31 octubre 2015

Una charla de cómics.

Hace dos semanas participé en un evento cultural, en Vigo, cuyos fondos recaudados se destinaron, via ACNUR, a ayuda a los refugiados sirios. Una tarde con cuentacuentos infaniles, eventos de poesía en directo, sorteos de libros, música y en principio alguna iniciativa más que cayó del cartel. Consultado para la posibilidad y disponibilidad para dar yo una charla sobre cómic social, apunté que me parecía algo un tanto soso, soltar una especie de charla temática sin más, y propuse implicar a librerías de Vigo en la donación de ese tipo de material para generar más lotes rifables, de modo que mi charla sería un poco una presentación de esos libros a sorteo. Animando, en fin, a la compra de rifas.
Debo confesar que me encantó saber por parte de los organizadores que efectivamente mi ladrillo tuvo el efecto deseado, que se incrementó mucho la venta de rifas para los lotes de cómics tras mi charla. Porque al final, eso era lo importante: sacar pasta.

La "conferencia" la articulé como una especie de "viaje por el mundo contemporáneo" a través de lugares y tiempos en conflicto reflejados en cómics.
Proyectando mapas y cómics sobre instrumentos musicales: superad eso.
Aquí tenéis el power point de la charla (retocado para este post). El globo terráqueo era un gif en movimiento, parece que no gira al subirlo on line.



DONNIE DARKO, deRichard Kelly (2001)

Ayer he vuelto a ver Donnie Darko, que vi en su día, a principios del s XXI. Si en su momento me encantó, hoy al revisarla casi quince años después (cómo pasa el tiempo) me ha vuelto a funcionar totalmente.

Hay en este artefacto tal mezcla de géneros, subgéneros y voces prestadas (las "teen movies" de los ochenta, Viernes 13, la ciencia ficción, Terciopelo Azul, el cine indie a la Sundance, las paradojas temporales, incluso se cuela algún guiño a E.T.) que corre el riesgo de ser un batido impersonal, pero la manera de hacer de Kelly, los planos sostenidos, las imágenes aceleradas o ralentizadas y la sensación de rollo chungo que consigue sin que realmente nada chungo suceda, otorgan una voz propia a la cinta. Y su desarrollo argumental, pese a caer en alguna obviedad, caricaturas innecesarias y obvias, como el personaje de Patrick Swayze, es un juego intrincado y laberíntico perfectamente diseñado.
La interpretación de Jake Gyllenhaal en el papel protagonista es memorable, y algunas escenas mantienen la fuerza y la capacidad de turbar de la primera vez que vi la película (las más oníricas, y la fuerza visual del personaje del conejo Frank)
Y bueno, claro, si llego a ver esto a los 15/17 años, me vuelve la cabeza del revés, me imagino las implicaciones que puede tener a largo plazo (de entender el buen cine) Donnie Darko en un chaval, que es su público potencial y directo.
PD creo que hay a la venta una versión "director's cut" que desconozco... y temo: creo que esta película no necesita retoques, su equilibrio es delicado y conseguido, ¿para qué matizar nada, para fastidiarla?

