31 diciembre 2016

Algo de música de 2016

Nada de listas, que tampoco me he vuelto loco a escuchar discos yo, este 2016. Pero por resumir qué me ha gustado o defraudado, venga post.

Los caballos ganadores han sido este año dos clásicos impepinables: por un lado el estremecedor Skeleton Tree de Nick Cave, forjado  a la sombra de la tragedia personal, ahumado con sonidos serenos pero de tristeza y solemnidad abrasivas. Un clásico en un particular apogeo que va a quedar como referente insalvable dentro de su ya larguísima carrera.
Y por otro lado el epitafio de David Bowie, Blackstar, una obra que además de ser histórica por lo que es, resulta que ha supuesto uno de los discos mayores del artista, a la altura de sus joyas clásicas: una kermesse de jazz experimental y sonoridades angustiosas, más cercano a los últimos Portishead o a Scott Walker, que a las radiofórmulas que en las últimas décadas nublaron su gusto. Cerró el telón y nos puso a todos de rodillas.
En ese podio solo ha conseguido entrar un cachorro (en el puesto uno, dos o tres, al gusto) Bon Iver, que se enredó con 22, A Million en un laberinto de creatividad tan absorbente como, quizá, moderniqui. Pero no es una modernidad sonora impostada, sino prueba de su capacidad para absorber lo que le rodea, tras colaborar con gente como Kanye West o James Blake.
Otro clásico rondó las palabras mayores con otro broche histórico. Michael Gira "clausura" su nueva etapa de Swans con The glowing man, completando lo que quedará como la más asombrosa, brutal y chamánica tetralogía de la historia del rock. Puede que como cuarto disco de su nueva etapa no nos sorprenda ya, pero entendidos los Swans del s. XXI como un work in progress es un a obra ineludible. Aquí más solemne y formalmente relajado (bueno... entre comillas), pero cualquier zigurat sonoro de estos Swans sigue transportándonos a una celebracion telúrica de apocalipsis y vida. Terroríficos y sanadores. E insobornables: con un éxito como jamás ha tenido Gira, decide que las cosas son lo que son y no deben alargarse. Swans no muere, pero se transformará en otra cosa, si queremos creer las declaraciones de su líder.
Angel Olsen hace rock clásico con un pié en el folk espectral y otro en la primera PJ Harvey, según el humor de cada canción de su fabulosos My Woman. Revelación en esta casa.
Y hacía mucho que el hardcore, o el postcore, no me sorprendía tanto como con el cuarto disco de Touché Amoré. Conceptual (surge tras la muerte de la madre del cantante, víctima de un cáncer), supura angustia verdadera, no se siente como mero ejercicio de estilo (que es lo que me estaba sacando del género, tanto screamo de postín... la gran diferencia del core y el metal, en general para mi gusto, pasa por lo que distancia las tripas del diafragma, pero lo que picoteaba últimamente de hardcore esa más técnico que regurgitado, para entendernos). Feroces, intensos y con un pie siempre entre la violencia y la melodía más accesible, Stage Four merece ser señalado como importante para el género.
Ruido guitarrero, psicodelia y melodía. Otra cosa que me gusta bastante. Este año han cubierto el cupo tres obras, curiosamente, dos de eelas de España. Ya que Mogwai están delicados últimamente, uno se ha lanzado de cabeza a Minor Victories, la súper bandaza compuesta por  Rachel Goswell (Slowdive), Stuart Braithwaite (Mogwai) y Justin Lockey (Editors). Trío de experiencia contrastada, entrega un producto (homónimo) estilizado, sugerente, primorosamente producido y que intersecciona la épica de Editors, el ruido evanescente y sensual de Slowdive y el toque cinemático con descarga de alto voltaje de Mogwai. Sin inventar nada demuestran estilazo y entregan varias canciones gloriosas.
Tampoco inventan nada Linda Guilala, pero su "angst" convertido en reflujo sónico para Psiconáutica es perfecto para quitarte el mono de Los Planetas, My Bloody Valentine o los primeros Silvania. Y al final la tarta en esto del ruido cafre se la llevan otra vez Triángulo de Amor Bizarro, la apisonadora gallega que en Salve discordia derivan hacia sonidos matizados (de New Order a psycho rock) sin perder un átomo de intensidad. Abrumadora cuarta lección bizarra.
No puedo decir que el de TAB sea "el mejor disco nacional" porque esa chorrada se la dejaré a quien haya escuchado mucha música nacional este año. Yo apenas me acerqué, a mayores, a lo nuevo de Espanto, que cuanto menos han parido una canción como un pepino de grande: "Atravesado por el rayo".
Y así entramos en confesiones: no he escuchado ni el último Cohen, ni el debut de la banda Whitney, Anohni o el último Radiohead, de los que canciones sueltas me han llamado mucho la atención.
Y puestos a confesar pequeñas decepciones, bien, parece que mi momento Animal Collecive ha pasado. Su Painting with no ofrece argumentos para decir que sea "malo": melodías primorosas y muy marcianas, sonidos subacuátcos imposibles, experimentación y accesibilidad... lo que sea: si el año pasado el último de Panda Bear no dejaba de sonar en mi cabeza, el de la banda completa creo que no ha llegado a reproducirse entero y del tirón nunca.
Y no defraudan, muy al contrario, ni Bob Mould, ni el retorno de Pixies. Mould, padre del cordero (del hadcore, del grunge, del indie rock, hasta del indie folk si tal existe y miramos a Workbook), sigue en la brecha con rock de alto voltaje. Pixies tras Indie Cindy (una mierda de disco, en plata) recuperan tono y no entregan autoparodias o discos de Frank Black. Ninguno de ambos, sin embargo, logra un peso, o da un paso que marque un momento especial para quedar como parte de lo más disfrutado en 2016 para quien esto firma. Alegres reencuentros, eso sí.

30 diciembre 2016

Sushi Go!

De mi visita a GrafMadrid, un evento fundamental en el asunto del cómic de autor, le traje a mi hijo de regalo (comprado en otro lugar, no en el salón del cómic, claro) el muy famoso (en su tienda de juegos más cercana) Sushi Go!
Que no deja de ser un juego de cartas como cualquier otro, aunque alegremente mineralizado para lucir diferente. Se trata de "juntar palos", en definitiva, aunque en vez de sotas, copas o bastos tienes sashimi, tempura o wasabi, y cada tipo de carta otorga una puntuación distinta según tu habilidad para hacer determinados agrupamientos de "palos".
A partir de ocho años y para dos a cinco jugadores, lo recomendable es completar esos cinco en la mesa, porque lo más atractivo de este juego es que una vez todos eligen una carta para quedársela en mesa, los jugadores pasan a su compañero de la izquierda sus manos. Lo cual se intuye simpático (solo he jugado a tres) pues convierte el juego en una prueba memorística (¿recordarás o no las manos que están jugando?)
Las catas son graciosas en su diseño, y el juego viene en una caja de lata la mar de chupi. En la red la encuentras por menos de diez euros, además.
Muy familiar, muy muy sencillito y simpático, muy para llevar en estas fechas encima siempre e intentar romper las dinámicas "cuñadas" de la navidad en las reuniones. Por ejemplo, y echarte unas risas con tíos y sobrinos, all together now, que cantaban aquellos hippies.

28 diciembre 2016

Carrie Fisher

En la freakscene se cansan de llorar "la muerte de Leia" y de alabar al icono. Como todos, ojo, porque ese personaje es importantísimo en la cultura popular del siglo XX y moldeó sin duda el nuevo papel de la mujer contemporánea superando modelos desfasados de antiguas historias de ciencia icción al suponer una protagonista activa, carismática, compleja (fuerte y dulce, valiente, recta...), importante en la saga cinematográfica más exitosa de la historia.
Pero el personaje no ha fallecido, lo ha hecho una mujer real, actriz desafiante, mujer también importante en la historia, mujer de carácter, sí.
Me ha gustado este anecdotario del temperamento indómito y lúcido de la actriz.

