30 agosto 2016

Stranger things

La serie del verano, la que está en boca de todos.
Personalmente me parece una engañifa muy vacía de contenido. Un montón de guiños obvios y sin fundamento (realizados solo por el hecho de guiñar) en un lustroso artefacto bien montado, entretenido pese a lo mal, mal, fatal que están prácticamente todos los actores (salvaría a Millie Bobby Brown), con especial mención a Winona Ryder, terrible.
El producto destilado ha buscado sin sonrojo atraer a un target cuarentón y hacerlo con una trama que también molará a los adolescentes de hoy, esos que consumen mujeres de negro y expedintes Warren. Su sabor a Spielberg, Dante, Carpenter y Sephen King no deja dudas de su objetivo. Si en el caso de JJ Abrams me transmite admiración y ganas de recuperar cierto sabor, además del elogio desvergonzado hacia la sampladelia como método, aquí personalmente solo veo un ardid. Uno que se ha demostrado fabuloso, porque efectivamente su éxito avala la maniobra.
El artefacto, eso sí, está suficientemente bien construido como para hacerlo entretenido o al menos (mejor dicho: o más bien) para hacer que queramos acabar sus ocho partes (con tres le sobraba, para lo que nos cuenta).
Por lo demás y aunque el final no deja lugar a dudas de que habrá segunda temporada, la realidad es que como historia Stranger Things no da más de sí.
Poderoso caballero, don dinero.

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