27 noviembre 2016

Fidel Castro y el magnetismo

Recordemos la sintonía de los polos opuestos (en lo personal, no en las ideas políticas, evidentemente) para decirlo otra vez. Una figura histórica de la importancia de Fidel Castro está conformada con luces y sombras. Unos piensan que pesan más las luces, otros, las sombras. Sostener que no tiene de unas o de otras es históricamente, digo desde la ciencia histórica (historia social, económica, política...), un análisis incorrecto. Leyendo algún diario cualquiera sostendría lo contrario.
"Y no tengo más que decir" (citando a Manuel Fraga).

25 noviembre 2016

Expediente Warren I y II


Me he dejado llevar y he visto las dos películas (vendrán más, habemus saga) de Expediente Waren. La sensación final es agridulce.
Vamos con lo dulce. Los mejores momentos de ambas cintas, y son muchos, pasan por la mirada hacia un terror que palpita en lo cotidiano. Mejor aún en la 2ª, el Caso Enfield, porque se desarrolla en la cara más dañada de la Inglaterra de los últimos setenta. Una mujer separada con hijos a cargo pero sin una economía para mantenerlos sin apreturas, y una casa adosada pequeña, vieja y en un estado de conservación cuanto menos crítico, son los mimbres sobre los que se instala el terror. Uno que juega con la duermevela hábilmente, un horror ante cosas que no se sabe muy bien si son o no son. Nada más aterrador que la duda. Una mecedora, una tienda de campaña instalada por el hijo pequeño en el pasillo... cosas normales que dejan de serlo. Lo mismo sucede con la primera parte, aunque entonces la reversión pasa por convertir una casa más o menos idílica, campestre y bastante "de luxe", en un lugar pesadillesco.
Todo lo que atañe a esa perversión de la realidad por la vía del poltergeist menos spielbergizado está a mi juicio muy conseguido. Te clava, vamos, al asiento. Sobran efectismos de grito fácil, pero si el terror es ambiente, aquí lo hay. En ambas.

Vamos ahora con el limón agrio. Si tenemos los cimientos tan bien armados, ¿porqué introducir a los Warren -matrimonio real que se dedicaba a estas cosas, purgar casas poseídas, investigar fantasmas...- como una suerte de pareja angélica, y no acentuar las dobleces de todo el asunto? Cabría la representación del matrimonio del misterio y su entorno con mayor ambigüedad, y dejar los asuntos paranormales en la tierra (muy tenebrosa, por otro lado) de la duda, lo no resuelto del todo. Pero no: Los Warren son los John Constantine de la vida real, los magos buenos que enfrentan a demonios venidos a la tierra, escapados del infierno, a tocarle las pestañas a una niña pequeña en una casa chunga de barrio pobre. We could be heroes, que cantaba el Duque Blanco...
En esta contemplación casi hagiográfica de los cazafantasmas reposa otra debilidad, a mi entender, de ambas cintas. Como esto va de glorificar a los investigadores de lo oculto y presentarlos como no-fraude sin medias tintas, los casos devienen en la ficción verdaderas demostraciones de lo paranormal y lo maligno/arcano en la tierra. Hacer explícitos a los espíritus, fantasmas y demonios, me ha parecido francamente limitadito. Más aún cuando el terrible demonio, en fin, se parece más a Marilyn Manson disfrazado de Sor Citroën que a una criatura del Infierno.
Y la irrupción explícita de lo paranormal está rodada con demasiado ruido, ganas de ser ampuloso, terroríicamente enolado. Sin demasiadas barbaridades, no resulte que al final nos salga algo gore y nos tachen la cinta de sectarismo freak, no... esto es mucho miedo, pero "para todos". Mass media horror film.

Pero bueno, quedémonos con todo lo bueno que me ha dado el díptico. El verismo enrarecido, la cámara descriptiva, la música, el sonido diegético, el crescendo de lo paranormal en espacios anodinos que mutan en laberintos para el terror crudo. Ahí está la chicha de ambas películas, y donde merece la pena disfrutar. Entre comillas.
El trailer dice bastante del tono y del mal rollo que aporta lo mejor de ambas películas. Play, gente, dadle al play, pero antes apagad las luces.

24 noviembre 2016

Angel Olsen plays "Shut Up Kiss Me" on the Late Show with Stephen Colbert

Uno de los discos que están escalando bien por esta casa es My Woman de Angel Olsen.



