30 octubre 2016

Reflexiones a partir de La Matanza de Texas

El cine nació asociado al pavor.
Cuando en una de las primeras sesiones cinematográficas de los hermanos Lumière en la sala de un café parisino se proyectó, en 1896,  Llegada del tren a la estación de La Ciotat (film que registraba al tren de vapor acercándose por la vía hacia el primer plano, al llegar a su parada), los espectadores se levantaron despavoridos, huyendo de aquella locomotora que se les echaba encima.
El cine es el arte de los sentidos, y por tanto, el más idóneo para provocar miedo puro. Te cagas viendo El Exorcista de un modo que no te provoca la novela ni un cómic, por citar otros medios narrativos.
La matanza de Texas es un clásico indiscutible del género, que definió, de hecho, un subgénero, el slasher, que apela con saña a lo menos cómodo en nuestro ánimo. Aquello del terror de asesino psicópta ya tenía recorrido (Psycho sin ir más lejos) pero lo que resulta atractivo de la cinta de Tob Hopper es la precariedad, el espíritu de transgresión off-cinema, exploitation, las ganas y el rodar con pocos medios y tirando de imaginación.
Aberrante, y sin embargo elíptica (o bastante elíptica, al menos), la Matanza es además una buena muestra de ese cine que desde lo bruto, si se rasca, presenta más sofisticación de lo que aparente. Porque en fin, esta película sobre un grupo de jóvenes blancos del post- hippismo que acaban en las manos de una familia psicópata y caníbal guarda relación con su entono (el cine blaxploitation triunfaba en aquella época, por ejemplo) y ofrece una lectura social. Hay de fondo una crítica hacia el sueño americano, potencia el concepto de white trash y hasta puede leerse en clave feminista (muy por los pelos) en tanto que, y ahora toca soltar un spoiler respecto a una peli de 41 años, quien sobrevive al final es una mujer.

La agresiva mirada a los EE UU es obvia, no hablamos de un cine de finuras... a ver, que el malo es este...

Pero cumple su función de bofetada tanto a los sentidos (lo dantesco) como al intelecto (la crítica social). Y por otro lado es innegable la capacidad de turbar que tiene Hopper (la fiura de "el abuelo", una especie de Nosferatu más muerto que vivo; la habitación recargada de esqueletos y huesos con una gallina viva encerrada en una pajarera; por supuesto, la máscara de cuero...)
Luego, sobrevino la explotación del icono en secuelas, que no me interesa demasiado.
Antes del circo, esta cinta, valiosísima piedra angular del terror, que ayer emitieron en Localia Vigo, zampándose en este Halloween a toda la programación nacional (bueno, en La Sexta salía Eduardo Inda, asco y miedo, a palas)

21 octubre 2016

1775, juego de guerra... ¿para niños?

Tras tantear varios juegos de tablero familiares con lo que poder jugar con mi hijo, me autoimpuse un reto, de un modo insensato, si duda. Recordaba de mi juventud las mecánicas de los juegos de guerra gracias a Duelo de las Águilas, juegos espesos, difíciles, de partidas sin duda adictivas una vez dominadas las mecánicas del juego. Pero ese terreno no es para niños. Son reglas exigentes, con excepciones numerosas, con tablas a las que hay que acudir cada dos por tres... hasta a mí se me hacen, hoy, un poco cuesta arriba. Existe una enorme gama de juegos de mesa para chavales, pero suelen ser "alemanes", esto es, de diseño pimpante, y en los que el marco de referencia importa poco. Un Carcassonne puede desarrollarse en un pueblo francés medieval auténtico, pero Francia y el medievo son totalmente circunstanciales frente a las mecánicas del juego (o eso dicen). Un juego de guerra se basa principalmente en unos acontecimientos históricos concretos (una batalla, una guerra...) que son la médula espinal del juego y sus características. Esto es muy interesante y hasta educativo. Así que me pregunté un día: ¿habrá en el mercado actual algún juego de guerra "blando", un wargame puro y duro pero con mecánicas asequibles a infantes? Bueno, hubo uno, Memoir' 44, descatalogado, imposible de conseguir si no es en inglés o mareándote por las tiendas de segunda mano on line, paso. Además se dice que es demasiado sencillo.
Y entonces descubrí 1775, La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, en edición integral en español y recomendado a partir de los diez años.