21 diciembre 2016

Playlist de autor: Pablo Ríos

Madre mía, hace más de un año que no le daba cancha a las "Playlist de autor".
Pues nadie (NADIE) mejor que Pablo Ríos para "reactivarlas".

De plena actualidad por la salida de su nuevo cómic (Presidente Trump, que Dios perdone a América, editado por Sapristi sapristinísimamente), en la red no pocas veces hace gala de su gusto musical, ecléctico pero muy definido. Era tentador para esta sección, y se prestó, lo cual agradezco infinito, a crear una playlist para esta sección que, espero, tendrá continuidad pronto, no en 2018.

Con todos ustedes, una playlist de autor, con la banda sonora que Pablo Ríos usó para dar forma a su nuevo cómic.
Trump la aprobaría. O no.



18 diciembre 2016

Juegos de mesa, ¿cosas de hombres?

Últimamente estoy entrando en varios foros de juegos de mesa (en unos seis o siete, pronto entenderéis la razón de tanta 'zambullida' en ese mundo) y me llama la atención la presencia minoritaria de mujeres en esta afición. Hasta he escuchado un podcast -conducido por hombres- en que el tema era ese, ¿porqué tan pocas mujeres juegan a juegos de mesa? (con explicaciones poco afortunadas, en ocasiones)
¿Son los juegos de tablero la enésima (e ilógica) "afición genérica"?

Mayoría silenciosa (Festival de Córdoba, vía Explorajuegos)
No lo entiendo ni veo por qué tendría que ser así, porque además hay  juegos y temas-de-juegos para cualquier gusto.
Más allá mi experiencia basada en la observación personal de foros, no he encontrado estadísticas o estudios de género asociados a los juegos de mesa. Sí, cuanto menos, unas declaraciones al respecto de Patricia Lérida, de la asociación onubense "Mentes hexagonadas" y miembro del jurado del Juego del año 2016 (para el blog Verne, de El País):
Son mundos más masculinos, sí, pero cada vez hay más mujeres. El rol o los war games son principalmente masculinos, pero es cuestión de tiempo que el número de jugadores por géneros sea del 50%.
Y aunque tampoco entiendo del todo porqué los juegos de recreación de battallas de nuestra historia o los de rol tienen que ser per se para varones, lo que parece es que sí,  efecivamente juegan más los hombres que las mujeres.
Puede que como en tantas cosas la cuestión sea deshacer de una vez el nudo gordiano que identifica el desplegado de un tablero con "cosas de frikis-minorías" o "divertimento testosterónico", pero la polularización paulatina de este sector posiblemente lo está logrando, poco a poco.

10 diciembre 2016

La fuga (de Colditz)

Me gusta la narrativa y por eso disfruto jugando a juegos de mesa, porque a menudo lo son. Contenedores de historias, digo

Es algo diferente a leer una novela, ver una película o leer un cómic. Se trata de una narración maleada en tiempo real y en primera persona (con la colaboración de terceras voces también en directo), sobre una estructura dada (un tema, un entorno, unas reglas o mecánicas...). Cuando termina la partida, un buen juego te deja cavilando sobre "lo que ha pasado". Los acontecimientos y sus causas, el comportamiento de los demás peones ajenos a tu voluntad (esto es, los de los demás jugadores), y todo junto te ha ofrecido, cuando termina la timba, una historia de la que queda como constancia el final, desplegado en un tablero.
Comienza la historia: mueve.

Un juego de mesa, una partida, es la historia más volátil que se me puede ocurrir, salvo quizá la improvisación teatral, pues como esta no deja constancia una vez ejecutada, tiene un camino indefinido y cuando termina de ser contada, sencillamente se hace tabula rasa. La siguiente partida al mismo juego generará una historia diferente.
Hace un par de días me escapé del campo de concentración. Soldados ingleses de Colditz.
Prisioneros en el castillo de Colditz durante la II GM, 
Uno de ellos lo consiguió ayudándose de cuerdas para saltar muros. Fue sagaz, se movió por las estancias del campo como si estuviese buscando materiales (que ya habían sido cosechados), sin levantar sospechas entre los soldados nazis. Y cuando vio la oportunidad, comprobó que no había soldados alemanes cerca y se lanzó a la fuga. Antes, un compañero fue capturado. Otro, abatido a tiros.
Intento de fuga
No es un medio expresivo artístico. Es un juego, de diseño más o menos elegante en cuanto a materiales e lustraciones (mi copia es añeja) y más o menos acertado en sus mecánicas (como juego, es desnivelado el peso del nazi frente al de los prisioneros, esa premisa hay que aceptarla... y es un juego de mucha suerte, los dados tienen peso). Es vibrante porque es contra reloj.
Y es un clásico creado en 1973.
Se llama La fuga de Colditz. Le tengo mucho cariño porque es el primer juego de mesa "sofisticado" que me regalaron, allá por el 82/84. No lo volvía a jugar desde los ochenta, hasta que mi hijo tuvo (tiene) edad. Y como soy de conservar bien las cosas, así ha vuelto a la vida, emergiendo de un armario en el que hibernaba.

No es el mejor juego del mundo, pero tras tantos años compruebo que conserva emoción en las partidas (la cuenta atrás de su tiempo de juego previamente pactado, el hacerte con equipos de fuga, el momento en que por fin alguien se evade...), y que contiene varios elementos tan sencillos como eficaces (las tarjetas del alemán, verdaderos dolores de cabeza, la posibilidad de echar del cuarto de juegos al jugador "nazi" para coordinar un plan de fuga...).
Por cierto, hay una elegante y remozada versión en el mercado que quizá haya retocado las reglas:

05 diciembre 2016

Kickstater de ilustración

Bernat Moreno ha tenido a bien contactar conmigo para comentarme su proyecto de micromecenazgo, que os muestro por aquí:
https://www.kickstarter.com/projects/bernatmoreno/big-star-series-art

01 diciembre 2016

Viva Suecia - A dónde ir y qué es el rock

Los desconocía totalmente, los escuché hoy en Radio 3 y me lié a "descubrir" a Viva Suecia. De paso descubrí a Odio París, dos bandas con nombres relativamente similares (aunque opuestos) que abreban del indie rock de los noventa sin rubor y entregan cosas interesantes. Otro día hablaré de París, que me parecen superiores a Suecia, pero hoy me interesa traer a los del Viva y no a los del Odio.
Me explico. ¿No os pasa esto también a vosotros? A mí me da por pensar que el rock que tiene más de un lustro de vida es para señores mayores, espeleólogos musicales. Porque el rock cuando se es joven debería ser actualidad, vida, un cantante rompiéndote la cabeza con ese verso justo que sientes como si te lo estuviera silbando , o gritando, justo a ti. Y además, calentito, recién salido del horno. Las clases magistrales mejor mañana.
Los Planetas fueron mi grupo en ese sentido allá por 1994, cuando mi yo veinteañero se dejaba seducir por sus versos breves pero exactos ("Si todo está tan bien porqué duele así por dentro") y mecer por guitarras como lanzallamas ("De viaje"; menudo arranque de un disco). Sin técnica, con pasión. Sin solos, sin afinación, con una capacidad (indudable) para cantar cosas que con 15, 20, 25 años te emocionan. A veces, cosas peligrosas, de hecho.
Viva Suecia no son tan buenos como aquellos Planetas de Super 8. Se acercan a ellos bastante (en melodías, en inflexiones vocales, en el gusto por la distorsión) pero también se escoran hacia un mainstream más "apto", tipo Love of Lesbian y Vetusta Morla. Creo que son referentes respetables, no son grupos "monguer" y mantienen cierto grado de decencia dentro de una música para las masas. Veremos con el tiempo hacia qué lado se escoran.
Pero lo que no puedo dejar de pensar cada ve que escucho este tema (clic abajo) es que si me pilla con quince años se convierten automáticamente en mi grupo de cabecera, porque esas letras, así algo derrotistas, algo efectistas también, son de las que consiguen ese retrato generacional. No ha habido muchos grupos que hayan recogido ese testigo donde lo dejaron los de "Nuevas sensaciones". Quizá el siglo XXI haya sido demasiado cínico en términos generales para el "angst".
Atenderé a Suecia, aunque solo sea para desafiar a este ya perenne dolor de cervicales que me recuerda que no podré emocionarme nunca como entonces.

27 noviembre 2016

Fidel Castro y el magnetismo

Recordemos la sintonía de los polos opuestos (en lo personal, no en las ideas políticas, evidentemente) para decirlo otra vez. Una figura histórica de la importancia de Fidel Castro está conformada con luces y sombras. Unos piensan que pesan más las luces, otros, las sombras. Sostener que no tiene de unas o de otras es históricamente, digo desde la ciencia histórica (historia social, económica, política...), un análisis incorrecto. Leyendo algún diario cualquiera sostendría lo contrario.
"Y no tengo más que decir" (citando a Manuel Fraga).

25 noviembre 2016

Expediente Warren I y II


Me he dejado llevar y he visto las dos películas (vendrán más, habemus saga) de Expediente Waren. La sensación final es agridulce.
Vamos con lo dulce. Los mejores momentos de ambas cintas, y son muchos, pasan por la mirada hacia un terror que palpita en lo cotidiano. Mejor aún en la 2ª, el Caso Enfield, porque se desarrolla en la cara más dañada de la Inglaterra de los últimos setenta. Una mujer separada con hijos a cargo pero sin una economía para mantenerlos sin apreturas, y una casa adosada pequeña, vieja y en un estado de conservación cuanto menos crítico, son los mimbres sobre los que se instala el terror. Uno que juega con la duermevela hábilmente, un horror ante cosas que no se sabe muy bien si son o no son. Nada más aterrador que la duda. Una mecedora, una tienda de campaña instalada por el hijo pequeño en el pasillo... cosas normales que dejan de serlo. Lo mismo sucede con la primera parte, aunque entonces la reversión pasa por convertir una casa más o menos idílica, campestre y bastante "de luxe", en un lugar pesadillesco.
Todo lo que atañe a esa perversión de la realidad por la vía del poltergeist menos spielbergizado está a mi juicio muy conseguido. Te clava, vamos, al asiento. Sobran efectismos de grito fácil, pero si el terror es ambiente, aquí lo hay. En ambas.

Vamos ahora con el limón agrio. Si tenemos los cimientos tan bien armados, ¿porqué introducir a los Warren -matrimonio real que se dedicaba a estas cosas, purgar casas poseídas, investigar fantasmas...- como una suerte de pareja angélica, y no acentuar las dobleces de todo el asunto? Cabría la representación del matrimonio del misterio y su entorno con mayor ambigüedad, y dejar los asuntos paranormales en la tierra (muy tenebrosa, por otro lado) de la duda, lo no resuelto del todo. Pero no: Los Warren son los John Constantine de la vida real, los magos buenos que enfrentan a demonios venidos a la tierra, escapados del infierno, a tocarle las pestañas a una niña pequeña en una casa chunga de barrio pobre. We could be heroes, que cantaba el Duque Blanco...
En esta contemplación casi hagiográfica de los cazafantasmas reposa otra debilidad, a mi entender, de ambas cintas. Como esto va de glorificar a los investigadores de lo oculto y presentarlos como no-fraude sin medias tintas, los casos devienen en la ficción verdaderas demostraciones de lo paranormal y lo maligno/arcano en la tierra. Hacer explícitos a los espíritus, fantasmas y demonios, me ha parecido francamente limitadito. Más aún cuando el terrible demonio, en fin, se parece más a Marilyn Manson disfrazado de Sor Citroën que a una criatura del Infierno.
Y la irrupción explícita de lo paranormal está rodada con demasiado ruido, ganas de ser ampuloso, terroríicamente enolado. Sin demasiadas barbaridades, no resulte que al final nos salga algo gore y nos tachen la cinta de sectarismo freak, no... esto es mucho miedo, pero "para todos". Mass media horror film.

Pero bueno, quedémonos con todo lo bueno que me ha dado el díptico. El verismo enrarecido, la cámara descriptiva, la música, el sonido diegético, el crescendo de lo paranormal en espacios anodinos que mutan en laberintos para el terror crudo. Ahí está la chicha de ambas películas, y donde merece la pena disfrutar. Entre comillas.
El trailer dice bastante del tono y del mal rollo que aporta lo mejor de ambas películas. Play, gente, dadle al play, pero antes apagad las luces.

24 noviembre 2016

Angel Olsen plays "Shut Up Kiss Me" on the Late Show with Stephen Colbert

Uno de los discos que están escalando bien por esta casa es My Woman de Angel Olsen.



En principio me desconcertaba lo claramente bipolar del invento, con una primera parte recia y una segunda más medio tiempo que no me calaba tan bien. Quizá por venir de una montaña rusa de adrenalina, uno tras la tormenta no siempre quiere la calma.
Pero las escuchas insistentes ofrecen un nuevo veredicto. La calma solariega es una bendición y la cruz de la moneda completa, una jugada perfecta para comprender al personaje que interpreta (¿es?) Olsen. Fuerte y sensible al tiempo.
Su voz grave y una producción que potencia cierto aire "goth" redondean un trabajo que, como dicen los angloparlantes, es realmente un grower. Difícil no aguantar la primera embestida (que no ferocidad, esto es rock de raíces, no grindcore) de "Shut up kiss me", "Not gona kill you" o "Sister".
Y la zona soft se demuestra en unas pocas escuchas atentas sensual, elegante y sensible (como sensible es la rabia destilada por los temas más venenosos, ojo). "Those were the days" podría adaptarla a su cancionero Sade o incluso los primeros Portishead,"pops" cierra con algodón, pianos lejanos y el especial plañir de una artista a retener. No la conocía, ya no la olvido.

20 noviembre 2016

Construir líneas ferroviarias en familia

Mi bisabuelo fue un industrial de principios de siglo que tuvo negocios con la primera compañía ferroviaria nacional o eso me ha dicho mi santa madre. La cosa ha venido a más y ahora estoy manejando líneas ferroviarias a nivel continental. Europa es mía.
Aunque sea en un juego de mesa :/

Aventureros al tren: Europa es un juego de tablero familiar. Familiar en el sentido absoluto y nada despreciativo de la palabra: un juego de los de "motor de cartas" (esto es, no va por dados sino por turnos consecutivos en los que actúas según la baraja que tienes en mano, con cartas que te dan la posibilidad de "mover"). Una mecánica sencillísima, más sencilla que el Monopoly si me despisto, y desde luego más activo, más táctico, con mayor peso de las decisiones más o menos aleatorias o ponderadas que uno toma sobre el tablero.
Por otro lado ofrece ciertas y muy golosas posibilidades.
La cuestión consiste en completar trayectos añadiendo a trazados ya dibujados sobre el tablero tus trenecitos de plástico, "compleando rutas" entre ciudades. El gran momento ARG! viene cuando un contrincante se apodera de tu trayecto ya conseguido... añadiendo una figurita que es la estación ante tus vagones.
Otro momento álgido es el de robar cartas, ya que estando algunas expuestas, pueden robarte delante de tus hinchadas narices justo esa carta que querías para completar un trayecto entre dos ciudades que necesitas SÍ O SÍ para cumplir un objetivo.
1: pilla cartas

2: ¡Construye rutas con tus trenes antes de que te la manguen!
(para completar rutas, usa tus cartas)

3: Apodrérate de una línea enemiga calzándole una de tus estaciones.