26 octubre 2015

"Requisitos para ser una persona normal", de Leticia Dolera

Recuerdo una reunión de esas, de desconocidos, a partir de un evento social cualquiera que no viene al caso, en que mis compañeros de mesa en el bar del local comenzaron a hablar de interesantes préstamos bancarios. Luego pasaron a coches, nuevos modelos y prestaciones en consumo de combustible. Después empezaron a chacharear sobre Iphones. Todo circunspseto, muy "de señor" –masculino singular. Luego me fui de allí mentalmente a pelear con Dormammu en la Dimensión Oscura, o para pensar en mis cosas, más o menos prosaicas, mientras asentía robótica y amablemente. Sentía, en fin, que aquella charla burguesita era una versión mature readers only de las conversaciones sobre el tiempo en un ascensor pese  que mis contertulios se estaban empalmando con toda aquella jerigonza. Y por supuesto, no me interesaba un carajo, ni la charla ni ellos. No diré que me sentí "raro" pero tampoco cómodo.
Requisitos para ser una persona normal trata sobre esto. Sobre estas personas (no sé si como yo en general, pero sí en momentos puntuales como el descrito) que no se ven insertados en el statu quo social de la gente "normal". En un tono de comedia amable ribeteado con profundidad dramática en determinadas relaciones familiares, la película de la debutante Leticia Dolera es un canto no al friki (como pensarán mis compañeros de aquella nefasta mesa) si no a la necesidad de reelaborarnos en este mundo en crisis. ¿Qué es la normalidad y dónde está la verdadera felicidad personal? Temas serios tratados con la ligereza de las chuches mediante el empleo de la comedia (comedia indie, para más señas) como, en fin, medio de transporte hacia las conclusiones a las que Dolera aspira que lleguemos.
Todo a través de una trama amable y simpatiquísima (donde insisto, cabe y tiene un peso específico la amargura), unas actuaciones modélicas con un Manuel Burque espectacular (y por cierto, a lo DeNiro, engordando quince quilos para la película) que no hace sombra a Silvia Munt o a Alexandra Jiménez. Ni a la propia directora, que también escribe y protagoniza. Toca reflexionar, otra vez, sobre porqué en televisión nuestros actores trabajan tan plano, tan pobre, cuando luego, en manos de una buena dirección, lo bordan.
Pero volvamos a la película. Se puede achacar a su recorrido argumental obviedad. Es cierto, todo nos suena, amablemente. Aunque como dije, bajo ese recorrido reconocible hay mensaje, discurso y personalidad. Lo mismo se puede decir de sus aspectos formales –que nos evocan a buenos modelos: Wes Anderson, Michel Gondry, Amélie– con esa fotografía que resulta superlativa en los primeros y primerísimos planos, con efectos de edición convertidos en elementos diegéticos de la acción (como las eficacísimas rotulaciones, un componente narrativo esencial en el relato) y con diálogos y situaciones chispeantes.
Cotidiana, amable pero con aguijón, cercana, Requisitos para ser una persona normal es cine de ese que merece la pena visionar y que posiblemente nunca verás aupado por los medios generalistas, por modesta y carente de potentes presupuestos para aparato publicitario.
Mira el trailer y te convencerás de que quieres verla aunque no invente nada:

22 octubre 2015

Poesía cósmica.

Hace unos días saltó a las redes sociales y residuos de pulpa de papel informativa una noticia preciosa. De esas de lanzar la imaginación a volar: "En las proximidades de la estrella KIC 8462852 hay algo que tapa la luz y que desconcierta a los científicos." rezaba el ABC el pasado día 19.
La cosa es que se ha detectado que ese astro, al que nosotros, más poéticos, vamos a llamar "flashing star", como si se tratase de un tebeo guay, se acompaña de algo impredecible, y por tanto, enigmático. Dicen que "el meollo del asunto es que observaciones hechas con el telescopio espacial Kepler han revelado que hay algo que reduce la luz que nos llega de KIC 8462852 [flashing star, vamos] en hasta un 20 por ciento, y que lo hace en intervalos irregulares" (Microsiervos).  Un artículo sobre este tema en The Atlantic apunta incluso que la causa de este comportamiento inestable se deba a que podría tratarse de enormes, colosales estructuras alienígenas.
Toma, un sistema solar artificial creado por una civilización extraterrestre para extraer energía del sol. Que va a ser que no, de acuerdo, pero... ¿mola o no mola?

Aunque evidentemente este asunto poco tiene que ver con los avistamientos OVNI y todo ese universo, ya que solo hablamos de teorías para explicar una incógnita cósmica cierta, encontrada y testada científicamente (pero sin explicación), la verdad es que el hilo que une ambos mundos, ciencia y ufología, el misterio de un universo que aún nos es de masiado grande y la posibilidad de que ese cosmos se acerque a nosotros en forma de naves extraterrestres, me interesa ante todo por su capacidad poética, evocadora y fantástica.
No, no soy un "Believer" (y mucho menos un belieber, ya que estamos) ni he visto jamás nada en el cielo que no sea una estrella o un avión. Pero tenemos que reconocer (yo lo hago, en fin) que la idea de que hay cosas racionales y autoconscientes ahí fuera está injertado ya en el arte contemporáneo y es materia bruta para la narrativa. Desde que somos animales racionales contamos historias, y muchas son sobre lo que nos supera.
De los deliros de  Erich von Däniken a las fantasías literarias de Stanislav Lem pasando por las cosmologías de Kack Kirby o los encuentros cercanos en fase tres de Steven Spielberg, muchos son los artistas que han usado la imaginería de la inteligencia exterior/superior en sus obras.
No me extraña, es fascinante. La interpreto, personalmente, en la clave que aporta Pabo Ríos en su debut (y magnífica novela gráfica) Azul y pálido: pensar el fenómeno del contacto con otros seres inteligentes del espacio supone un campo de reflexión sobre nosotros mismos. Mientras nadie demuestre ("nadie", de este planeta... o de otro) que efectivamente "No estamos solos", toda esa imaginería tecno sirve para pensarnos a nosotros, nuestros miedos/aspiraciones y cómo el hombre contemporáneo los sublima de un modo u otro.
La aparición de una creación de proporciones faraónicas en el espacio, mundos artificiales, puede ser un disparate más, una apreciación absurda tejida para, quizá, llamar la atención sobre una noticia realmente desconcertante pero excesivamente técnica, fría para los mas media. Mola mucho más el Imperio Galáctico, pues claro. Pero frente a otras explicaicones más plausibles (cuerpos celestes sometidos a varias tensiones gravitacionales, por ejemplo), la solución alien me vuelve a abrir la espita de aquella lectura de infancia, el libro (maravilloso ¿porqué me deshice de él?) OVNI, un delirio hermoso para niños que fue mi primer contacto con todo este rollo de lo que hay o deja de haber en el espacio profundo:


Este libro es inencontrable (o a precios locos, 200 euros, cosas así) PERO...no nos engañemos, es una nostalgia deliciosa, pero apenas un eslabón pequeñito en la cadena de maravillosas ficciones narrativas sobre el espacio que podemos disfrutar. Algunas de ellas (y la recreación pictórica anónima que abre este post) puedes verlas en este pase de diapos (slider, vamos). ¡Disfrutad del espacio inmenso y sus dioses cósmicos!:


21 octubre 2015

Otra era

Cantaba Javiera Mena:
Y hay algo en tu planteamiento
una visión pionera
sacada del futuro
de un viaje en el tiempo
Es algo de otra era
sacado de otra era 
Pues así veo las cosas y más desde el Salvados del pasado domingo (aquí, "mejores momentos", pero yo recomiendo buscar el programa entero si no lo has visto).
El careo Pablo Iglesias/Albert Rivera en el programa de Jordi Évole ne ha reafirmado en mi visión del presente. Presente bisagra.


Un debate sin excesivos pactos previos, en un entorno ajeno a la pompa kennediana que impera en la televisión desde los años del amante de Marilyn, con un formato distendido de discusión natural y civilizada aunque en ocasiones naturalmente tensa, y con un Évole mediador pero también en ocasiones incisivo, sabiendo parar el tren en marcha para rebobinar e incidir en los contenidos de determinadas declaraciones de ambos contertulios.

Pero sobre todo revela datos, cinco millones y pico de espectadores (el 25% de los televidentes estaban viendo Salvados la noche del domingo) que trituran con su presencia ante las pantallas y su interés activo (TT y todas esas cosas de las redes sociales) aquellos tiempos en que ciertos políticos de la casta —palabra que en el programa empleó por primera vez un Rivera muy entonado, despierto y caballito ganador— llamaban a uno Coletas y a otro Naranjito, a unos "partidillo radical" y con otros catalanizaban su nombre evidenciando un origen para potenciar el discurso del miedo y el odio.
Ayer hubo un debate y quien lo ganó fue la bisagra, que en su lento giro sigue marcando claramente que vivimos o podemos vivir tiempos de cambio. Cambio lento, quizá estas elecciones no supongan una revolución social y aún mantengan un pulso poderoso "Los de siempre", pero cambio inexorable.
Cambio que pasa por un marchitamiento del bipartidismo, un auge de estos nuevos partidos, y una incógnita ante el papel que jugarán los partidos digamos menores en cuanto a votos (con una IU importante pero con un papel muy difícil y hasta incierto en este momento).
Yo apuesto por un diciembre para la historia, y aunque tengo claras preferencias (soy de izquierdas y me resisto a que ese concepto se de por "desfasado")  tanto Podemos como Ciudadanos suponen una nueva política para este país, desde espectros políticos diferentes (sobre todo en los apartados económicos y en las relaciones laborales trabajador/contratante) que dan un nuevo margen de opción al votante. Una nueva política desapegada de la transición, del franquismo (por supuesto) y del pasado más cercano que muestra un óxido irrecuperable, anclado.
Champán para brindar antes de Navidad.

10 octubre 2015

MAD MAX. FURIA EN LA CARRETERA, de George Miller.

Loco
Mad Max es un icono de la ciencia ficción, el más importante de la vertiente postapocalíptica. Yo, confieso, no tenía el menor interés en la saga. No había visto ni diez minutos de ninguna de las tres enregas que George Miller dirigió entre 1979 y 1985 –la 3ª codirigida con George Ogilvie– y el tema, la acción macarra post, me pilló en una edad en que o bien estaba demasiado verde para esas películas, o demasiado estupendo y pensando que castañas pilongas, pedantes y huecas como Birdy de Alan Parker eran el summun de la cultura cinematográfica.
Como sigo virgen cual doncella feudal en esa trilogía, no me pronuncio. Pero treinta años más tarde de la última ("Más allá de la cúpula del trueno") se estrena bajo la dirección del propio Miller una nueva entrega, "Fury Road", y todas las voces "sospechosas" afinaban sus trinos: obra maestra.
Esta semana me enfrenté a la película (visionado casero, no hubo lugar a escapada a la gran pantalla) y solo puedo decir una cosa.
BUM