Había que probar.


(Sí, esta foto es de mi casa, cotillas)
No voy a explicar aquí el juego y sus reglas, para eso mejor te buscas un blog o un you tube especializado en juegos, o te descargas las instrucciones que seguro que andan por ahí. Decir, sí, que el asunto trata de las batallas por la independencia de los EE UU, en la costa atlántica, respetando el mapa colonial. Entre cuatro y dos jugadores lidiarán con los ejércitos de regulares británicos (cubitos rojos), lealistas británicos (cubitos amarillos), regulares continentales americanos (cubitos azules), patriotas americanos (cubitos blancos), hessianos alemanes (cubitos naranjas), regulares franceses (cubitos morados) y nativos americanos (cubitos verdes). Con todos ellos se puede formar un fabuloso totum revolutum de tácticas, movimientos estratégicos, batallas a dadazos con muertes y huidas, y conquistas de territorios. Una partida puede durar entre media hora larga y dos horitas, dado qeu hay arios posibles escenarios (desde la partida principiante a una partida para expertos)
Aquí van algunas fotos de una partida.

1: tenemos tropas por el mapa.


2: Movemos tropas por el mapa
3: Se prepara el pifostio para una bartalla

Bueno, pues de las pocas partidas que llevo tengo alguna conclusión: el juego es divertido, mucho. Es sencillo aunque quizá para un chaval de diez aún resulte durillo (mejor que se acople a papi o mami como apoyo) pero no imposible (si finalmente quiere jugar, en dos o tres partidas podrá manejarse... no jugar bien, por el componente táctico del juego, pero jugará). Para jugar cuatro adultos me parece excelente y fácil de convencer a colegas que no tienen costumbre de juegos de mesa, porque como juego adulto es de reglamento sencillito y desarrollo con mucha chicha.
Y respecto a lo matérico: la calidad es enorme, un juego con un tablero precioso...


..y sólido (nada de cartoncito y cuidadín que se dobla, esto es cartón duro); con fichas de madera como ya hemos visto por algunas fotos de arriba, con indicadores de conquista en cartón identificando los dos bandos con bonitas banderas; con unos dados que son un lujete; y desplegando unas tarjetas elegantes y didácticas (que son importantísimas para el jugador, para empezar porque son las que te otorgan movimientos para tus tropas).
Te conquisto con mis fichas

Cubos y dados, tropas y sus acciones.

El as en la manga: avanzar, navegar...
En un juego de mesa, como en un cómic bien editado o en un vinilo cuidado, todas estas cuestiones materiales son importantes: peso, tacto, consistencia, presencia (lo gráfico), hasta el olor si se quiere, todos juntos suman puntos, y son parte del encanto, qué porras. Para desplegar tableros y dados de mierda busco mi Monopoli cuñao, ¿no?
En el cruce de una belleza material y una excelencia en el diseño del juego en sí, encontramos el equilibrio de un buen juego. Y este, si lo que quieres es un "wagrame" ligero pero no idiota, es, yo creo, perfecto.

Otro aliciente es, a posteriori, ahondar en la época histórica reflejada: literatura, cine, cómic, documentales y por supuesto ensayos varios tendrás para elegir.