Vale, leído parece un mon dieu! muy tocho, pero realmente insisto: la dificultad de Pasajeros al tren es menor que la del chinchón. Hablamos de un juego que entiende un niño de ocho años y que entretiene a su padre y a su abuelo. Una partida puede durar no más de una hora, normalmente unos treinta minutos. Es ligero, rápido e incluso vibrante.
El único pero, si acaso, es que aunque es perfectamente jugable entre dos, pierde. Pierde porque digamos, ambos caben perfectamente en el mapa europeo. No hay demasiados problemas, nadie te roba esa ruta que tú querías para ti, no es necesario usar estaciones roba-trayectos... no hay roce, vamos, y se echa de menos. Es ameno incluso jugado a dos, por el gustirrinín que nos da completar rutas con nuestros vagoncitos de colores por el mapa del Viejo Continente... pero cuantos más jueguen, mejor, pues más difícil resultará conseguir cartas y completar rutas, o antes te las roban. Ergo: a más jugando, más "chocas" con otros jugadores... lo cual es la salsa de todo juego, para qué engañarnos.
Yo ya he jugado al Aventureros a cuatro, y espero hacerlo algún día a cinco.
La cosa es así:

07 noviembre 2016

IGGY POP Lust for life (1977)

La Iguana y el Duque Blanco, o Zigy o quien quiera ser David Bowie. Iggy recuperado para la historia, Iggy en Berlín. Baterías como puños, bajos percutientes, guitarras aceradas, la sierra vocal de Pop. Coros de Bowie, que aporta también pianos y que produce y se nota.
Lust. Batido de estilos (blues bastante presente) para lacuar rock. Rock, esto es rock.
CANCIONACA, bueno, claro, La Canción:

30 octubre 2016

Reflexiones a partir de La Matanza de Texas

El cine nació asociado al pavor.
Cuando en una de las primeras sesiones cinematográficas de los hermanos Lumière en la sala de un café parisino se proyectó, en 1896,  Llegada del tren a la estación de La Ciotat (film que registraba al tren de vapor acercándose por la vía hacia el primer plano, al llegar a su parada), los espectadores se levantaron despavoridos, huyendo de aquella locomotora que se les echaba encima.
El cine es el arte de los sentidos, y por tanto, el más idóneo para provocar miedo puro. Te cagas viendo El Exorcista de un modo que no te provoca la novela ni un cómic, por citar otros medios narrativos.
La matanza de Texas es un clásico indiscutible del género, que definió, de hecho, un subgénero, el slasher, que apela con saña a lo menos cómodo en nuestro ánimo. Aquello del terror de asesino psicópta ya tenía recorrido (Psycho sin ir más lejos) pero lo que resulta atractivo de la cinta de Tob Hopper es la precariedad, el espíritu de transgresión off-cinema, exploitation, las ganas y el rodar con pocos medios y tirando de imaginación.
Aberrante, y sin embargo elíptica (o bastante elíptica, al menos), la Matanza es además una buena muestra de ese cine que desde lo bruto, si se rasca, presenta más sofisticación de lo que aparente. Porque en fin, esta película sobre un grupo de jóvenes blancos del post- hippismo que acaban en las manos de una familia psicópata y caníbal guarda relación con su entono (el cine blaxploitation triunfaba en aquella época, por ejemplo) y ofrece una lectura social. Hay de fondo una crítica hacia el sueño americano, potencia el concepto de white trash y hasta puede leerse en clave feminista (muy por los pelos) en tanto que, y ahora toca soltar un spoiler respecto a una peli de 41 años, quien sobrevive al final es una mujer.

La agresiva mirada a los EE UU es obvia, no hablamos de un cine de finuras... a ver, que el malo es este...

Pero cumple su función de bofetada tanto a los sentidos (lo dantesco) como al intelecto (la crítica social). Y por otro lado es innegable la capacidad de turbar que tiene Hopper (la fiura de "el abuelo", una especie de Nosferatu más muerto que vivo; la habitación recargada de esqueletos y huesos con una gallina viva encerrada en una pajarera; por supuesto, la máscara de cuero...)
Luego, sobrevino la explotación del icono en secuelas, que no me interesa demasiado.
Antes del circo, esta cinta, valiosísima piedra angular del terror, que ayer emitieron en Localia Vigo, zampándose en este Halloween a toda la programación nacional (bueno, en La Sexta salía Eduardo Inda, asco y miedo, a palas)

21 octubre 2016

1775, juego de guerra... ¿para niños?

Tras tantear varios juegos de tablero familiares con lo que poder jugar con mi hijo, me autoimpuse un reto, de un modo insensato, si duda. Recordaba de mi juventud las mecánicas de los juegos de guerra gracias a Duelo de las Águilas, juegos espesos, difíciles, de partidas sin duda adictivas una vez dominadas las mecánicas del juego. Pero ese terreno no es para niños. Son reglas exigentes, con excepciones numerosas, con tablas a las que hay que acudir cada dos por tres... hasta a mí se me hacen, hoy, un poco cuesta arriba. Existe una enorme gama de juegos de mesa para chavales, pero suelen ser "alemanes", esto es, de diseño pimpante, y en los que el marco de referencia importa poco. Un Carcassonne puede desarrollarse en un pueblo francés medieval auténtico, pero Francia y el medievo son totalmente circunstanciales frente a las mecánicas del juego (o eso dicen). Un juego de guerra se basa principalmente en unos acontecimientos históricos concretos (una batalla, una guerra...) que son la médula espinal del juego y sus características. Esto es muy interesante y hasta educativo. Así que me pregunté un día: ¿habrá en el mercado actual algún juego de guerra "blando", un wargame puro y duro pero con mecánicas asequibles a infantes? Bueno, hubo uno, Memoir' 44, descatalogado, imposible de conseguir si no es en inglés o mareándote por las tiendas de segunda mano on line, paso. Además se dice que es demasiado sencillo.
Y entonces descubrí 1775, La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, en edición integral en español y recomendado a partir de los diez años.


Había que probar.


(Sí, esta foto es de mi casa, cotillas)
No voy a explicar aquí el juego y sus reglas, para eso mejor te buscas un blog o un you tube especializado en juegos, o te descargas las instrucciones que seguro que andan por ahí. Decir, sí, que el asunto trata de las batallas por la independencia de los EE UU, en la costa atlántica, respetando el mapa colonial. Entre cuatro y dos jugadores lidiarán con los ejércitos de regulares británicos (cubitos rojos), lealistas británicos (cubitos amarillos), regulares continentales americanos (cubitos azules), patriotas americanos (cubitos blancos), hessianos alemanes (cubitos naranjas), regulares franceses (cubitos morados) y nativos americanos (cubitos verdes). Con todos ellos se puede formar un fabuloso totum revolutum de tácticas, movimientos estratégicos, batallas a dadazos con muertes y huidas, y conquistas de territorios. Una partida puede durar entre media hora larga y dos horitas, dado qeu hay arios posibles escenarios (desde la partida principiante a una partida para expertos)
Aquí van algunas fotos de una partida.

1: tenemos tropas por el mapa.


2: Movemos tropas por el mapa
3: Se prepara el pifostio para una bartalla

Bueno, pues de las pocas partidas que llevo tengo alguna conclusión: el juego es divertido, mucho. Es sencillo aunque quizá para un chaval de diez aún resulte durillo (mejor que se acople a papi o mami como apoyo) pero no imposible (si finalmente quiere jugar, en dos o tres partidas podrá manejarse... no jugar bien, por el componente táctico del juego, pero jugará). Para jugar cuatro adultos me parece excelente y fácil de convencer a colegas que no tienen costumbre de juegos de mesa, porque como juego adulto es de reglamento sencillito y desarrollo con mucha chicha.
Y respecto a lo matérico: la calidad es enorme, un juego con un tablero precioso...


..y sólido (nada de cartoncito y cuidadín que se dobla, esto es cartón duro); con fichas de madera como ya hemos visto por algunas fotos de arriba, con indicadores de conquista en cartón identificando los dos bandos con bonitas banderas; con unos dados que son un lujete; y desplegando unas tarjetas elegantes y didácticas (que son importantísimas para el jugador, para empezar porque son las que te otorgan movimientos para tus tropas).
Te conquisto con mis fichas

Cubos y dados, tropas y sus acciones.