En principio me desconcertaba lo claramente bipolar del invento, con una primera parte recia y una segunda más medio tiempo que no me calaba tan bien. Quizá por venir de una montaña rusa de adrenalina, uno tras la tormenta no siempre quiere la calma.
Pero las escuchas insistentes ofrecen un nuevo veredicto. La calma solariega es una bendición y la cruz de la moneda completa, una jugada perfecta para comprender al personaje que interpreta (¿es?) Olsen. Fuerte y sensible al tiempo.
Su voz grave y una producción que potencia cierto aire "goth" redondean un trabajo que, como dicen los angloparlantes, es realmente un grower. Difícil no aguantar la primera embestida (que no ferocidad, esto es rock de raíces, no grindcore) de "Shut up kiss me", "Not gona kill you" o "Sister".
Y la zona soft se demuestra en unas pocas escuchas atentas sensual, elegante y sensible (como sensible es la rabia destilada por los temas más venenosos, ojo). "Those were the days" podría adaptarla a su cancionero Sade o incluso los primeros Portishead,"pops" cierra con algodón, pianos lejanos y el especial plañir de una artista a retener. No la conocía, ya no la olvido.

20 noviembre 2016

Construir líneas ferroviarias en familia

Mi bisabuelo fue un industrial de principios de siglo que tuvo negocios con la primera compañía ferroviaria nacional o eso me ha dicho mi santa madre. La cosa ha venido a más y ahora estoy manejando líneas ferroviarias a nivel continental. Europa es mía.
Aunque sea en un juego de mesa :/

Aventureros al tren: Europa es un juego de tablero familiar. Familiar en el sentido absoluto y nada despreciativo de la palabra: un juego de los de "motor de cartas" (esto es, no va por dados sino por turnos consecutivos en los que actúas según la baraja que tienes en mano, con cartas que te dan la posibilidad de "mover"). Una mecánica sencillísima, más sencilla que el Monopoly si me despisto, y desde luego más activo, más táctico, con mayor peso de las decisiones más o menos aleatorias o ponderadas que uno toma sobre el tablero.
Por otro lado ofrece ciertas y muy golosas posibilidades.
La cuestión consiste en completar trayectos añadiendo a trazados ya dibujados sobre el tablero tus trenecitos de plástico, "compleando rutas" entre ciudades. El gran momento ARG! viene cuando un contrincante se apodera de tu trayecto ya conseguido... añadiendo una figurita que es la estación ante tus vagones.
Otro momento álgido es el de robar cartas, ya que estando algunas expuestas, pueden robarte delante de tus hinchadas narices justo esa carta que querías para completar un trayecto entre dos ciudades que necesitas SÍ O SÍ para cumplir un objetivo.
1: pilla cartas

2: ¡Construye rutas con tus trenes antes de que te la manguen!
(para completar rutas, usa tus cartas)

3: Apodrérate de una línea enemiga calzándole una de tus estaciones.

Vale, leído parece un mon dieu! muy tocho, pero realmente insisto: la dificultad de Pasajeros al tren es menor que la del chinchón. Hablamos de un juego que entiende un niño de ocho años y que entretiene a su padre y a su abuelo. Una partida puede durar no más de una hora, normalmente unos treinta minutos. Es ligero, rápido e incluso vibrante.
El único pero, si acaso, es que aunque es perfectamente jugable entre dos, pierde. Pierde porque digamos, ambos caben perfectamente en el mapa europeo. No hay demasiados problemas, nadie te roba esa ruta que tú querías para ti, no es necesario usar estaciones roba-trayectos... no hay roce, vamos, y se echa de menos. Es ameno incluso jugado a dos, por el gustirrinín que nos da completar rutas con nuestros vagoncitos de colores por el mapa del Viejo Continente... pero cuantos más jueguen, mejor, pues más difícil resultará conseguir cartas y completar rutas, o antes te las roban. Ergo: a más jugando, más "chocas" con otros jugadores... lo cual es la salsa de todo juego, para qué engañarnos.
Yo ya he jugado al Aventureros a cuatro, y espero hacerlo algún día a cinco.
La cosa es así:

07 noviembre 2016

IGGY POP Lust for life (1977)

La Iguana y el Duque Blanco, o Zigy o quien quiera ser David Bowie. Iggy recuperado para la historia, Iggy en Berlín. Baterías como puños, bajos percutientes, guitarras aceradas, la sierra vocal de Pop. Coros de Bowie, que aporta también pianos y que produce y se nota.
Lust. Batido de estilos (blues bastante presente) para lacuar rock. Rock, esto es rock.
CANCIONACA, bueno, claro, La Canción: