06 octubre 2017

Hold the Line, The American Revolution

La guerra es una tragedia, estamos todos de acuerdo. Pero también una constante de la historia de la humanidad: la primera guerra documentada (solo la primera de la que nos constan referencias documentales) es de hace cuatro milenios largos, y supuso la confrontación durante más de un siglo de las ciudades sumerias de Lagash y Umma (aquí puedes leer sobre el tema). Y desde entonces ha sido un no parar, una fiesta. Fiesta de la carne y el cuerpo destrozado en el campo de batalla.
Sin embargo la guerra ha sido, mal que nos pese, motor civilizatorio (o histórico si se entiende "civilizatorio" en un sentido positivo), algo que los historiadores tienen muy claro.
Port tanto recrear lúdicamente una guerra o una batalla no debería tener sesgo moral (o peor, moralizante) pese a que como ciudadanos podamos (es mi caso) apostar por el pacifismo y las civilizaciones en paz (algún milenio lo lograremos). Disfrutar un juego de guerra no supone apreciar éticamente una masacre, o no debería, sino que tiene algo de ejercicio reflexivo sobre la condición humana misma. La guerra como simulación nos habla de nuestras capacidades, buenas y malas. Y eso es atractivo.
La Guerra de Crimea entre 1853 y 1856 fue fotografiada por Roger Fenton, por orden e interés del  Príncipe Alberto de Sajonia y el Duque de Newcastle. Son las primeras fotografías bélicas de la historia, y son antes posado que fotoperiodismo bélico a la s. XX. 
Aunque pueda existir un perfil de jugador de "wargames" tópico (varón, adulto, afecto a la historia, de tendencias políticas conservadoras -os juro que esto lo he llegado a leer, aunque lo pongo en duda sin referencias más científicas que un blogger- y curiosas querencias por los tanques, las armas, los equipamientos militares y sus detalles...) creo que no tiene porqué ser así. El perfil podría ser perfectamente universal, porque entender las guerras, en fin, es entender la historia. Y entender no equivale a enjuiciar, solo a adquirir la comprensión de hechos, y a ello también ayuda sentarnos ante un tablero, sí.
A partir de ahí, la guerra como juego puede ser algo muy abstracto (el ajedrez mismo) o muy concreto. Los juegos de guerra modernos buscan esa concreción recreando batallas históricas. Pero como juego, los hay también de varios tipos y densidades. Los hay de hecho , muy, muy densos, espesos como el Amazonas. Supongo que atravesar triunfante la selva de sus reglas debe ser muy satisfactorio, pero menda no está para esas, al menos hoy por hoy.
Señor reconcentrado ante su juego de guerra (fuente: theboardgaminglife.com)
Sin embargo me atraía el acercarme a un "wargame", ya lo hice hace muchos años con uno de La Batalla de las águilas, y lo repetí hace poco más de doce meses (con un juego ligero).
Hold the line, the american revolution (a partir de ahora, HthL) ahonda en esta faceta jugadora sencilla, familiar. Si 1775, la guerra de la Independencia de Estados Unidos es un juego asequible que refleja todo el conflicto independentista sobre un mapa que ilumina la costa atlántica estadounidense, aquí nos encontramos en el mismo marco pero con lupa: se recrean batallas concretas, refriegas a pequeña escala entre pequeños o medianos ejércitos.

Para ello HthL propone un caramelo visual: un tablero sencillo que reflejaría, no sé, un páramo...
...sobre el que, como muestra el reverso de la caja, se colocan losetas que representan los accidentes geográficos que caracterizan los escenarios concretos de batallas específicas:
Cada escenario especifica también la colocación inicial de los ejérzitos enfrentados. Aquí tenéis dos ejemplos de tableros montados con dos campañas diferentes:

Así, como decía arriba, el juego recrea batallas concretas: Quebec, Bunker Hill, Germantown, Camden... hasta más de treinta, cada uno con su geografía específica (ríos, colinas, pueblos, bosques...) y los ejércitos y su disposición.
Siguiendo con cuestiones de "lo bonito", la presencia del juego extendido en la mesa, en HthL los ejércitos no se componen de fichas de cartón con números sosones, sino que cada "unidad de combate" se crea con soldaditos de plástico, en una operación inteligente para acercar un "wargame" a jugadores incluso infantiles (la caja especifica una edad mínima de diez años, y creo que con la tutela de un "rival" adulto es perfectamente posible...de hecho yo juego con mi hijo, que anda en ese rango)
Estos despliegues iniciales, un "set up" trabajoso pero, qué porras, en sí mismo divertido si lo aceptas como parte del todo que supone el "proceso de juego", ofrecen imágenes bien chulas.



Y bien, este es el juego, y sus reglas, siendo muy sencillas, tienen su atractivo para quien quiera conocer los juegos de guerra. Sus mecanismos son puro wargame, pero destilado hasta la simplicidad más absoluta. Así con diferentes soldaditos de plástico configuramos diferentes grupitos que son, a su vez, diferentes tipos de unidades (infantería regular y de élite, líderes, abanderados, milicias, artillería, infantería ligera, dragones), los bosques, ríos, ciudades... existen ye inciden en las reglas, modifican las cosas (por ejemplo, y es obvio, no se puede disparar a una unidad enemiga que se agazapa tras una colina, o al llegar a un río sin puente, te va a costar cruzarlo, más que si lo haces por un puente). Hay "puntos de moral" (los soldados pueden estar envalentonados o cagados de miedo, y eso influye en su capacidad de ataque y defensa), y, bien, aquí lo que se hace es ir a la piel del otro jugador, nada de colaborar o ir acumulando puntos sin competir con los demás directamente. Es una guerra, unos contra otros: o matas o mueres (o se consiguen una serie de objetivos a base de bajas enemigas y hurtos de sus puntos estratégicos, que también te da la victoria).
El juego insisto, es muy sencillo, las partidas rapidísimas (a mí mi hijo me destrozó en media hora, una vez) y la suerte es importante, porque hay mucha tirada de dados. Y sin embargo, pese a toda este soltar amarras para hacer de HthL algo muy asequible, la sensación de inmersión, de verte en el campo de batalla en cierto grado, es satisfactoria.
Aquí estoy jugando en casa (grabado por un profesional del medio, mi hijo)

El juego está en inglés, no es barato, pero es una chulada como objeto. Y las reglas se encuentran traducidas al castellano por un generoso particular (esto es muy habitual en los juegos de mesa: pocos se editan en España y muchos jugadores los traducen y cuelgan el manual).
Me parece ideal para introducirse en estos asuntos, o para tantear este tipo de juego con uno cuyas reglas han soltado todas las amarras posibles pero sin perder esa sensación de "wargame-wargame".
En fin,no sé si está fácil de conseguir (prueba en Muevecubos), pero si tienes curiosidad por los juegos estos que juegan señores mayores (y señoras mayores) todos concentrados gastando una tarde entera en ello, Hold the line, the american revolution me parece una gran opción. Además, cuando hablamos de juegos de mesa, You Tube es nuestro amigo. Por un lado tenemos un vídeo introductorio (aconsejo verlo para hacere na idea general del juego ahondando en este post) de Análisis Parálisis, y por otro lado isi la cosa te tienta más, existe un videotutorial en castellano que explica el juego y sus reglas básicas en tres partes, cortesía de Wargame Reviewer. Aquí tienes la primera parte del tutorial.

03 octubre 2017

Sleep Well Beast, de The National

Cuatro años son un tiempo peligroso para el vertiginoso tic tac de la música popular... hacen que un nuevo lanzamiento genere expectación. En ocasiones demasiada. En ocasiones como cuando hablamos de una banda que empezaba a sonar como capital dentro de la música de la última década, el retorno tiene algo de termómetro. El nuevo disco nos dirá cómo está el cuerpo; ¿saludable, febril, o muerto?. Sleep Well Beast luce buen color y 36'5º, y un pulso inmejorable. Si alguien tenía dudas con el disco anterior, de 2013, podríamos decir que han dejado el tabaco.
"Nobody Else Will Be There" ya avisa de los movimientos vigorizantes, movimientos que no son temblores ni terremotos sino en todo caso vaivenes elegantes. Hacia sonidos electro para arreglos que remarcan sensaciones ya conocidas: elegancia crepuscular e intensidad contenida. "Empire Day" y bastantes más temas del disco afianzan esta línea inesperadamente glitch en una banda tenida como abanderada del clasicismo reinventado. 
Seguimos la escucha, y los nuevos temas no dan fallo de sistema. "Day I Die" tiene hechuras de single para las masas, esa fórmula que intersecionaron tan bien R.E.M. (desde su propio registro): accesibilidad y calidad. Su cabalgada instrumental surfea una épica que resulta más conmovedora y convincente que la de todas esas stadium bands que ya sabes. "The System Only Dreams in Total Darkness" fue el single de adelanto y una de mis canciones del 2017. Brillante crescendo, guitarras desquiciadas y emoción made in The National, ese romanticismo suyo, que parece tibio, como la tranquilidad del suicida que acaba de cortar sus venas en un baño de agua tibia. Torch songs ante el abismo. "Dark Side of the Gym" es una baladaza (con el mejor título en siglos, por cierto) que se columpia entre los clásicos standards de los cincuenta y el croonerismo más clásico... hasta que irrumpe su coda final.

Este es, en fin, un disco que perpetúa la elegancia y finura compositiva de la banda, pero frente al anterior Trouble will find me, nadie podrá decir que The National se estancan, gracias a una producción expansiva que toca los arreglos orquestales y la electrónica ambiental Y sí, siguen siendo la mejor banda de rock para tomar el trono que han dejado hace años vacante los citados R.E.M. y los cada vez más desnortados Wilco.

23 septiembre 2017

Los juegos que me gustan y los que no.

Como en todo en la vida, como en cine, literatura, cómic o música, dentro del amplio espectro de una disciplina que nos gusta hay cosas que nos funcionan y cosas que no. Cuando eres, digamos, un profesional de la crítica de ese "algo" lo bueno es tener la apertura de miras para poder valorar las obras en sí mismas sean del género o escuela que sean, sin dejar de escuchar a tu Pepito Grillo interno (que te dice que el cine musical, en fin, no es lo tuyo) pero debiéndote a cierta objetividad.
En los juegos de mesa es exactamente igual: hay estilos y modelos de juegos que me gustan y otros que no. Y como aquí se trata de jugar, Pepito Grillo manda. No voy a comprarme algo que no me atrae nada, para que coma polvo en un estante/cajón...
Dentro del modesto bagaje que atesoro, reconozco que soy capaz de divertirme con un filler (tipo de juego sencillo que se caracteriza por su brevedad) tan bien como lo hago con un eurogame (juegos de reglas asequibles en los que la mecánica es lo importante y el tema, bueno, un pegote; no son eliminatorios -nadie abandona la partida mientras esta dura... se gana por puntos acumulados, generalmente-, y son breves) o un estratégico/de guerra (juego de mesa que recrea un enfrentamiento armado mediante reglas que simulan -con mayor o menor profundidad/exactitud- la tecnología, estrategia y organización militar usada en dicha reyerta).
Los abstractos, esto es, carentes de tema, solo una mecánica... lo más parecido al Tetris sobre una mesa, para entendernos, no son mucho lo mío, pero vamos, si el juego es entretenido porqué no... Pero sí, prefiero que el juego sea una incorporación a un tema, que haya un discurso detrás de sus dados y mazos de cartas. Y ya puestos, prefiero que ese tema sea basado en la historia.
Juego basado en la expedición de Lewis y Clark, la primera llevada a cabo por estadounidenses que cruzó el oeste de los actuales EEUU (Lewis & Clark, la expedición, editado por Ludonaute), y el cuadro Lewis and Clark on the Lower Columbia (1905), de Charles M. Russell.  

Es curioso, en la narrativa eso de "basado en un hecho real" me suele poner en alerta, ya que en general las películas, novelas, cómics que se apoyan en esa coletilla suelen...apoyarse demasiado en ella. En fin, que en ocasiones son obras flojas en sí mismas, contentas con "basarse en hechos reales". Pero un juego de mesa no es una obra de narración, ni lo veo como una disciplina artística (no es demérito, simplemente, es otra cosa). Como algo lúdico que te transporta a una historia durante un rato de suspensión de la irrealidad a través de un tablero, cartas, etcétera, cuando se basa en hechos históricos me provoca una curiosidad posterior sobre "los acontecimientos a los que he jugado". Por así decir, ese apropiacionismo como jugador, de unos sucesos, tiempos y lugares me lleva a querer indagar en dichas circunstancias históricas (un poco, un par de posts en la red, wikipedia... ¡no nos volvemos locos!)

Los juegos que sin embargo me pueden, y directamente tiendo a pasar totalmente de ellos (aunque son los que gustan a los niños pequeños, por lo general, y a alguno he pandado) son los juegos de ... "de reflejos". ¡Sube a la mesa una nueva carta, comprueba entre sus 27 formas y 14 colores cuáles son los que se repiten TRES veces y roba la carta antes que los demás jugadores!!" Por favor, qué coñazo/estrés. Prefiero mirar coches por la ventana. Digamos en analogía deportista que soy más de golf que de pádel o ping pong...
Dicho de otro modo, aunque entiendo su pertinencia con niños de por medio, para mí el Infierno podría ser una eternidad así:



21 septiembre 2017

No te cambias de década.

He caído en una cosa nueva, de un canal de esos que emiten cosas nuevas, Me cambio de década. Lo venenoso y nauseabundo de ese programa, de esa cosa nueva, es que es una enorme mentira que hace de pomada mental para los incautos que se lo crean o que pasen por alto todo en beneficio del "es un espacio de añoranza, cariñoso". Cariñoso mi gato (no tengo, pero de tenerlo sería cariñoso).
Punto.
La mecánica del asunto es coger a una familia, y vete tú a saber porqué se prestan ellos, pero el programa los lleva a "los sesenta", "los setenta"...
Les viste ad hoc (aunque durante diez años no cambian de moda, como si "los sesenta" fuesen un todo), les meten en "casas Cuéntame" y les ponen un seiscientos para que hagan el gilipollas delante de nuestras narices.
Que me parece gracioso, yo también he sonreido con el Cine Exin, pero vamos, la imagen sesgada, mema y apolítica del franquismo...
Los simpáticos guateques...
La pizpireta moda de entonces...
...convierte este programa en algo cuanto menos falso. O eso o es el perfecto retrato de la España franquista avestruza, los que "no se metían en política". Eran muchísimos, y quién les culpa de nada, por supuesto. Pero perpetuar esa tristeza de otros tiempos en 2017, manteniendo "un largo silencio" cuando, en fin, lo que tendríamos es que estar hablando de una época terrible... no, este programa no viaja al pasado. Es otra cosa. Esto es telebasura de terciopelo, sin gritos, sin frikis, sin hijos de famosos ni ex de toreros, pero de discurso al menos discutible, cuando no sencillamente peligroso.
El tag de Teleresiduos pocas veces ha estado tan justificado. 

16 septiembre 2017

Mogwai: Every Country’s Sun

Me gustan Mowai porque me gustan las máquinas de sonidos, de ambientes y texturas, y en esa liga juegan los de Glasgow. Cuando debutaron casi vinieron para ocupar el trono sounmaker de Kevin Shields (My Bloody Valentine) allá en los noventa. Pero disco a disco su propuesta ha perdido, inevitablemente y quizá por ser francamente prolíficos y trabajadores, sorpresa y frescura. Así que ahora solo queda, ya que la forma y la fórmula nos la conocemos, ver si la inspiración les ha acompañado.
Every Country’s Sun no ofrece sorpresas. Son once perlas de atmósferas entre el vapor y la lava, con crescendos de vértigo, con coqueteos electro, donde el dominio de los ambientes y el tempo sigue siendo espectacular. Nada que no puedas decir que hicieron más y mejor hace 15 años, vale. Nada que sus imitadores consigan superar, eso también.
Así que bueno, Mogwai no son ya una de esas bandas que jalona listas de fin de año, ni creo que les importe un pijote. A ellos con poder girar, sacar discos y hacer bandas sonoras de vez en vez, parece que les vale. Y a mí me valdrá si, como decía, a su viaje ombliguista le acompaña la inspiración. Every Country’s Sun comienza con "Coolverine", que sí, es inspirada. Endemoniadamente inspirada, con su crescendo delicado, tenso pero plácido. Es inspirado también el pepinazo casi pop "Party in the dark" con una melodía clara y pegadiza (algo bastante inusual en Mogwai, por cierto) y es muy inspirada la banda en las cabalgada hacia el desboque de "Don't belive the fire" o "Crossing the road material", que calificaría de saltarina si no fuera porque en algún momento indeterminado de su minutaje el salto no fuese al vacío, caída al precipicio de sus volcánicas guitarras de toda la vida (de hecho en este disco Mogwai vuelen a la distorsión más desatada, como no recuerdo quizá desde Mr. Beast). Buena hostia a mano abierta es "Old Poisons" que recupera su gusto por el nu metal, y muy interesantes las pinceladas originales de "Battered at a scramble", que se mira en el krautrock alemán más space de unos Amon Düül II.
Así pues, si eres de los que siguen a Mogwai de toda la vida no le des más vueltas. No van a salvar al rock (eso lo hicieron ya con Young Team en 1997) pero sí que entregan un buen larga duración, que  los muestra en forma, fibrosos e intensos. Everything's Alright Forever.

14 septiembre 2017

Fallece Grant Hart. Sorry somehow.

En mi cabeza están Hüsker Dü en un bucle, ahora mismo... Grant Hart ha muerto, él era con Bob Mould el motor de ese autobús hardcore que pasó de ser desbocado a experimental y finalmente melódico (Greg Norton sería las bujías con su bajo).
Y Hart es con Hüsker como... como el big bang de toda la música que me más gusta. Supe de ellos con 16 años a través del Rockdelux, demasiado bisoño, yo, para atreverme entonces, 1986, con su hardcore. Pero lo suficientemente adulto como para retener que ellos eran los padres de un sonido, en muchos sentidos, que heredaban casi todas las "nuevas bandas" de mi juventud, cuando empecé a escuchar pocos años más tarde a The Jesus and Mary Chain, My Bloody Valentine, Pixies o a bandas oscurísimas y de tercera fila como Straitjacket Fits, Buffalo Tom o unos aún anónimos Lemonheads. O unos tales Nirvana, también.
Me "atreví" con los Dü cuando caí rendido ante Sugar, la banda de Bob Mould de los noventa. Me atreví con "Candy Apple Grey", luego "Warehouse", un día pude escuchar esa burrada que era y es su debut, y no lo compré (aún era "demasiado" para mí), y en Zaragoza, con los treinta cumplidos, me dije, "hasta aquí"; y me hice con "Zen Arcade". Años más tarde, "New Day Rising"... Lo que para muchos son The Stooges, Creedence Clearwarer o Led Zep lo es para mí H.Dü.
Cuando tenté las aventuras post Hüsker de Hart no me encandilaron, aunque su garganta abrasadora siempre, siempre me pareció superior, distintiva, ubicando al personaje muy por encima de tanto grupito a la moda generation X que bebía directamente de él.
Hart es una forma de entender la música, muy fuck you y muy fuck it all. Mi reverencia

13 septiembre 2017

Nace 2d6 Magazine, revista en línea sobre juegos de mesa

Nace 2d6Magazine. Esto es bueno. Para mí siempre es bueno que nazca una revista cultural.
De momento parece... pertinente, la idea de un magazine centrado en lo que se edita en España en juegos de mesa (seguro que pronto veremos sección de "importación", en sintonía con el mercado actual) y que atiende a todo tipo de juegos, de los más sesudos de guerra a los más ligeros "party/pulpo animal de compañía", de juegos para usuarios "avezados" a los inevitables "juegos familiares" y para atraer al non-connaisseur.
No procede con un n.º cero meterse a diseccionar lo que veo, demos tiempo a que el primer número oficial salga en diciembre, y deseemos suerte a la nueva criatura.

27 agosto 2017

Las vacaciones del Sr. Bartual



Así comenzaba todo.
Manuel Bartual es director de cine y autor de cómics, entre otras cosas. Es un NARRADOR.
Durante siete días, Bartual nos ha contado en Twitter sus vacaciones. O algo así. Ese relato le ha convertido en una de las cosas más seguidas en internet ¡a nivel mundial! Y ha involucrado a miles de personas que han seguido cada twitt y comentado cada nuevo pasaje (incluyendo a varios personajes muy famosos como José Coronado o Iker Casillas, o instituciones como Netfix España y HBO España, o la mismísima Guardia Civil). Los comentarios (ver el primer twitt arriba reproducido) se sucedían vertiginosamente, superando los mil en un minuto escaso.
El fenómeno, lógico, no ha gustado a todo el mundo. Pero entre los detractores se advierte una alarmante falta de base sólida en la crítica.
He leído dos formas de "crítica" al fenómeno "las vacaciones de Bartual" y las dos muy endebles.
Una pasa por la credulidad/incredulidad. El lector que se siente engañado o el que ningunea el experimento "porque no hay quien se lo crea". Es evidente que el relato juega con los códigos narrativos del mismo modo que el subgénero del mockumentary, por ejemplo (sin serlo, ojo). Y sí, hay quien se ha cabreado ante la visión de un mokumentary, incluso cuando avisa de que lo es (recuerden el Golpe de Estado en Salvados). Por tanto ser mentira, pretendiéndose verdad, es una característica del producto al menos durante su arranque (luego, evidentemente, es pura ci-fi), y parte intrínseca de su valor de ruptura (las rrss se han entendido generalmente como plataforma de expresión personal -hasta el punto de poder constituir delito lo que en ellas expreses-, o como vía de publicidad "capitalista"... no tan a menudo como canal para la creación)
Otro ataque, que apunta también al lector del asunto, sería el de "póngase a leer un libro en vez de esto". Como si la gente que lee twitter NUNCA leyese otra cosa, ni viese cine por el hecho de que Bartual emplea grabaciones caseras en su relato. Una necedad, cero caso.
Me encantará leer una crítica severa al relato #Manuel, pero que se asiente en bases sólidas: su calidad intrínseca, si es o no novedoso... ¿mi opinión personal? para mí sí que tiene calidad y sí, es enormemente novedoso (cierto, no en sí mismo, literatura en redes, alo preexistente, sino como hecho global: literatura en redes convertida en una construcción casi universal), y creo que saldrán análisis al respecto, porque menuda tela lo que nos ha dado Bartual estos siete días.
Además de lograr un nuevo "zeigest" en estos tiempos de furia on line, donde todo son culos apretaos y cabreo e indignación 2.0 ante todo (en ocasiones, muy lógica, otras no tanto), el relato de las vacaciones de Bartual ha sido algo ingenioso, con mucho humor como casi siempre en su obra, y que ha puesto a todo dios (Trending Topic MUNDIAL, dudes!) de muy buen humor (ahí están los miles de comentarios en cada twitt, muchos fascinantemente brillantes, generando un relato coral, reticular, diferente a todo lo que yo conozco).
Solo por esto, por cambiar nuestro bioritmo anímico durante unos pocos días, es una de las mejores cosas que han sucedido en 2017.
Nos la has colado bien, Manuel Bartual, ¡GRACIAS!

PD: Antes de tuitear su historia Bartual tenía 16.500 followers. Hoy tiene 431.000 (y lo que venga). Y tanto talento como siempre. Ojalá esto revierta de algún modo en más posibilidades para crear. De eso se trata.

23 agosto 2017

Una serie de catastróficas desdichas (serie, Netfix)

La serie de libros de Lemony Snicket (alias de Daniel Handler) ya se tanteó con una película hace años, con Jim Carrey como principal reclamo. Ahora Netflix crea la serie, que traslada a la pequeña/media pantalla los diferentes libros originales con resultados, digamos, contradictorios.
Su estructura es limpia: cuatro historias -cuatro libros- contenidas cada una de ellas en dos capítulos. La producción es impoluta: una reconstrucción con tintes oníricos de un ambiente entre Charles Dickens y la saga de Harry Potter (serie que es prácticamente coetánea a la de Snicket, a la que se adelantó en su estreno en un par de años) con mucho de Tim Burton. Las interpretaciones son ajustadas, histriónicas e impregnadas de un humor muy británico, irónico y más latente que explosivo.
Un producto bien empaquetado, por tanto, que no obstante se desinfla a partir del segundo "ciclo".
Quizá el problema provenga de la serie literaria original (que desconozco), su reiteración argumental, el débil macguffin que suponen los padres de los huérfanos Baudelaire...  O quizá de que los ambientes "timburtonianos" saturan.
En todo caso, a los hechos empíricos me remito, el producto, en su impecable producción y humor inteligente, gusta a los niños (pongamos de diez anos para adelante) y no molesta a sus padres. Aunque termine por aburrirnos.

17 agosto 2017

La noche que cayó Pompeya

Un juego familiar que se adoba con un poquito de mala leche a la hora de jugarlo puede ser una perfecta solución para arreglar una tarde tostón, y en esa categoría entra de lleno este Pompeya ("la noche que cayó Pompeya" para los amigos).
La base es histórica, evidentemente, lo que supone ese plus que te dan algunos juegos (y que personalmente es lo que más me gusta de los "boardgames", muchas veces proponen una actividad lúdica con su parte digamos educativa y cultural). Pompeya, una próspera ciudad romana comercial, vive a la sombra del volcán Vesubio. En el año del consulado de Augusto y Vespasiano, 39 dC, se acaba la gracia: Pompeya y sus habitantes perecen bajo cenizas y lava.
No te esperes una suerte de "wargame sin guerras", una simulación sesuda... esto es un "eurogame", un juego familiar en el que el tema y la narración tienen un peso modesto frente a las mecánicas del jugar. Y esas mecánicas están bien afinadas, ¡por algo se vende como la "por fin recuperación de un clásico" en castellano...

El juego despliega un mapa de la urbe con su volcán tridimensional de cartón plastificado. Y se juega en dos etapas diferentes. En la primera el jugador va a ir colocando en la ciudad habitantes de "su familia" (esto es, peones de un color determinado), obedeciendo a una mecánica sencillita, de cartas.
Poblando Pompeya con fichitas de madera.
En la segunda etapa (o tercera, antes ya hay algún cambio, "presagios" que auguran malos tiempos...) entra en erupción el volcán merced a una carta escondida en el mazo. Cambian las reglas y empieza una suerte de carrera: hay que sacar fuera de la ciudad tantos de tus habitantes como puedas, antes de que la lava cubra Pompeya.
Estos ríos de magma los genera por turnos cada jugador (primero pone una loseta de lava en el tablero, luego mueve sus peones) y en su decisión de por dónde discurre la lava durante su turno, tratará de llevarse por delante peones de sus rivales. Aquí está la mala leche, ¡qué gustito malévolo da tirar las fichas de un rival dentro del volcán que preside el tablero!
Lava al trote y pompeyanos cocidos
Ganará la timba quien consiga sacar más ciudadanos de su bando.
Juego para 2-4 personas que funciona mejor a cuatro, que se puede jugar a partir de 10 años y con partidas de unos 45 minutos. Un juego de Klaus-Jürgen Wrede, el creador del superventas Carcassonne. Sencillo como un Aventureros al tren, pero con ese mojo-picón ya referido, la mala babilla, que seamos sinceros, entra bien si te lo tomas como un ingrediente más de la receta del juego.
Y cuanto más se juega, como debe ser con cualquier buen juego, más posibilidades tácticas le ves al asunto.
Si tienes paciencia y 20 minutos para gastar en estas cosas, aquí una gente se echa y explica una partida:

16 agosto 2017

THE JESUS AND MARY CHAIN, Damage and joy

Entre 1985 y 1988 fueron la mejor banda de rock del planeta. Una ruptura inigualada y radical (Psychocandy), un lavado de cara a la tradición (Darklands). Luego, discos notables y regulares dentro de una capacidad para escupir melodías redondas siempre.
The Jesus and Mary Chain fue el invento de dos hermanos que tras veinte años de carrera musical llegaron a odiarse y que no hicieron jamás ascos a los excesos tóxicos. La cosa acabó a hostias literalmente (sobre un escenario) y fin.
Una década más tarde, limadas asperazas fraternales y comprobado el estado de las cuentas bancarias, la Cadena vuelve a existir. Pero sin tensión.
Damage and joy es un disco correcto con un puñado de canciones buenas. Canciones que recuerdan a su legado. Así que bueno, nadie mejor que ellos para imitarse. "War on peace" tiene esa cadencia de medio tiempo venenoso corrompido en su tramo final (por un ritmo casi frenético para sus estándares); "All things pass" parece una cara B de la camada de singles de Honey's dead, disco de 1991 en el que coquetearon con los ritmos bailables; "Son for a secret" sería un timo (es, casi literalmente, su viejo single "Sometimes Always") si no fuese tan bonita, "The two of us" tiene un estribillo perfecto, y recuerda a "April Skies", por ejemplo, y en "Get on home" aparece el ruido blanco.
Falta en todo el potaje eso, precisamente: ruido y sangre, la tensión eléctrica se ha quedado prácticamente como un testigo puntual. No tengo la sensación que transmitía Darklands, aquella obra maestra que rebajó el octanaje para crear un espacio nuevo, ajeno a la distorsión loca. Más bien aquí todo me transmite que donde pudo haber sangre (muchos temas ganarían con más electricidad en Damage and joy) me han dado horchata, un disco ablandado.
Un disco ablandado, un disco-eco, pero en fin, no un mal disco. Si has sido fan (y yo he sido MUY fan) la escucha es afable, como reencontrarte con tu colega de 1º de carrera veinte años más tarde. No es lo mismo, pero aquellas juergas aún chispean en el fondo de la mirada.

27 julio 2017

"Veraneando entre tableros"

El pasado viernes tuve la oportunidad de publicar en Faro de Vigo un texto introductorio sobre los juegos de mesa, con el tema del jugar en familia, y en verano. Y atendiendo tanto a algunas novedades como a juegos que yo he jugado y de los que por tanto puedo hablar, y hasta opinar.
Con el pudor de quien se considera seguidor y curioso, además de receptivo, pero no experto en el tema, he entregado este texto:
Lo que veo claro es, a nivel gráfico, lo atractivo que queda en la página del diario un texto con este tema. Para muestra, el botón (se amplía abriendo la imagen en una nueva pestaña):


09 julio 2017

Escena final de The Apartment (1960) de Billy Wilder

Quien no haya visto El Apartamento que deje de leer esto y la busque, denodadamente, y la vea. Es un fallo de sistema en su vida, garrafal pero de fácil solución. Y aquí va de spoiler como una catedral, añado.
El caso es que ayer la emitieron en un canal local, y ha vuelto a dejarme totalmente boquiabierto. Billy Wilder firma una obra maestra de la historia del cine, no soy de usar ese latiguillo, pero si no procede en El Apartamento, entonces la frase no sirve para nada. Todo cuadra en la cinta, es una obra de clasicismo y modernidad equilibrados, tanto como lo están la comedia y el drama, su guión es superlativo, ladirección artística soberbia (el diseño de la oficina es una virguería) y se redondea con unos Jack Lemmon y Shirley MacLaine deslumbrantes, en el mejor trabajo de sus carreras.

Tras rodar Con faldas y a lo loco, entregando uno de los finales más famosos del cine, en El Apartamento, y no me acordaba (la había visto hace unos 20 años o más) vuelve a entregar un cierre absolutamente brillante. Resume lo que decía, el equilibrio entre drama y comedia, también entre la emoción y la contención. Usa unos planos modernísimos, una fotografía de campanas (menudas gamas de grises, qué contraste atmosférico logra entre la fiesta del inicio y las escenas finales en el apartamento), el montaje es una lección, la música en fin... y por supuesto exhibe a dos actores descomunales (los rostros de Shirley MacLaine expresan con una exactitud meridiana sin necesidad de verbalizar sentimientos o revelaciones) y un guión enorme (esos sentimientos, en el fondo, no son una información cerrada y son interpretables desde la mirada de cada espectador: ¿enamorada? para mí, sí, pero quién sabe cuándo ello sucede realmente, ¿en la fiesta?¿al escuchar el "disparo", al entrar en el apartamento? ¿O no es amor realmente lo que estamos presenciando?).
En fin, un tótem de película.

30 junio 2017

Strtike, ya ves tú qué bobada

Dentro de los juegos de mesa he descubierto que también se puede uno encontrar (además de con juegos complejos, esdrújulos y de partidas más largas que la proyección de Ghandi) juegos muy sencillos. Muy es MUY. Las reglas de La Oca como tesis doctorales por agravio comparativo, vamos. Juegos chorras pero que resultan juegos muy muy divertidos por su refinada mecánica.
Escribo en plural, que ocupa más caracteres, pero el caso es singular. Hablo de Strike, una chorrada como un piano de cola más divertida de lo que se puede reflejar en una entrada de blog.
Hay que jugar al juego para comprender que efectivamente, es cierto. Simple y divertido. Mucho, ambos extremos. Podría bautizarlo "efecto piedra papel tijera" si con ese juego de manos te rieses tanto como lo haces aquí.
Strike consiste en lanzar dados de uno en uno, hasta lograr que salgan caras repetidas. Los "unos" (que aquí son crucecillas) son eliminados. Los dados se arrojan a un anfiteatrillo de plástico con una base mullida que favorece el bote y rebote. Puedes intentar chocar dados. Si un dado se sale de la "arena" del mini coliseo, también es eliminado. Si no consigues caras repetidas, puedes tentar tu suerte y seguir tirando, o plantarte ante el riesgo de perder todos tus dados (y por tanto, la partida).
Se acabó, solo hay una regla más: si un jugador vacía la arena del anfiteatro llevándose dados repes o eliminando dados (imagínate, una tirada y todo cruces), el siguiente está obligado a arrojar toooodos sus dados y rezar par aeu salga alguna repetición que recuperar. Creedme, es divertido, una timba dura entre cinco y quince minutos (dependerá del número de jugadores, de dos a cinco) y se repiten partidas compulsivamente.
No es sofisticado, casi te lo puedes hacer en casa (aunque lograr el coliseo, la inclinación de sus paredes que hace fácil que los dados, al ser lanzados, se salgan y por tanto queden eliminados... bueno, será trabajoso conseguir algo así con un tazón de cereales) y sí, es una chorrada, pero divertida. Eso sí, el juego es de importación, yo lo regalé (fin de curso) vía la gran tienda de internet que todos conocéis, o se puede buscar también aquí.
El vídeo, bueno, como no encontré nada lo suficientemente breve, lo he apañado yo mismo 😊

28 junio 2017

Slowdive, de Slowdive

Tras 22 años de silencio una de las bandas más importantes del shoegazing 90's retorna. Lo hace con un disco homónimo que da pudor decirlo, pero podría ser que destrone su seminal Souvlaki del podio de mejor disco de la banda (banda referencia fundamental del género). ¿Se me están perdiendo? Shoegazing, mirazapatos por aquello de que en directo tenían que manejar una montaña de pedales de distorsión (asíq eu tocaban "mirándose los pies"), bandas que suben a las nubes a lomos de guitarras de gases más ligeros que el oxígeno, pero altamente inflamables. Ruido y melodía en suave fornicio sónico para llegar al éxtasis de la conciencia alterada sin químicas ni raíces arcanas.
 Rachel Goswell, Neil Halstead, un poco cabezas visibles del quinteto, han retomado el camino de esa música entre Cocteau Twins y The Jesus and Mary Chain, ignorando los desplazamientos hacia los lados de Pygmalion (1995) y volviendo a los bucles celestiales de guitarras distorsionadas, al folk con aires a Byrds en las melodías y dejes vocales de Halstead, a las voces seráficas en la garganta cristalina de Rachel Goswell. Alternas en "Slomo", un portal dorado a un disco que pide muchas y atentas escuchas por su producción exquisita y por sus detalles de hipnosis y éxtasis: las guitarras en bucle de "Star roving", los pianos minimalistas de "Falling Ashes", el crescendo dulce de "Sugar for the pill", la intensidad abrasadora de "Everyone knows"...
Desde M B V no había escuchado nada tan alucinante dentro del género, pero es normal, ellos (My Bloody Valentine, Slowdive) son en buena medida los creadores de ese sonido celestial y tormentoso al tiempo. No debería extrañarnos que tuvieran la llave mágica que abre las puertas a todos los soles. Slowdive, el disco, las abre de par en par. Quemaos.

15 junio 2017

Los Guardianes de la Galaxia Vol. 2

Destensemos y echémonos unas risas. En internet parece que hay que estar cabreados constantemente, unidos los unos a los otros milagrosamente, podría decirse que hemos creado un conductor universal para la descarga (electrificante) de la contractura física y mental permanente.
Va, vamos al cine, vamos a ver Los guardianes de la Galaxia vol. 2. Segunda parte de la franquicia de franquicia de franquicias, o algo así, derivada de un universo en cuatricomía y hojas grapadas, este segundo volumen podría ser un más de lo mismo (no es poco, la "uno" me parece de lo más disfrutable del Marvel Cinematic Universe) pero resulta que desde su primera escena -una pelea nivel Vengadores Reuníos vista en segundo plano mientras un Baby Groot bailotea abstraído, inocente-, algo te lo va diciendo: más de lo mismo no, mejor que la anterior.
No te preocupes, no hay spoilers aquí. ¿Qué más da el argumento? Esto es una chisporroteante Space Opera pop, de colores chillones, de personajes con los que el guión se permite profundizar un poco (poquito, estamos en modo evasión a tope encendido), de efectos especiales colosales que no difuminan una buena dirección (hay varias escenas que me han parecido chulísimas, entre lo épico y lo minimal), y oye, con un sentido del humor que me ha sacado lágrimas: citas a David Hasselfoff y a Mary Poppins, humor grueso picantón con mención a partes bajas y pezones sensibles, y mucho espíritu Marvel macarrita, de grupo bien avenido pero que anda a la gresca interna todo el santo día.
Lo dicho, no te enfades, vete al cine a echar unas risas.

26 abril 2017

LOS PLANETAS, Zona temporalmente autónoma

Cuando Enrique Morente le dijo a Jota (cantante, compositor y líder de la banda granadina Los Planetas) que su conjura flamenca tenía la predicción de las estrellas, pues el primer cantaor flamenco registrado por la bibliografía se hacía llamar “El Planeta”, la mística y casi la cábala entraron en la elipse de rotación de los autores de “Una semana en el motor de un autobús” (1998). Aunque fuera como anécdota, el dato era curioso en un grupo de “estilo indie” ―el mencionado “motor” queda como, posiblemente, el mejor disco de rock alternativo nacional― que estaba iniciando una inaudita zambullida en las estructuras y tradiciones del flamenco con “La leyenda del espacio” (2007). Si la cuarta dimensión pertenecía a Camarón por pleno derecho, Los Planetas conquistaron las otras tres. El disco, una inmensidad cuya riqueza diez años más tarde no se agota, supuso el inicio de un ciclo nuevo donde las guitaras cósmicas y las asfixias de sonido escuela My Bloody Valentine convivían con el acervo de los palos jondos.
“Una ópera egipcia” (1998), con maravillosa portada de Max, ahondaba en esta premisa pero a la larga ofrece un caleidoscopio descompensado ―aunque notable―. A mayores, un maxi con una patada a los huevos de Montoro (“El duendecillo verde”, que abre el EP “Dobles fatigas” en 2015, con frases directas como “A mí no me amenaza nadie, me cago en tu puta madre”) y poco más.
Había que volver a la mística, parece, para ver editado un nuevo disco de Los Planetas. Vale, los miembros del grupo no han parado de trabajar en proyectos paralelos (Los Evangelistas, Grupo de Expertos Sol y Nieve, Los Pilotos…), y de acuerdo, hubo vaivenes hasta un presente de total independencia que habrán retrasado las cosas (tras abandonar RCA y El Segell del Primavera, ahora crean y publican desde su propio estudio y sello, El Ejército Rojo / El Volcán Música). Pero a mí me gusta pensar, como Morente, que el destino marca las cosas en la trayectoria de Los Planetas. Han pasado siete años desde su “ópera”, el anterior largo de la banda. Y este 2017 (siete) se ha descubierto Trappist-1, estrella cercana con un sistema solar que alberga siete planetas (¡siete!) escandalosamente parecidos a la Tierra. Era evidente que tocaba movimiento importante en la banda de Granada, y así tenemos “Zona temporalmente autónoma”, su nuevo trabajo. Ole el Misterio.

Arrancar con “Islamabad” es una apuesta valiente, porque la banda ya sabía que tenía entre manos una bomba de relojería: los “viejos indies” se acercan al trap, ese movimiento lenguaraz, urbano y radicalmente joven que hibrida electrónica y hip hop. Han reconstruido un tema de Jung Beef (“Ready pa morir”) llevándolo a su terreno de sonidos líquidos. Además de un portento sonoro, con un casi imperceptible crescendo saturado de emoción,  para su versión shoegazer Jota rehace la letra. De un tema de angustia sentimental, el original, pasamos a una radiografía en primera persona sobre el mundo actual y sus convulsiones socio políticas, enfermadas por la religión, envenedada por los radicalismos (“El hombre llama Dios a todo lo que no conoce”). Ya se dice por las redes sociales que es la mejor canción de Los Planetas. Quizá, o de las mejores.
El ambiente opaco del tema impera en la primera parte de “Zona temporalmente autónoma” (ZTA a partir de ahora). El segundo corte, “Una cruz a cuestas”, retoma además los aires flamencos (que se aparcaban en "Islamabad", y en términos generales en la mayor parte de melodías del disco) y en su seno Estrella Morente aporta voces. “Soleá” y “Seguiriya de los 107 faunos” inciden en ambientes espesos, asfixia sonora y palos del flamenco (ya desde su título, claro).
Si “Una ópera egipcia” reservaba para su tramo final la zona más “Leyenda”, en su último trabajo se atreven a abrir con el pack más difícil para el oyente medio (ese que sin embargo ya ha convertido al disco enel segundo nacional más vendido de la temporada en España), un regalo, no obstante, para los que admiren esa franja de música difícil en lo sónico pero emocionalmente enaltecedora, según el patrón de “Ya no me asomo a la reja” (incluida en “La leyenda del espacio”).
A partir de entonces el trabajo melódico y sonoro se aligera sin perder tacto. La producción de ZTA es posiblemente la mejor de su carrera, cada canción ofrece un festín de detalles, reverbs, sonoridades entrelazadas de vértigo. Lo cual dice mucho de la capacidad de la banda: “Hierro y níquel” suena liviana y saltarina, “Zona autónoma permanente” o  “Espíritu olímpico”―con coros de La Bien Querida― evocan a algunas bandas de rock ochentero como The Church o The Cure, y la orfebrería de cuerdas y palmas en “Porque me lo digas tú” pespuntea una letra naive sobre el amor.

Las letras son capítulo aparte: Los Planetas han crecido como todo ser vivo, así que los que busquen más fiestas farloperas y canciones generacionales que explican las bondades psicotrópicas de ciertas sustancias pueden esperar sentados. Ahora tenemos letras para querer más a tus hijos (la preciosa y acústica “Hay una estrella”), versos tomados de la tradición y mucho contexto político. De hecho el nombre del disco ya es un préstamo de un tratado de anarquismo para el siglo XXI, de Ben Hakim (sosias de Peter Lamborn Wilson). Así que sí, lo han vuelto a hacer. Uno de sus grandes discos, otro más, y un trabajo donde no hay ruptura o salto al vacío, pero sí depuración, madurez bien entendida y excelencia. Agarra tu guitarra roja, Los Planetas vuelven con la canción protesta, pero de la buena.

23 abril 2017

¡RESCATE!, un juego colaborativo

Lo normal es pensar en el ajedrez, o el parchís. Se juega para competir y ganas sanamente. A veces no tan sanamente, va en la madurez del jugador.
Pero la moderna edad dorada de los juegos de mesa ha abierto el abanico de lo que es o puede ser un juego, hasta límites en ocasiones locos. No es nada loco sin embargo el concepto de "juego colaborativo". Se trata de jugar contra un tema-reto (una pandemia mundial, por ejemplo) y contra las mecánicas de las reglas del juego, para ganar todos o perder ante "la deriva de los acontecimientos".
¡Rescate! es un juego que los reyes magos le regalaron a mi hijo, a petición del susodicho. Quiero decir que es un juego para chavales a partir de diez años. Para uno a seis jugadores (esa es otra, sí, para jugar en solitario sin problemas). Lo cual no quiere decir que no lo disfrutes con cuarenta, no al menos en este caso.
La cuestión es que los jugadores adoptan el rol (y juegan con unos muñequitos muy logrados) de bomberos ante una casa en llamas. Mueves, haces cosas (apagas un fuego, abres un boquete en un muro para rescatar a personas...) y posteriormente con un sistema sencillo de dados, aumentas el fuego por la vivienda, que se propaga incansablemente.
Meta del juego: salvar a siete personas encerradas en la casa, antes de que esta sea arrasada por las llamas. ¡O ganamos todos o se va todo al traste!El juego tiene versión principiante y versión avanzada. A la primera puede jugar literalmente cualquiera, diría que La Oca tiene más reglas. Sin embargo es mucho más divertido que La Oca, pues conserva en su elementariedad una tensión creciente importante.
Bomberos en acción, la eficacia del trabajo en equipo.

El tablero es doble, ofrece en sus dos caras dos viviendas distintas (una mas sencillita).
Y la versión para jugadores "avanzados" es más compleja, se asigna diferentes funciones a cada jugador (conductor, experto en químicos, etc), aparecen en escena muchos más elementos (coche de bomberos, ambulancia, materiales altamente inflamables esparcidos por la casa...) y bueno, a verdad es que ayer echamos en casa una partida que... nos trituró 😅 Creo que pude mover dos veces antes de que las llamas se cargasen el edificio con todo lo que había dentro.
Bomberos de pacotilla, partida perdida.

Es lo que hay, ¡nadie dice que ser bombero es fácil o falto de peligrosidad!
¿Resumen? Muy simpático juego, que se juega en menos de una hora, ideal para evitar piques entre niños ante un tablero, aportando valores como la solidaridad, el espíritu colaborativo y el sentido espacial.
A mayores, del juego hay una expansión, "Alto riesgo", otra caja que añade más escenarios, más bomberos y reglas (supongo que más complejas).
Y bueno, cuando encuentro un youtube de una partida acelerada, de un minutillo, lo subo para que veas el percal:

30 marzo 2017

NARCOS

Este artículo puede contener spoilers como el destino del protagonista (aquí es donde os reís a carcajadas, ahora).