El as en la manga: avanzar, navegar...
En un juego de mesa, como en un cómic bien editado o en un vinilo cuidado, todas estas cuestiones materiales son importantes: peso, tacto, consistencia, presencia (lo gráfico), hasta el olor si se quiere, todos juntos suman puntos, y son parte del encanto, qué porras. Para desplegar tableros y dados de mierda busco mi Monopoli cuñao, ¿no?
En el cruce de una belleza material y una excelencia en el diseño del juego en sí, encontramos el equilibrio de un buen juego. Y este, si lo que quieres es un "wagrame" ligero pero no idiota, es, yo creo, perfecto.

Otro aliciente es, a posteriori, ahondar en la época histórica reflejada: literatura, cine, cómic, documentales y por supuesto ensayos varios tendrás para elegir.

Y por último, veamos una partida comprimida en un minuto tres segundos (no es mía, ¿eh? :D)

10 octubre 2016

PIXIES , Head Carrier

Pixies llegaron en el momento bisagra de un cambio de década (finales de los ochenta) y de un pulso al panorama musical tomando las enseñanza de Hüsker Dü, Dinosaur Jr, e incluso los Sonic Youth más melódicos, para testar y ampliar las posibilidades de una música nacida en catacumbas underground pero con potencial melódico. Pixies entregaron en los ochenta volcanes en erupción sin perder pie con la tierra, enlazando melodías sixties de ensueño con un sentido de la agresividad extremo, "stooguiano", en canciones como balas llenas de un especial humor casi infantil, caprichoso y marciano. Si quitamos este deje surrealista en la música de Black Francis (voz, guitaras), David Lowering (percusión), Joey Santiago (guitarra) y Kim Deal (bajo y voces), todo su caudal en realidad era muy aprovechable para el maistream. Así se demostró con el fenómeno Nirvana y posteriormente con bandas menos masivas, pero con su momento de gloria como Weezer, o con calcos desvergonzados como "Song 2" de Blur, que hizo radiofórmula del "toque pixie" (por cierto ¿qué es un Pixie?)
En cinco años Pixies lanzaron cinco discos, todos memorables ("Sufer Rosa" y "Doolittle", sin duda ya clásicos de la historia del rock). Y se disolvieron antes de poder dar réplica a míster Kobain y llevarse la gloria mediática que por derecho les correspondía (porque además Pixies eran infinitamente mejores que Nirvana).
Kim Deal potenció su banda paralela The Breeders, Black Francis se hizo llamar Frank Black y se estableció con una carrera tan prolífica como irregular (con sus momentos de brillo), Joey Santiago colaboró con el vocalista y líder de Pixies pero también formo The Martinis con Lowering y en fin, la vida siguió por los derroteros de cada cual.
Luego la banda, en el siglo XXI, se reunió para girar, conciertos en los que fueron recibidos en olor de multitud, y después, entre 2013 y 14, sacaron tres maxis sin título ("EP1", "2" y "3") , que reunirían en un LP, "Indie Cindy ". Como retorno me pareció un fiasco, un montón de canciones deslabazadas que olían más a los caprichos de Black en solitario que al caparazón "pixiano". Además, la carismática bajista abandonaba la banda antes de que se metieran a grabar esos maxis. Todo parecía indicar que el retorno de la banda sería de los más tristes de la historia del rock, dada la distancia entre sus logros de juventud y los de aquel álbum.
Y en 2015 se anuncia nuevo disco: el grupo, con Paz Lenchantin como bajista fija (ex Zwan y ex A Perfect Circle), se encierran a crear y grapar un LP.
Pixies en Paz.

Y "Head Carrier", sorpresa, levanta el vuelo. Se podría decir que eso no era algo precisamente difícil tras "Indie Cindy ", pero el vuelo es elevado, seguro, y el aleteo muy reconocible. Y pone a Pixies en un lugar bien visible en el presente. En Rockdelux Black Francis declaraba en 1991, entrevistado a propósito de su recién estrenado "Bossanova": "hay dos lados en nuestra música, como en cualquiera. Uno rockero y otro soñador, y creo que nosotros tenemos el deber de explorar ambos. Nuestro próximo disco es duro [y efectivamente Trompe le monde lo fue, correoso y sulfúrico], pero el siguiente será totalmente surf (y hace un gesto de volar con las manos)." Es curioso que la escucha de "Head Carrier" me ha traído a la memoria aquellas declaraciones. Si hacemos caso omiso a "Indie Cindy ", este nuevo disco responde perfectamente a aquella declaración.
"Como decíamos ayer..." las canciones de los nuevos Pixies son relajadas, dulces aunque atravesadas por la guitarra aún afilada de Joey Santiago. Muy tarareables, y en pocas ocasiones despiertan al dragón ("Baal's back" desinfla "Rock Music" -de "Bossanova"- pero todavía araña; "Um Chagga lagga" es histérica y loca como "Manta Ray"). Se reconoce en estos doce cortes el sello: temas breves, directos, con una lírica extravagante trufada de citas bíblicas, con ángel melódico y pulso de hierro (Lowering sigue potente) y Paz suple la dulzura de Kim Deal hasta no echarla de menos. De hecho, canta maravillosamente bien una de las joyas del disco: "All I think about", con letra conciliadora dedicada a Kim y que en su riff y coros reposan ecos (no se puede hablar de autoplagio, creo que es todo más complejo) de "Where is my mind", posiblemente su primera canción de referencia (búscala en "Surfer Rosa").
Pixies fue la mejor banda de rock del mundo. Pero, ay, eso sucede en un determinado momento y las causas son internas (la propia excelencia) y externas (el momento en sí mismo, la originalidad frente a lo que rodea; y el impacto sobre el futuro, aquello de crea escuela). Todo esto se repetirá porque es imposible que se repita lo que ya ha sido, así que lo que hay que pedir a "la mejor banda de rock del mundo" es que su nueva aventura se mire con dignidad en su propio legado. "Indie Cindy " apartaba la mirada. "Head Carrier" guiña sin titubeos a "Surfer Rosa " (lo vimos ya), a los momentos dulces de su discografía clásica como "Here comes your man" (de "Doolittle") o "Dig for fire" (de "Bossanova"), y hasta al sonido voluptuoso de "Trompe le monde" en temas como "Oona".
Seamos cursis para terminar: Pixies han recuperado el duende.

06 octubre 2016

Grimes X HANA - The AC!D Reign Chronicles {Director's Cut} [Official Video]

Brutal: Grimes, la más comercial y (al tiempo) vanguardista artista del momento, se saca de la manga (ayer mismo lo ha subido) un "videoclip" de casi 40 minutos grabado con MÓVILES en magníficos entornos que ha descubierto en su gira europea. El asunto aglutina material exquisito: cuatro vídeos con temas que la canadiense incluía en su último álbum, "Art Angels" (2015), "Butterfly", "World Princess Part II", "SCREAM" y "Belly of The Beat", a los que se añaden otros tres incluidos en el EP de su acompañante en el tour, la californiana HANA: "Underwater", "Chimera" y "Avalanche"
Va camino a Emperatriz pop del nuevo siglo...