Mad Max. Furia en la carretera es un canto al cine puro. Si el séptimo arte es imagen en movimiento ante todo, a la que ulteriormente podremos aplicar resortes de narrativa y contar alambicadas historias, esta carrera iracunda en constante fuga es una de las muestras más depuradas, intensas, indomadas y hermosas de cine que he visto en muchos años. Porque desde el primer fotograma hasta el cierre todo es poesía visual en la salvajada de Miller (que ojo, la rodó con 69 añitos, no con 26 eufóricas primaveras... aunque quién lo diría).
SINOPSIS. Una mujer, Imperator Furiosa, libera al harén de un sátrapa y se las lleva para concederles la ansiada libertad. El tirano se lanza, con toda su corte, a capturar al camión en el que se dan el piro con una caballería de tractocamiones. En la fuga atraviesan un mundo apocalíptico, desértico y hostil a la vida orgánica. Mad Max está en medio y ayuda a Furiosa. Se acabó, eso es todo. La chica, pues, no es meramente argumental y hay que buscarla en otros lugares. No hay profundidades psicológicas pero sí una potente construcción de personajes. Estamos ante una película que es cualquier cosa menos un contenedor vacío. Desde la exteriorización (muy David Lynch) del mal en el aspecto físico del tirano Immortan Joe hasta el discurso feminista o cuanto menos femenino de sus vestales en fuga, pasando por supuesto por ese nuevo icono cinematográfico que es Imperator Furiosa una Charlize Theron a la altura icónica del replicante Roy Batty en Blade Runner–, acabando en el propio Max, claro.
Furiosa

El personaje de Mad Max y cómo es planteado, por cierto, es otro acierto. Se convierte en secundario prácticamente, en testigo activo. Y Miller revela inteligencia fílmica en su presentación. Primero, con más pelo facial que un hippie vago, después, capturado y "aseado", anteponiendo al rostro del actor Tom Hardy una máscara a medio camino de un bozal y el contenedor de Hannibal Lecter. Finalmente sin intermedios entre su rostro y nosotros. Entre el nuevo rostro actoral de Max y el espectador Miller ha creado un juego de velos para que pasemos de identificar al icono de un modo abstracto, a asumir su nuevo rostro. Entra como un yeti sin cara, todo pelo (y enfocado desde detrás, además), luego está medio metraje semi-oculto por el arnés facial, pero vamos asumiendo sus rasgos a través del mismo, su mirada intensa, o sus gestos corporales, tan viscerales... y finalmente cuando, denodadamente logra deshacerse del bozal, bueno, es Max, lo sabemos, lo hemos estado masticando durante una hora, ya no hay otro rostro, ya no nos acordamos de Mel Gibson.
Es por detalles como este que la cinta solo es capaz de rayar a alturas de vértigo. Y sobre todo, lo dicho, por su poderío visual, por su capacidad de elevar al cine de acción muy por encima de cualquier otro producto del palo (hasta la magnífica traca final de Los Vengadores -2012- de  Joss Whedon palidecen ante esta bomba). La fuerza de las escenas que se engarzan sin respiro; los fundidos en negro sencillamente acongojantes, intensos, dilatando el tiempo y tensando al espectador; el poso de la más grande tradición genérica del cine norteamericano –el western, claro, está ahí, con John Ford a la cabeza–; la fotografía imponente; las actuaciones secas; los diálogos cortantes y telegráficos... nada falla, todo suma.
Carretera
Y añadimos la pirueta de un director que retoma su propio icono, que dormía el sueño de los justos, y lo logra resucitar sin que asome la duda de la oportunidad o la mercadotecnia: vista la cinta no te preguntas "porqué", ni "para qué". Es simplemente un acto de creación explosivo que no se parece a nada que se haga hoy pero que jugando con los códigos de la espectacularidad y la acción le da sopas con onda a todo lo que se hace hoy. Una película que brilla con tal intensidad supernova que oscurece a todo el cine del palo boddy action que le pueda rodear.
Mad Max, Furia en la carretera es una de las películas de la década.

PD: ¿más pistas de la genialidad de Fury Road? A Carlos Boyero, la empanadilla mediática del celuloide, no le ha gustado ni la ha entendido ("un mecanismo previsible, en el que los guionistas no han tenido que exprimirse mucho el cerebro intentando crear diálogos potentes, buscar matices, dotar de alma a los personajes" me parto el ojal con este hombre). Es la prueba del algodón definitiva, por supuesto.