Y por último, veamos una partida comprimida en un minuto tres segundos (no es mía, ¿eh? :D)

10 octubre 2016

PIXIES , Head Carrier

Pixies llegaron en el momento bisagra de un cambio de década (finales de los ochenta) y de un pulso al panorama musical tomando las enseñanza de Hüsker Dü, Dinosaur Jr, e incluso los Sonic Youth más melódicos, para testar y ampliar las posibilidades de una música nacida en catacumbas underground pero con potencial melódico. Pixies entregaron en los ochenta volcanes en erupción sin perder pie con la tierra, enlazando melodías sixties de ensueño con un sentido de la agresividad extremo, "stooguiano", en canciones como balas llenas de un especial humor casi infantil, caprichoso y marciano. Si quitamos este deje surrealista en la música de Black Francis (voz, guitaras), David Lowering (percusión), Joey Santiago (guitarra) y Kim Deal (bajo y voces), todo su caudal en realidad era muy aprovechable para el maistream. Así se demostró con el fenómeno Nirvana y posteriormente con bandas menos masivas, pero con su momento de gloria como Weezer, o con calcos desvergonzados como "Song 2" de Blur, que hizo radiofórmula del "toque pixie" (por cierto ¿qué es un Pixie?)
En cinco años Pixies lanzaron cinco discos, todos memorables ("Sufer Rosa" y "Doolittle", sin duda ya clásicos de la historia del rock). Y se disolvieron antes de poder dar réplica a míster Kobain y llevarse la gloria mediática que por derecho les correspondía (porque además Pixies eran infinitamente mejores que Nirvana).
Kim Deal potenció su banda paralela The Breeders, Black Francis se hizo llamar Frank Black y se estableció con una carrera tan prolífica como irregular (con sus momentos de brillo), Joey Santiago colaboró con el vocalista y líder de Pixies pero también formo The Martinis con Lowering y en fin, la vida siguió por los derroteros de cada cual.
Luego la banda, en el siglo XXI, se reunió para girar, conciertos en los que fueron recibidos en olor de multitud, y después, entre 2013 y 14, sacaron tres maxis sin título ("EP1", "2" y "3") , que reunirían en un LP, "Indie Cindy ". Como retorno me pareció un fiasco, un montón de canciones deslabazadas que olían más a los caprichos de Black en solitario que al caparazón "pixiano". Además, la carismática bajista abandonaba la banda antes de que se metieran a grabar esos maxis. Todo parecía indicar que el retorno de la banda sería de los más tristes de la historia del rock, dada la distancia entre sus logros de juventud y los de aquel álbum.
Y en 2015 se anuncia nuevo disco: el grupo, con Paz Lenchantin como bajista fija (ex Zwan y ex A Perfect Circle), se encierran a crear y grapar un LP.
Pixies en Paz.

Y "Head Carrier", sorpresa, levanta el vuelo. Se podría decir que eso no era algo precisamente difícil tras "Indie Cindy ", pero el vuelo es elevado, seguro, y el aleteo muy reconocible. Y pone a Pixies en un lugar bien visible en el presente. En Rockdelux Black Francis declaraba en 1991, entrevistado a propósito de su recién estrenado "Bossanova": "hay dos lados en nuestra música, como en cualquiera. Uno rockero y otro soñador, y creo que nosotros tenemos el deber de explorar ambos. Nuestro próximo disco es duro [y efectivamente Trompe le monde lo fue, correoso y sulfúrico], pero el siguiente será totalmente surf (y hace un gesto de volar con las manos)." Es curioso que la escucha de "Head Carrier" me ha traído a la memoria aquellas declaraciones. Si hacemos caso omiso a "Indie Cindy ", este nuevo disco responde perfectamente a aquella declaración.
"Como decíamos ayer..." las canciones de los nuevos Pixies son relajadas, dulces aunque atravesadas por la guitarra aún afilada de Joey Santiago. Muy tarareables, y en pocas ocasiones despiertan al dragón ("Baal's back" desinfla "Rock Music" -de "Bossanova"- pero todavía araña; "Um Chagga lagga" es histérica y loca como "Manta Ray"). Se reconoce en estos doce cortes el sello: temas breves, directos, con una lírica extravagante trufada de citas bíblicas, con ángel melódico y pulso de hierro (Lowering sigue potente) y Paz suple la dulzura de Kim Deal hasta no echarla de menos. De hecho, canta maravillosamente bien una de las joyas del disco: "All I think about", con letra conciliadora dedicada a Kim y que en su riff y coros reposan ecos (no se puede hablar de autoplagio, creo que es todo más complejo) de "Where is my mind", posiblemente su primera canción de referencia (búscala en "Surfer Rosa").
Pixies fue la mejor banda de rock del mundo. Pero, ay, eso sucede en un determinado momento y las causas son internas (la propia excelencia) y externas (el momento en sí mismo, la originalidad frente a lo que rodea; y el impacto sobre el futuro, aquello de crea escuela). Todo esto se repetirá porque es imposible que se repita lo que ya ha sido, así que lo que hay que pedir a "la mejor banda de rock del mundo" es que su nueva aventura se mire con dignidad en su propio legado. "Indie Cindy " apartaba la mirada. "Head Carrier" guiña sin titubeos a "Surfer Rosa " (lo vimos ya), a los momentos dulces de su discografía clásica como "Here comes your man" (de "Doolittle") o "Dig for fire" (de "Bossanova"), y hasta al sonido voluptuoso de "Trompe le monde" en temas como "Oona".
Seamos cursis para terminar: Pixies han recuperado el duende.