BOB MOULD Patch the sky

El nuevo de Bob Mould. Ay. Con la regularidad con la que saca discos Mould, con su férreo libro de estilo siempre firme en cada nueva obra (rock de alto voltaje con kilopondios melódicos y angst personal en la lírica) y con una media de calidad que hace tres décadas que me hace decir lo mismo ("Mould es mark of quality contorl aproved") resuklta difícil no permutar críticas del ex Hüsker Dü con cada nuevo lanzamiento. De hecho lleva una trilogía que, en el ecuador de la cincuentena, lo vuelve a colocar en el punto de mira como o lo estaba desde los años de Sugar. Silver Age inauguraba fornido esta nueva edad (de plata, el oro sería Sugar y los ) que rubricó con más tranquilidad Beauty and ruin (una de las mejores portadas de los últimos años, con el Mould actual viendo su reflejo en un espejo que le devuelve al Mould de los ochenta). "Patch the sky" vuelve a acelerar, lanzado cuesta abajo sin miedo. Si vamos a caernos, y la música de mouls gira alrededor de su constante existencialismo cenizo, que sea montando ruido. El de esa guitarra marca  de la casa, el del formato trío que ha consolidado desdde "Silver age" acompañado por el bajista Jason Narducy y el batería Jon Wurster.
Por lo demás, citaremos canciones pero da lo mismo. ¿Te gusta la marca Mould?¿Te gusta el roch a todo volumen, recio y clásico con gusto por la fuga hardcore ("Hands are tied" dispara, acierta y se da a la fuga en 1'44 minutos). Hay momentos más acústicos, hay pantanos de ruido al estilo "Slick" (del debut de Sugar, disco que si no conoces, debes hacerlo) y bueno, falta la capacidad de sorprender. Aunque a estas alturas ya nadie se la pide, la verdad.
Y bueno, una tontería, pero no puede dejar de hacerme gracia el aspecto de profe bonachón de instituto de Bob Mould,

Que obviamente contrasta con su música, pura fibra

25 septiembre 2016

¿El Octavio wargamero?

No. No, no no no. Ya tengo yo suficiente con devorar música, cine (cada vez menos) y (sobre todo) cómics para liarme la manta a la cabeza con otra.
Pero la verdad es que yo he tenido una época, hace muchos años, en la que me reunía con dos o tres amigos para jugar a Civilización, a El Duelo de las Águilas (1940 La Batalla de Inglaterra) o el más duro de los juegos de mesa que haya practicado, el Maquiavelo.
Afición moderada, pero sin duda apreciada, y que pasado el día (los tiempos de estudiante de Historia) pasó la romería... Hasta que fui padre y comí huevos. Con el crecimiento de "Punchito" (ah, siempre se llamará así en las redes, en honor a mi añejo nik "señor Punch") me volví a interesar en las bondades de los jugos de mesa, porqueeee:

  1. Son entretenidos, 
  2. incentivan al intelecto del niño, 
  3. son grupales (los hay solitarios, pero eh, hablo de algo beneficioso para un niño, así que jugamos a juegos de dos o más) 
  4. Educan (si juegas por ej. un juego sobre el Imperio Romano... oye, pues eso que te va quedando).
  5. ... y son bonitos.

Bonito es

Bonito es part II

Aquí una reseña que he escrito del que más me gusta de esta partida de "juegos para toda la familia" (de los cuatro que he comprado al crío).

Y bien, también he rescatado mi añejo La fuga de Colditz, con el que jugamos en casa alguna vez (el "alguna" es importante, no somos gamers, verdaderos jugones). La fuga es un juego cooperativo (jugadores que deben unir sus fuerzas para lograr los objetivos) y temático, de simulación, pues trata hechos verídicos, la evasión de soldados aliados, de un castillo-campo de concentración de máxima seguridad. Un jugador será el alemán, los restantes, comandarán equipos por nacionalidades (soldados americanos, franceses...). Es un juego en teoría para mayores de doce años por su complejidad.

Y como el chaval va para diez y al Colditz juega perfectamente, he decidido empezar a mirar otros juegos. Alguno caerá en el cumple.
El caso es que buceando en mi búsqueda he encontrado un universo enorme, donde la actividad abunda:
He encontrado blogs muy activos, como Club de estrategia, centrado en los juegos bélicos, o Ethelberto, monje y guerrero (sí, el nombre... pero se trata de un blog interesante, donde se habla de todo un poco, abierto a todo tipo de variante de boardgame y con post largos sobre estrategias, partidas, críticas etc.). Hay muchísimos más, no se trata de revistas profesionales, sino de iniciativas amateur de gente con mucha práctica en juegos nada más (y nada menos), pero sí suponen buenos puntos para investigar la actualidad de los juegos de tablero.
Aunque yo, dado el componente visual y dinámico que supone un juego, prefiero perderme en You Tube. Hay muchos youtubbers, algunos muy profesionalizados, con canales repletos de secciones como Análisis parálisis, o depedientes de tiendas como Zacatrus. Mi favorito es Éxito crítico, una delicia que se trabajan un matrimonio y que, centrado en los juegos más familiares, despliegan un espíritu lúdico, muy cómico y nada freak. No encontrarás en Éxito crítico mi entradillas de solos de guitarra metaleros, , ni escenarios con fondos de librería recargada de juegos, ni presentadores con camisetas ad hoc.
No en Éxito Crítico


El matrimonio (y sus circunstancias: un embarazo, la paternidad y maternidad, la visita mavideña a los suegros...) articulan una delicia de "serie", con capítulos de media horita como mucho, que tiene por principal cometido el animar a "no jugones" a intentarlo más allá del parchís y los naipes clásicos. Por eso, claro, su campo es el juego de mesa más familiar, el eurogame (tú sigue, sigue leyendo para ver qué demonios es eso).
Que lo primero que esta pareja haya subido sea algo tan fresco como este vídeo os da idea de sus bondades:



Si eres más de juegos de guerra históricos, también hay cosas en el tubo, sí.

¿Y al final qué demonios puedes descubrir si te adentras en el "board-mundo"? Lo que me he encontrado en esta búsqueda es de vértigo, una realidad paralela que da sopas con honda incluso al "inner world" del manga, en su cantidad de tecnicismos: white trash, muevecubos, juegos de bloques, análisis parálisis, motor de cartas... ¡hasta encontré un diccionario de términos (donde saber qué sinifica eso de eurogame que os dije antes)!.

¿Y para qué tanta búsqueda, os decía? Decidido a implementar en casa la afición, he buscado juegos ya un poco más sesudos que el fantástico y loquísimo Camel Up. Tengo uno en la recámara que caerá en el cumple. Es un todoterreno que, dicen las fuentes, es buenísimo, sencillo y atractivo para toda la familia, incluida aquella que nunca ha desplegado otro tablero que el del Monopoli y la Oca en su vida. ¿Caballito ganador? Ya lo contaré.
Pero subo apuesta y lo que me he propuesto es introducir al chico (si le gusta la idea, si no, no soy un padre que guste de proyectarse en su vástago sí o sí, pasaremos a otra cosa) en los "wargames". Los juegos de guerra que decíamos nosotros hace veinte años.
Los wargames, del inglés war (guerra) y game (juego), son juegos de mesa y tablero, que, como explica el diccionario que antes comentaba, "recrean un enfrentamiento armado de cualquier nivel - táctico, operacional o estratégico- mediante reglas que simulan la tecnología, estrategia y organización militar usada en cualquier entorno histórico o fantástico". Como os he dicho antes, yo conozco uno, sobre las batallas aéreas entre Alemania y Gran Bretaña en el canal de la Mancha durante la II GM. Generalmente este tipo de juegos son games arduos, complejos tanto en su aprendizaje como en su jugabilidad, que puede para una sola partida alargarse durante días. Se suele decir que la exigencia es el camio a la excelencia, pero la verdad es que entrar en este mundo es complejo. Esto asusta, aunque pueda también atraer, al neófito:
Diez horas largas jugando al Paths Of Glory
Pero claro, ante una industria tan grande (hay varios editores, muchisimos juegos) está todo previsto y he ido descubriendo wargames sencillitos para irnos introduciendo poco a poco y piano piano. Bueno, el Risk, para según algunos, sería uno de ellos, pero menda ha buscado cosas más originales. El encanto de lo desconocido. Memoir' 44 está irremediablemente descatalogado, agotado, pero parece la opción más obvia. Un juego para mayores de oho años con soldaditos y tanques dándose cera con una mecánica de cartas que dan instrucciones al jugador de cómo actuar. Pero no, no lo he encontrado.
Me he hecho con 1775la Guerra de la Independencia de Estados Unidos un juego sobre la independencia de los Estados Unidos con un libro de reglas de pocas paginas y mucha ilustración. Combina unos materiales de calidad y lustrosos (en los juegos de mesa es muy bonito enfrentarte a un tablero sólido, fichas de madera, cartas con bonitas ilustraciones...) con lo que parece una mecánica simplificadísima pero "muy de wargame", y que según he leído ya ofrece, sobre la base de esta sencillez, intríngulis técnicos.

