahonda en un personaje familiar (la escena con los gemelos se torna lúgubre y tristísima, hoy) y sobre todo en un estajanovista musical. Un trabajador constante alrededor de la composición y la interpretación que durante los 95 minutos de cinta divaga y divaga sobre el sentido de su arte, que al final es el de su vida. Y bueno, como Nick Cave es un escritor de altura monumental, su pensamiento arroja frases cargadas de potencia, a veces pagadas de sí mismas pero siempre ardientes, de fondo sincero.
Las sesiones de estudio, los shows en directo, la aparición de personalidades como Blixa Bargeld o Kylie Minogue, el compañero musical Warren Ellis... todo circunda a Cave, y Cave mismo circunda al arte. Y al final, inevitablemente vuelves al terrible presente del artista, a la dolorosa pérdida, y piensas que esta película, que fue interesante ayer, hoy es estremecedora porque no sabemos qué vendrá ahora, qué Nick Cave nos depara el futuro, si nos depara alguno.

Entrevista alos directores en Días de cine (TVE):

05 julio 2015

El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro (2006)


No había visto El Laberinto del Fauno, la recuperé hace unos días y me ha parecido que posee bastantes atractivos, consolidando mi buena opinión general de su director Guillermo del Toro, un autor que se ha sabido mantener en el culto del género que lo encumbró, insistiendo en su vena más lúdica (desde luego pienso ver, siguiendo la estela "recuperadora", Pacific Rim) y sabiendo entender las claves del buen terror: atmósfera, contención y estratégicos estallidos de violencia muy física.
En El Laberinto del Fauno, además, vuelve a los universos españoles de El Espinazo del Diablo, pero afinando más en un argumento que deja de ser un homenaje explícito a Carlos Giménez y Charles Burns (por cierto, vuelta a ver hace unos años en la tele, me pareció más interesante que la primera vez que la vi, conste en acta, aunque sigue siendo de lo menos afortunado de su director, para mí). Ahora la mirada se pone en algo más general, como es la literatura feérica, las tradiciones mágicas paganas que sobreviven desde la edad media. Hadas, ogros y criaturas pánicas que nos presenta del Toro como expresión consciente, peligrosa, bella y caprichosa de la naturaleza.
Posiblemente lo que más me ha gustado de la mirada de del Toro es cu capacidad para invertir: lo mágico es plasmado con un realismo inaudito en el cine español, aunque al tiempo potenciando siempre lo maravilloso e imposible del asunto. Mientras que la vida "real", que se asienta en la España franquista posbélica y en el tema de los maquis, se convierte en materia pop. Fascis malos de una pieza dignos de Tarantino, resistentes heroicos igualmente de una pieza, y en fin, la utilización de la historia como materia para la fábula.
En esa aparente contradicción, usar "lo real" con mirada irreal (otros dirán plana o simplona, los que no comprendan la fuerza del símbolo) y acercarse a lo irreal con la prudencia que nos piden los hechos contrastados, supone una inversión potente, que muta todo el contenido de El Laberinto del Fauno en una gran oda a la imaginación focalizada en la protagonista, Ivana Baquero. Niña-actriz excelente (gran director de actores siempre, el mexicano) que, como único personaje de la cinta que aún conserva la inocencia, vive entre dos mundos sin ser capaz de entender por completo ninguno de ambos, he aquí el punto de intersección y la verdadera materia trágica de la película. Neil Gaiman haría el baile del gorila disfrazado de Melody en la Comic-Con, por inventar un relato así.