06 octubre 2016

Grimes X HANA - The AC!D Reign Chronicles {Director's Cut} [Official Video]

Brutal: Grimes, la más comercial y (al tiempo) vanguardista artista del momento, se saca de la manga (ayer mismo lo ha subido) un "videoclip" de casi 40 minutos grabado con MÓVILES en magníficos entornos que ha descubierto en su gira europea. El asunto aglutina material exquisito: cuatro vídeos con temas que la canadiense incluía en su último álbum, "Art Angels" (2015), "Butterfly", "World Princess Part II", "SCREAM" y "Belly of The Beat", a los que se añaden otros tres incluidos en el EP de su acompañante en el tour, la californiana HANA: "Underwater", "Chimera" y "Avalanche"
Va camino a Emperatriz pop del nuevo siglo...

BOB MOULD Patch the sky

El nuevo de Bob Mould. Ay. Con la regularidad con la que saca discos Mould, con su férreo libro de estilo siempre firme en cada nueva obra (rock de alto voltaje con kilopondios melódicos y angst personal en la lírica) y con una media de calidad que hace tres décadas que me hace decir lo mismo ("Mould es mark of quality contorl aproved") resuklta difícil no permutar críticas del ex Hüsker Dü con cada nuevo lanzamiento. De hecho lleva una trilogía que, en el ecuador de la cincuentena, lo vuelve a colocar en el punto de mira como o lo estaba desde los años de Sugar. Silver Age inauguraba fornido esta nueva edad (de plata, el oro sería Sugar y los ) que rubricó con más tranquilidad Beauty and ruin (una de las mejores portadas de los últimos años, con el Mould actual viendo su reflejo en un espejo que le devuelve al Mould de los ochenta). "Patch the sky" vuelve a acelerar, lanzado cuesta abajo sin miedo. Si vamos a caernos, y la música de mouls gira alrededor de su constante existencialismo cenizo, que sea montando ruido. El de esa guitarra marca  de la casa, el del formato trío que ha consolidado desdde "Silver age" acompañado por el bajista Jason Narducy y el batería Jon Wurster.
Por lo demás, citaremos canciones pero da lo mismo. ¿Te gusta la marca Mould?¿Te gusta el roch a todo volumen, recio y clásico con gusto por la fuga hardcore ("Hands are tied" dispara, acierta y se da a la fuga en 1'44 minutos). Hay momentos más acústicos, hay pantanos de ruido al estilo "Slick" (del debut de Sugar, disco que si no conoces, debes hacerlo) y bueno, falta la capacidad de sorprender. Aunque a estas alturas ya nadie se la pide, la verdad.
Y bueno, una tontería, pero no puede dejar de hacerme gracia el aspecto de profe bonachón de instituto de Bob Mould,

Que obviamente contrasta con su música, pura fibra