Me apetece mucho incarle el diente y ver si Punchito (y la Señora Punch también) se hace con sus normas, cosa que no dudo, y si le atrae la experiencia, porque en fin, todo son bondades (conocer la historia, desarrollar el "cerebro táctico", y en fin, todas esas cosas buena de las que ya he hablado).

Mientras, vamos viendo otros candidatos algo más desarrollados para el futuro: Whigs of Glory  Commands & Colors: Ancients, donde se "representa la guerra desde el comienzo de la historia militar (3000 aC) hasta la apertura de la Edad Media (400 dC)", según el portal Boardgamegeek; o el clasiquísimo, con dos décadas de vida, Axis & Allies, alrededor de la Segunda Guerra Mundial ¡y con figuritas de soldados!.


O igual lo dejo en 1775, y el eurogame que va a caer en el décimo cumpleaños, pronto. ¿Quien sabe?. Bueno, sé que tengo en el armario mi querido Civilización, paciente, esperando que lo vuelva a desplegar para jugar sobre su mapa del Mediterráneo, añejo y poco sofisticado, pero ofertando un juego absorbente de crecimiento y migraciones poblacionales, táctica militar y comercial, para llevar a un grupo tribal hasta la más sofisticada civilización (Cartago Egipto, Grecia...). ¿El Octavio wargamero? No, pero mola jugar.

15 septiembre 2016

Unas notas sobre SKELETON TREE, de Nick Cave

Parece consensuado que cuando a un cantante le deja su novia cañón (o a una su novio cañón), en ello el artista encontrará el pozo insondable del sufrimiento verdadero, y tiene todo el derecho del mundo de cantar su dolor, incluso expícitamente ("For Emma, Forever Ago" de Bon Iver, por ejemplo). Supongo que todos hemos tenido veinte años, que a todos nos han dejado alguna vez.
Parece que a algunos les parece que otras formas de dolor, que lo siento, son mucho más devastadoras, como que se haya muerto tu hijo adolescente en un accidente absurdo, no están revestidas del derecho artístico de ser materia para crear un disco. He leído ya muchas discusiones en línea a este respecto.
Supongo que no todos tienen un hijo para siquiera atisbar el horror de esa pérdida. Es algo menos universal. Pero al final la vida (y la muerte) son el motor del arte, así que ole Nick Cave por gestionar su dolor del mejor modo que sabe: filtrado (por cierto, creo que sin menciones explícitas ni nombres propios) en un disco que sin embargo ya estaba de camino cuando su hijo (uno de sus dos gemelos) se precipitó por un acantilado y falleció.
Y que lo haga con esta obra con olor a requiem sereno y cabizbajo me ha parecido brutal. Discazo.
When you're feeling like a lover Nothing really matters anymore I saw you standing there in the supermarket With your red dress falling and your eyes are to the ground Nothing really matters, nothing really matters when the one you love is gone You're still in me, baby I need you In my heart, I need you Cause nothing really matters I'm standing in the doorway You're walking 'round my place in your red dress, hair hanging down With your eyes on one, we love the ones we can Cause nothing really matters when you're standing, standing I need you, need you Cause nothing really matters We follow the line of the palms of our hands You're standing in the supermarket, nothing, holding hands In your red dress, falling, falling in, falling in A long black car is waiting 'round I will miss you when you're gone I'll miss you when you're gone away forever Cause nothing really matters I thought I knew better, so much better And I need you I need you Cause nothing really matters On the night we wrecked like a train Purring cars and pouring rain Never felt right about, never again Cause nothing really matters Nothing really matters anymore, not even today No matter how hard I try When you're standing in the aisle, and no, baby Nothing, nothing, nothing I need, I need, I need you I need you I need you Just breathe, just breathe I need you

01 septiembre 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas

No solemos ir al cine a ciegas salvo cuando somos padres. Puede darse la cita a ciegas con la gran pantalla cuando uno quiera, pero el proceso de "ir al cine" con el hijo/a es proclive a acabar en una sala inesperada (porque, por ejemplo, ya no quedan entradas para Peter y el dragón). Así que confesaré que me metí a ver Kubo y las dos cuerdas mágicas sin tener ni repajolera de qué era eso. Luego sí, lo supe: Laika, y Travis Knight, responsable de Los mundos de Coraline y El alucinante mundo de Norman, películas de las que he hablado en su día por este blog.
Y entrando al cine de modo tan "virginal" solo puedo aportar una única palabra a la experiecnia: Sorpresón. En mayusc, enorme sorpresa, porque la historia de Kubo es sorprendente, lírica, llena de recovecos nada infantiles pero al tiempo es una historia ideal para infantes.
Ambientada en un Japón legendario, la cinta nos cuenta la historia del descendiente de monstruosos espectros, de cómo su madre desafió por amor a su avernal familia y cómo ambos se esconden hasta que, claro, son encontrados por los malos. El niño, la madre y los malvados a la caza son los mimbres de un cuento para niños típico, que sin embargo son solo la columna vertebral para una de las cintas de animación más potente (stop motion que desafía la credulidad del espectador) de los últimos años. Porque con estas vértebras desarrolla conceptos como el papel de la familia o qué es realmente la familia, o el poder de las historias y la narrativa. Todo en un mundo de origami y tradiciones niponas con fantasmas, espectros-mono, samurais y un mundo de papel vivo.
Escenas turbadoras (cada vez que aparecen los espectros, las tías de Kubo), onirismo imaginativo (todo lo que guarda relación con el origami), e incluso un homenaje casi diría que explícito a Ray Harryhausen, como diciendo que esto es un artefacto occidental, pese al determinante peso de toda la tradición japonesa y también, cómo no, del cine de Yamazaki.
Que oye, igual la de Pedro (perdona, "Peter") y el dragón está piruli, pero dudo que llegue a las pantorrillas en originalidad, profundidad e impacto (menudas imágenes luce Kubo) a esta película.

30 agosto 2016

Stranger things

La serie del verano, la que está en boca de todos.
Personalmente me parece una engañifa muy vacía de contenido. Un montón de guiños obvios y sin fundamento (realizados solo por el hecho de guiñar) en un lustroso artefacto bien montado, entretenido pese a lo mal, mal, fatal que están prácticamente todos los actores (salvaría a Millie Bobby Brown), con especial mención a Winona Ryder, terrible.
El producto destilado ha buscado sin sonrojo atraer a un target cuarentón y hacerlo con una trama que también molará a los adolescentes de hoy, esos que consumen mujeres de negro y expedintes Warren. Su sabor a Spielberg, Dante, Carpenter y Sephen King no deja dudas de su objetivo. Si en el caso de JJ Abrams me transmite admiración y ganas de recuperar cierto sabor, además del elogio desvergonzado hacia la sampladelia como método, aquí personalmente solo veo un ardid. Uno que se ha demostrado fabuloso, porque efectivamente su éxito avala la maniobra.
El artefacto, eso sí, está suficientemente bien construido como para hacerlo entretenido o al menos (mejor dicho: o más bien) para hacer que queramos acabar sus ocho partes (con tres le sobraba, para lo que nos cuenta).
Por lo demás y aunque el final no deja lugar a dudas de que habrá segunda temporada, la realidad es que como historia Stranger Things no da más de sí.
Poderoso caballero, don dinero.

Godspeed You! Black Emperor Live at The Metropolis - Moya (Gorecki) - Pa...

