31 agosto 2015

MI CASA EN PARIS de Israel Horovitz

Hace una semana vi en el cine Mi casa en París, cinta de un septuagenario Israel Horovitz que se estrena a la dirección de largometrajes (previamente hizo un corto) pero que lleva en el mundo del teatro toda la vida (suma más de setenta obras teatrales, él descubrió a Al Pacino, y guionizó varias películas de éxito, alguna de corte biográfico o aprovechando su conocimiento de las candilejas y sus alrededores).
Mi casa en París es una película efectivamente muy teatral que además revisa un libreto del propio director, una historia de personajes y de sentimientos de esos que parecen desparramarse por el escenario del teatro en un guión que precisa de pocos escenarios. Intensa, amable, dramática, en ocasiones intentando ser trascendente, otras simpática... Una cinta inteligente con ganas de rascarse algún Oscar, indudablemente (esa fotografía, los perfiles de esos caracteres tan... humanos y plurales...).
Con todo lo dicho es casi de cajón adivinar que lo mejor de la película está en su reparto actoral, con un Kevin Kline versátil (un "actorazo", en términos oscarizables, pero que además resulta que lo es, que te convence, que su registro es amplio y resulta creíble en el drama y en la comedia) y una Maggie Smith ya en su papel de Gran Dama Señera de la Actuación. Juntos bordan un dúo ciertamente teatral, lo cual, aceptada la honradez de la premisa inicial, no es malo.
La película parte de un argumento simpático, un norteamericano acude a París para hacer uso de una propiedad urbana que acaba de heredar... y descubre que en esa casa (con jardín, en pleno centro de la ciudad) vive una anciana nonagenaria que tiene derecho legal a quedar allí mientras viva, y además, a cobrar por parte del dueño de la casa una pensión mensual. Las disyuntivas eran la comedia negra, o tirar por donde se tira, un relato con ganas de ser profundo, hacer sonreír, hablar de la vida, los fracasos y las miserias cotidianas, y como dicen los cursis ahora, "tocarte la patata". Queda, con estas premisas, asegurado un producto mordaz y entretenido, si no pretendes estar a punto de ver la gran película del año. Ah, la vi doblada, pero pide a alaridos VOSE.

14 agosto 2015

Iowa, ciudad cultural, modelos y futuros.


Tirando de hilos de una noticia recién consultada sobre la proyección de un barrio literario en Edimburgo, me entero de que Iowa es una de las pocas ciudades del orbe declaradas ciudad literaria. Uno (exagerando) no piensa en EEUU generalmente como lugar de literatura porque en este otro lado del charco estamos "colonizados" por otros intereses de la industria cultural USA (tecnologías, cine...), pero claro que sí, mucha literatura hay, en ese enorme, rico, contradictorio y para mí fascinante país (si me toca la Primi viajaré mucho por allí, vamos, lo confieso sin rubor). Por eso no debe extrañarnos la noticia. Extraigo un texto breve sobre el tema Iowa:
"En noviembre de 2008, el título de Ciudad de la Literatura dio el salto a las Américas. La Unesco tuvo en cuenta un hecho irrefutable: 25 Premios Pulitzer de Literatura han sido concedidos a graduados de la Universidad de Iowa… Motivo más que suficiente para que esta pequeña ciudad del centro de Norte América se alzara con este título honorífico. Llamada la ‘Atenas del Medio-Oeste’, es la única ciudad que cuenta con una institución encargada de explorar nuevos modos de enseñar y apoyar a la escritura y a los escritores. Su carácter de ciudad tranquila y ‘alejada del mundanal ruido’ favorece este clima de lugar de recogimiento para los escritores, por su puesto. La ciudad cuenta también con una de las librerías más míticas del país nortemericano: Prairie Lights."
(Fuente: http://blog.groupon.es/2014/04/25/ciudad-literaria-unesco/)
La existencia de estas ciudades, o la del proyecto citado de creación de un bario literario, me parecen una vía de cambio, algo que occidente debería empezar a plantearse seriamente. Si esta crisis interminable sirve de algo será de evidenciar que estamos ante una disyuntiva. ¿Cómo seguiremos el camino? O retomamos los moldes que se acaban de demostrar obsoletos y perniciosos (productividad-propiedad-endeudamiento) o buscamos una nueva vía, que no renuncie al capitalismo si no que lo remodele completamente y le asigne nuevas prioridades (cultura-salud-convivencia). Que, en fin, resetee los valores sociales hacia cuestiones que no por más inmateriales son menos importantes. Al contrario, porque si la meta de la vida es la felicidad... ¿en serio tener piscina y cochazo propios nos hace más felices que la cultura? Yo no lo creo, y además, es falso pensar que nuevas prioridades no podrán entenderse como factores de crecimiento también económico. De hecho, y no es la primera vez que lo comento en este blog tan bello, la cultura es industria (y si se sabe defender, una industria nada menor)
Por eso también cuando veo pequeñas iniciativas casi unipersonales de apuesta a pecho descubierto por la producción cultural en este país tan poco proclive a ello me alegro y creo que aún hay esperanza. Que son iniciativas no productivas, quizá, en un sentido neocon y ultracapitalista, pero que fermentan un suelo yermo con el nutriente necesario, fundamental para el cambio de paradigma. A ver si nuestros nietos ven un país nuevo.
“Niños viendo un teatro de marionetas” – Alfred Eisenstaedt, Paris 1963
Niños en cochazo jugando a sus máquinas carísimas.