11 enero 2016

Bowie, un adiós.

Ha fallecido David Bowie igual que ha vivido: por sorpresa (esa palabra que ya va asociada a su nombre). Aún recuerdo la aparición en el mercado de su penúltimo disco The next day, que nadie había conseguido filtrar ni como noticia o rumor.
Así fue la carrera del cantante de Brixton, una carrera contra la obviedad, un constante flujo de sorpresas, personajes, estéticas y estilos, donde ha cabido la obra menor, los períodos de secano creativo, claro que sí, pero donde sobre todo han abundado las obras maestras. Y cuando digo obra maestra me refiero a esos trabajos de excepción, cotas inalcanzables por la mayoría de los mortales, piezas que reconstruyen ya no solo la historia de la música popular si no la sociedad entera. The Beatles en los sesenta lo hicieron. Bowie, en los setenta, también.
Mi relación con la carrera del llamado "Camaleón" es esquiva. Apenas tengo un par de sus discos. Pero David Bowie juega una liga superior, esa que es tan importante, inoculada en el adn mass media de una generación, que trasciende el coleciconismo melómano o los gustos personales. Su carrera me acompaña desde 1984 con "Blue Jean" y aquel vídeo que tenía dos versiones, la comercial y una extendida, una pequeña película de 20 minutos. Ya antes mis primos mayores habían paseado por mi casa The man who sold the world, y tras el enganche a "Blue Jean" cualquier nuevo single de Bowie era pasto de mi atención (y hasta ayer ha seguido siéndolo).
Su personalidad poderosísima, su don de gentes en las entrevistas, su increíble fotogenia, su exquisito gusto para los videoclips promocionales y la calidad media de sus canciones son un faro ineludible. Bowie, como Dylan o Springsteen, es de esos iconos culturales que simplemente, cuando movían o mueven pieza, recibían mi atención, aunque esta raramente llegaba a la adquisición del Lp de rigor.
Fui un adolescente "romo" que escuchaba a los maquillados Duran Duran, un chaval tecno fascinado por el cuero negro de Depeche Mode, un popper romántico seguidor de los jardines de The Smiths, un abducido por el lado oscuro de The Jesus and Mary Chain, un indie veinteañero, posthardcoreta y amante de la experimentación, y ahora soy una persona de "edad prócer" que escucha de todo un poco. Nunca he sido un Bowieadicto. Siempre he seguido a Bowie.
La segunda mitad del siglo XX no se podría entender sin sus aportación capital a la cultura. Ni siquiera cabe señalar su carrera actoral como un dislate, y por supuesto su capacidad para generar nuevos tiempos, modas, usos sociales, está fuera de toda duda: los setenta, excesivos, hedonistas, peligrosos, deprimidos pero dados a la fiesta tóxica, son la cosecha de su siembra.
David Robert Jones, de nombre artístico David Bowie, ha fallecido el 10 de enero de 2016. El 8 de enero, dos días antes, sacaba su último disco, Blackstar. La vida, la muerte, la música, la carera de Bowie siempre en el filo de lo increíble, lo que no podemos creernos del todo. Se va algo más que un músico o cantante, sí, pero si te gusta el rock y no has escuchado un solo disco de Bowie al completo, mal vamos, y en esta tristísima despedida podrías encauzarte. Yo te recomiendo Hunky Dory para empezar. Luego vendrán muchos otros discos imprescindibles.
Yo descubrí a Bowie con...

09 enero 2016

Julius VIP

Me he quedado con cara de palo al enterarme.
A ver, Gran Hermano VIP, hablemos de GHVIP, esa sublimación del "estilo Tele 5", consistente en mentir al espectador ofreciéndole supuestos "reality bites" televisados desde platós anodinos, que en realidad obedecen siempre a un argumento, un guión cerrado que los contratados por la casa (esos supuestos periodistas y contertulios) se estudian antes de salir a aire. La dinámica omnívora de la cadena consiste en presentar al respetable (pero nada respetado) a personajes (no famosos, golondrinos de las 625 líneas, como mucho) mostrando falsas vergüenzas de su falsa vida privada, y teatralizando en directo falsos sentimientos extremos. GH, el original, es una máquina de salchichas, el artefacto necesario para la creación y promoción de nuevos golondrinos, carne fresca para la Gran Sanchicha. La versión VIP apuntala el entramado con el mismo esquema pero partiendo de elementos de la casa o afines a la casa ya conocidos por el espectador, que representan durante meses la misma función que se teatraliza en cualquier otro programa de Tele 5: ofensas, broncas, un poco de sexo aquí y allá...
Vía Antonio Rico he conocido a los actantes de la edición que se estrenó estos días. Ya sabía de El Pequeño Nicolás, claro, pero hay más, a muchos no los conozco, porque son productos de la "endogamia telecinquera": si no ves el canal, carecen de la más mínima trascendencia social.
Pero he aquí que, para mi desconcierto, encuentro a Julius como concursante. ¿Quién? Conocí a este cocinero en su programa de Canal Cocina, (canal que en ocasiones he tenido en abierto).Los 22 minutos de Julius era otro magazine de cocinillas caseras con la curiosidad de que no editan, o eso se pretende: enchufa un crono con 22 minutos y en ese tiempo exacto nos brinda un menú de dos platos.
Frente al común de los cocineros que transitan ese canal, generalmente agarrotados por el miedo escénico, Julius en su espacio se mostraba moderadamente resuelto.
Bueno, no vamos a lanzar cohetes, pero en el programa el hombre se muestra como lo que es: un cocinero profesional con cierta habilidad para trastear delante de las cámaras. El programa lleva años, hasta tiene su sección de cartas de los espectadores, que en ocasiones visitan plató... esas cosas que surgen de tener que hacer cosas nuevas, para enriquecer las nuevas temporadas.Es moderadamente famoso por su oficio y buen hacer, hasta el punto de haber editado algunos libros de esos que se venden mucho en navidades, con recetas del autor, que posa en portada. Que le va perita al Julius, vamos...
Así que ¿porqué meterse en el pozo del retrete televisivo de Tele 5? Antonio Rico dice "dinero" pero no me cuadra. Sí, a ver, me cuadra, 3000 ó 4000 del ala por día aguantando. Pero Julius no es una pescatinera escotada de las noches cuché madrileñas ni un chulopiscinas de arrabal venido a más por acostarse presuntamente con una tenista, si no un profesional de la cocina con una trayectoria sólida y en activo. Supongo en fin que el antiguo cocinero del equipo de Karlos Arguiñano entiende este lodazal como oportunidad de abrirse camino en cadenas generalistas.
Mal camino me parece, poco crédito te resta tras comer mierda delante de la gente: salvo que seas un genio del trash como Divine.
Julius, un consejo: vuelve a tus 22 minutos de gloria.