Magnífica grabación en directo de Godspeed You! Black Emperor
Si la sobreexpocición de Mogwai los está relegando a una posición secundaria, más por permanencia que por agotamiento, los canadienses y su ritmo tranquilo de publicación les ha sido favorecedor. No han variado su fórmula ni un chisco, no necesitan evolucionar cuando sacan discos cada lustro. Solo van destilando nuevas sinfonías poco a poco hasta que las consideran recopilables en un álbum.
Por eso sus temas, largos instrumentales -que pueden empezar como una intro delicada y tristona a lo Michael Nyman (auqneu no el Nyman facilón), derivar por la música judía, perderse en abstracciones electrónicas y por supuesto, enredarse en interminables montañas rusas de noise rock- siguen resultándome tan fascinantes.
Su sentido del crescendo sonoro-narrativo revolucionó hace veinte años el panorama musical, y hoy no va a cambiar nada, pero en lo suyo estos canadienses anarquistas siguen siendo arrebatadores.
El clip además comprende la idiosincrasia de la banda: prácticamente no vemos ni un rostro.

19 agosto 2016

Playlist: Verano

Hacía mucho tiempo que no colgaba playlists.
No sé si alguien las escucha, pero bueno, he jugueteado el otro día y me puse a pensar que playlists temáticas, breves (esta es de 12 temas, 45 minutos) y adornadas con un cuadro clásico (o no) ad hoc puede ser divertido. Para mí al menos.
empezamos con una play sobre el verano con una clara progresión temática, orgánica.
El cuadro elegido, es obvio: El verano, del maravilloso Archimboldo, un renacentista "out of time" que destacó por una extravagante imaginación, creando retratos a partir de imposibles bodegones vegetales. En ocasiones, rizando el rizo, dichos retratos alegóricos eran reversibles, podemos contemplarlos de norte a sur y de sur a norte, verdaderos upsides-down creados en el cinquecento (no es el caso del que adorna esta playlist, ojo).
El verano está fechado en 1573 y hoy puede admirarse por partida doble:  en el Museo de Historia del Arte de Viena, en Austria, y además, en la copia del Museo del Louvre, copia hecha por el pintor a instancias de Maximiliano II, para hacer un presente.


Y que suene el verano, antes de que se acabe:

02 agosto 2016

40 años sin Cecilia

Tal día como hoy, hace cuarenta años fallecía en accidente de coche volviendo de Vigo (ay) la cantante más grande que ha dado este país.

Este año el homenaje más bonito posible vino de la mano de Coconut Producciones con un concierto de canciones de Cecilia interpretadas por Basia Bulat y una GIGANTESCA María Rodés.
Precioso hasta la emoción y el estremecimiento, irrepetible, mágico.

31 julio 2016

SILICON VALLEY

Pied piper es la bomba. Tras ese nombre se esconde una nueva era de la compresión con incalculables aplicaciones en línea, y también un producto nacido de la mente socialmente disfuncional pero brillante para estas cosas infornáuticas de un genio, Richard Hendriks, que rodeado de una minúscula panda de freaks (pero de verdad: un satanista, un fumeta, un emigrante inadaptado...) funda “El flautista”, mucho más eufónico en inglés, “Pied piper”. Aunque igual de ridículo.
Todo ello nace, cómo no, en Silicon Valley, la meca de la hytech y del nuevo empresarialismo, ese que nace en pequeños cuchitriles denominados “incubadoras”, y en mentes privilegiadas que sacrifican los hábitos sociales (estar a la moda, salir de juerga, tener sexo, casi hasta el comer...) por desarrollar esa genialidad que les pondrá a la cabeza de un imperio. Puedes llamarlo Google, Apple o... El flautista.
Silicon Valley es la serie que nos habla de todo esto, del nacimiento, crecimiento y de momento quién sabe si caída de una idea en un entorno que convierte las ideas en acciones bursátiles e imperios monopolísticos. Viva el mal, viva el capital. Y esta nueva Pax Romana mundial donde la calzada es sustituida por la red la encabezan, es la tesis de esta comedia, gilipollas y tarados. Que Dios nos coja confesados.

Esto es lo primero que me ha conquistado de la serie de HBO, un discurso poco amable, vestido con galas de sitcom. Lo segundo, es que como comedia de situación hereda directamente los patrones de un Friends pero actualizados, limpios de vicios pero aprovechando los logros: efecto culebrón de continuidad (una mucho más elaborada que las meras tonterías sentimentales de seis amigos de pisito), personajes carismáticos (interpretados eso sí, sin amaneramientos de estudio de grabación) y masterpieces de comedia pura (como la escena del cálculo masturbatorio en la primera temporada... no digo más, hay que verla). Y se agradece que apenas existan tensiones sentimentales y la serie valla al grano: ver cómo nace y crece un proyecto en el Valle del Silicio, la meca de las industrias de alta tecnología. En manos de personas bastante poco admirables, en términos generales (no, aquí no hay un tipo guay o una chica cool que convertir en icono de moda).

Es cierto que el impacto de la primera temporada, ocho concisos capítulos, no se verá superado por la segunda y menos aún por la tercera (la que muestra quizá signos de confort y fórmula) pero de momento el montante total de 28 capítulos arroja un balance fabuloso, tanto que puedo jurar que hacía tiempo que no me reía a carcajadas delante del televisor, y ha tenido que llegar un grupo de flipados con talento para las tecnologías para lograrlo. Alguna de las escenas más cafres y divertidas de la televisión las vas a encontrar en Silicon Valley.
El anuncio de la 2ª temporada:

La cultura, las lecturas obligatorias en el colegio, la apertura.

[Estos comentarios LARGOS hay que aprovecharlos y llevarlos al blog personal, compartirlos como reflexión autónoma, ¿no?]
Como padre, pienso: lo importante de ciertas asignaturas, en edades tempranas al menos, no es academizar su disciplina. Está claro de Hª del arte o de la literatura con una orientación bachillerato y más con destino a pruebas de acceso a universidad, tienen una función definida, pero ahí hablamos de un grado de estudios determinados, casi "elevados" y pragmáticos. A un niño de 13, 15 años, lo importante es inculcarle la pasión. De nada sirve obligar unos recorridos literarios cerrados a un niño y hacerle saberse cada título de cada capítulo de La Celestina (ejemplo de títulos breves donde los haya, por cierto) si dentro de tres años, pasado lo "obligado", no va a leer un libro más en la vida.
Por otro lado ¿Quién decide la "calidad" de un libro, una película, un artista? Os recuerdo que Zurbarán era tenido por mediocre, que fue "descubierto". Los clásicos existen, Shaqkespeare y Bernini son impepinables en los estudios de humanidades y según qué recorrido hagas en tus estudios, está claro que en determinado momento llegarás a ellos. Pero lo bonito, o mejor, lo importante, sería que un alumno de ciencias purísimas llegara a Homero gracias a haberse enganchado a los 14 al vicio de leer, aunque fuese gracias a la saga Crepúsculo.

Saga que no he leído y por tanto que no voy a criticar, aunque evidentemente es un tipo de literatura generacional que ha enganchado para "la causa" a cientos de miles de almas, así qué... ¿les dejamos leer Crepus, o se lo impedimos sobre la base de un "canon" de lo que es bueno o no, "Alto" o "Bajo" (fuck it)?¿Les metemos plan "por mis cojones" algo que no les habla de su mundo ni les interesa un rábano pero que "ES UN CLÁSICO QUE HAY QUE SABERSE"... y así no vuelven a leer un libro en su vida? Porque si se convierte en lector de verdad por su propia vía, incentivada desde el colegio pero respetando dicha voluntad, curiosidad, gusto generacional, pienso que finalmnete llegará a los clásicos. Y si no llega pero devora cien libros al mes, ni falta que hará que conozca la obra de Dante (aunque sería fantástico para ella/él conocerla, claro).
Por otro lado la pedantería global impide un acceso en la enseñanza obligatoria al campo vastísimo de la cultura narrativa más allá de esos "benditos clásicos": el cine, el teatro (digo teatro interpretado, no leído), la música del siglo XX (de Tin Pan Alley a los Strokes, del minimalismo al tecno) o el cómic, son todos campos culturales excitantes que pueden consolidar a un futurible adulto culturalmente activo con mucha más eficacia que una lectura obligada de Fuenteovejuna.