10 diciembre 2016

La fuga (de Colditz)

Me gusta la narrativa y por eso disfruto jugando a juegos de mesa, porque a menudo lo son. Contenedores de historias, digo

Es algo diferente a leer una novela, ver una película o leer un cómic. Se trata de una narración maleada en tiempo real y en primera persona (con la colaboración de terceras voces también en directo), sobre una estructura dada (un tema, un entorno, unas reglas o mecánicas...). Cuando termina la partida, un buen juego te deja cavilando sobre "lo que ha pasado". Los acontecimientos y sus causas, el comportamiento de los demás peones ajenos a tu voluntad (esto es, los de los demás jugadores), y todo junto te ha ofrecido, cuando termina la timba, una historia de la que queda como constancia el final, desplegado en un tablero.
Comienza la historia: mueve.

Un juego de mesa, una partida, es la historia más volátil que se me puede ocurrir, salvo quizá la improvisación teatral, pues como esta no deja constancia una vez ejecutada, tiene un camino indefinido y cuando termina de ser contada, sencillamente se hace tabula rasa. La siguiente partida al mismo juego generará una historia diferente.
Hace un par de días me escapé del campo de concentración. Soldados ingleses de Colditz.
Prisioneros en el castillo de Colditz durante la II GM, 
Uno de ellos lo consiguió ayudándose de cuerdas para saltar muros. Fue sagaz, se movió por las estancias del campo como si estuviese buscando materiales (que ya habían sido cosechados), sin levantar sospechas entre los soldados nazis. Y cuando vio la oportunidad, comprobó que no había soldados alemanes cerca y se lanzó a la fuga. Antes, un compañero fue capturado. Otro, abatido a tiros.
Intento de fuga
No es un medio expresivo artístico. Es un juego, de diseño más o menos elegante en cuanto a materiales e lustraciones (mi copia es añeja) y más o menos acertado en sus mecánicas (como juego, es desnivelado el peso del nazi frente al de los prisioneros, esa premisa hay que aceptarla... y es un juego de mucha suerte, los dados tienen peso). Es vibrante porque es contra reloj.
Y es un clásico creado en 1973.
Se llama La fuga de Colditz. Le tengo mucho cariño porque es el primer juego de mesa "sofisticado" que me regalaron, allá por el 82/84. No lo volvía a jugar desde los ochenta, hasta que mi hijo tuvo (tiene) edad. Y como soy de conservar bien las cosas, así ha vuelto a la vida, emergiendo de un armario en el que hibernaba.

No es el mejor juego del mundo, pero tras tantos años compruebo que conserva emoción en las partidas (la cuenta atrás de su tiempo de juego previamente pactado, el hacerte con equipos de fuga, el momento en que por fin alguien se evade...), y que contiene varios elementos tan sencillos como eficaces (las tarjetas del alemán, verdaderos dolores de cabeza, la posibilidad de echar del cuarto de juegos al jugador "nazi" para coordinar un plan de fuga...).
Por cierto, hay una elegante y remozada versión en el mercado que quizá haya retocado las reglas:

3 comentarios:

Juan Agustí dijo...

¡¡¡ Yo también lo jugaba !!!
Me encanta

Octavio B. (señor punch) dijo...

Pues si tienes añoranza, lo edita Devir, y cualuier tienda on line lo tendrá ;) (hay varias, no haré publi pero en google sin problemas)

Tarquin Winot dijo...

Madre, qué recuerdos. Buenas tardes pasadas en mejor compañía atiborrándonos de palomitas y Mirindas. Ainssss, la nostalgia, que bien sienta a veces...