01 septiembre 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas

No solemos ir al cine a ciegas salvo cuando somos padres. Puede darse la cita a ciegas con la gran pantalla cuando uno quiera, pero el proceso de "ir al cine" con el hijo/a es proclive a acabar en una sala inesperada (porque, por ejemplo, ya no quedan entradas para Peter y el dragón). Así que confesaré que me metí a ver Kubo y las dos cuerdas mágicas sin tener ni repajolera de qué era eso. Luego sí, lo supe: Laika, y Travis Knight, responsable de Los mundos de Coraline y El alucinante mundo de Norman, películas de las que he hablado en su día por este blog.
Y entrando al cine de modo tan "virginal" solo puedo aportar una única palabra a la experiecnia: Sorpresón. En mayusc, enorme sorpresa, porque la historia de Kubo es sorprendente, lírica, llena de recovecos nada infantiles pero al tiempo es una historia ideal para infantes.
Ambientada en un Japón legendario, la cinta nos cuenta la historia del descendiente de monstruosos espectros, de cómo su madre desafió por amor a su avernal familia y cómo ambos se esconden hasta que, claro, son encontrados por los malos. El niño, la madre y los malvados a la caza son los mimbres de un cuento para niños típico, que sin embargo son solo la columna vertebral para una de las cintas de animación más potente (stop motion que desafía la credulidad del espectador) de los últimos años. Porque con estas vértebras desarrolla conceptos como el papel de la familia o qué es realmente la familia, o el poder de las historias y la narrativa. Todo en un mundo de origami y tradiciones niponas con fantasmas, espectros-mono, samurais y un mundo de papel vivo.
Escenas turbadoras (cada vez que aparecen los espectros, las tías de Kubo), onirismo imaginativo (todo lo que guarda relación con el origami), e incluso un homenaje casi diría que explícito a Ray Harryhausen, como diciendo que esto es un artefacto occidental, pese al determinante peso de toda la tradición japonesa y también, cómo no, del cine de Yamazaki.
Que oye, igual la de Pedro (perdona, "Peter") y el dragón está piruli, pero dudo que llegue a las pantorrillas en originalidad, profundidad e impacto (menudas imágenes luce Kubo) a esta película.

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