Narcos es posiblemente la serie que, con Stranger Things, más ha quitado el sueño a los capos de HBO. Más en el caso del boipic sobre Pablo Escobar, el narcotraficante, ya que por alma y hasta por temática parece un producto propio de la casa de The Wire. Pero es de Netfix. Bueno, que se maten entre ellos, nosotros a ver tele.
Y tele buena, porque Narcos es sin duda una buena serie. Engancha desde el minuto uno por las solapas y te empuja hasta su último capítulo, de los veinte que componen sus dos temporadas.
Lo primero que aprecio de esta docu-serie es que no renuncia a la más indisimulada ficción. Los hechos, muchos al menos, son fieles a los sucesos históricos. Pero ya sabemos que la historia es eso que luego interpretamos, en ocasiones dando resultados hasta opuestos en las conclusiones d elo sanalistas. Por eso la mirada clarísimamente scorsessiana, con la mitificación del delito sin sordina (brutalidades, vas a ver unas cuantas en Narcos, en la vida de Escobar), solo puede ser el mejor de los puntos de partida. "Basado en hechos reales", sí, aunque ya se avisa al inicio de cada capítulo que... bueno, hasta cierto punto. Y podemos tirar del hilo epistemológico y divagar sobre la naturaleza contradictoria del término "cinema verité", pero joder, lo bien que lo pasas viendo cada capítulo no da para sacar las pipas y llamar a Garci si no para disfrutar el ritmo de la ficción, el tema de apertura (de Rodrigo Amarante), el hábil recurso del narrador, la interpretación del brasileño Wagner Moura.
Da para sentir que el ritmo no decae, que la era de "gloria" de Escobar es tan loca y alucinante que parece una mentira inventada, y que la caída es siempre humanamente un viaje terrible, también para el mayor criminal. Se ha reprochado la empatía, la humanización del narcotraficante más sanguinario de todos los tiempos, pero al final las ficciones solo pueden superar los maniqueismos mediante la dosificación de sentimientos complejos. ¿O queríais ver veinte capítulos de la vida de Cráneo Rojo? No, ¿verdad? Entonces nos comemos a ese Pablo Escobar genial, cruel, megalómano, amante de su familia, putero infiel, honorable, traidor, asesino, carnicero bomba va bomba viene, que canta en la ducha y que es un pertinaz porrero (basado esto sí en hechos, no paraba, según he leído, de colocarse... aunque no tocaba su piedra filosofal, la cocaina)
Quizá me queda la pena de no haber visto la serie en versión original total. Siendo la mitad en castellano de Colombia, la irrupción del doblaje es una marcianada colosal, que hasta obstaculiza alguna escena. Escenas, por cierto, hay unas cuantas que ya son antológicas. Citaré sin desubrir nada mis dos o tres favoritas: la de "el arbolito" en el 2º capítulo; la culminante con el padre de Escobar; y sobre todo la del pequeño accidente de tráfico del policía de la DEA Steve Murphy con un ciudadano medellinense y su resolución.
¿El pero? No sé cómo van a dar continuación a una serie cuya razón de ser a no existe.

09 marzo 2017

APHEX TWIN: Selected Ambient Works 85-92

No soy un technokid, ya sabes, ni por edad ni por espíritu, pero en mi espiral (retomamos aquí, a ver si persisto) por los 1001 discos esenciales, he caído en el pope del género, Aphex Twin, y su reconocido Selected Ambient Works 85-92.

Pieza clave de la electrónica y obra más destacada del tecno de los noventa, que atesora grabaciones fechadas y ello da una pista: es un trabajo difícil, poliédrico, cambiante, creado al o largo de casi diez años. Pero con cosas fascinantes y con unos sonido que aún hoy, 25 años más tarde de su aparición en el mercado, suena excitante (o irritante o indiferente, según piezas... mis favoritas son aquellas que se desvanecen en el ambient)

26 febrero 2017

SLOWDIVE, Souvlaki, 1993

"When the sun hits", "Alison", "40 days" o "Machine Gun", comandada por la voz seráfica de Rachel Goswell, son perlas pulimentadas de aquel magma que ya se discernía en su debut: piezas etéreas de pop con poso oscuro (¿siniestro?), ánimo evanescente y efecto psicodélico. Guitarras en flor, orgasmos sónicos de ruido blanco alejándose del caos de The Jesus and Mary Chain y acercándose a la gaseosa belleza de Cocteau Twins. Sin inventar gran cosa y varios pasos por debajo de My Bloody Valentine (maestros en la evaporación sónica, exploradores del sonido del futuro).
Pero creo que, frente a lo que la prensa de la época acusaba, la banda de Neil Halstead, Rachel Goswell y compañía no eran meros segundones. En todo caso, seguidores. Y dentro de la escuela que patentó Kevin Shields (My Bloody Valentine), a la luz de Souvlaki (segundo largo de la banda de Reading, de 1993)... aventajados. Como Boo Radleys, en fin.
Porque además de esos magníficos cantos de sirena entre nubes de ruido evanescente, Souvlaki atesora perlas acústicas cercanas a Nick Drake ("Here she comes"), coqueteos con la electrónica como "Good day sunshine" (esos flirteos se deben, quizá, a la colaboración del mismísimo Brian Eno, y serán explorados en su tercer y de momento último trabajo, prácticamente un caleidoscopio post rock).
Quizá se trate de un disco (un grupo) demasiado colgado de las nubes, con peligro de ser visto como audiobello (gran palabro que lo dice todo: cursi/pretencioso), pero pienso que no llega a suceder, gracias a un puñado de canciones melódicamente soberbias, al cuidado por las atmósferas, muy trabajadas y nada efectistas, al ánimo experimental de temas como "Missing you" (coqueteos electro) o a la joya de la corona, "Souvlaki space station", uno de los himnos del movimiento shoegaze con "Soon" (My Bloody Valentine) o "Lazarus" (The Boo Radleys), capaz de hacerte volar sin despegar.

25 febrero 2017

Flotado sobre loscos

¿Puede la música crear estados alterados de conciencia? Estoy seguro de que está estudiado. Nunca he probado psicotrópicos, supongo que por miedo a sus efectos, pero en ocasiones, escuchando Loveless a volumen fuerte, con cascos, y sin luces, la alteración estaba ahí, aunque con total control, claro.
Las culturas chamánicas saben de eso, de la repetición rítmica, de la espiritualidad y la trascendencia de la música. Ian McCaye (Minor Threat, Fugazi) lo comentaba hace lustros en una entrevista: se ha perdido esa faceta de trascendencia en la música comercial.
Ahora creo que si me pudiera quedar escuchando este tema en bucle durante horas, enredado en esas guitarras, algo terminaría pasando en mi cabeza.
Son reflexiones sin más, ni tengo edad ni el temperamento para emocionarme más allá de lo prudente con la música, pero que no decaiga nunca su MAGIA.
El clip que acompaña tampoco es moco de pavo. Un viaje:

24 febrero 2017

Premios para juegos

asdor   02
En esta vida hay premios para casi todo, y los juegos de mesa no son excepción. Normal, dado que hablamos de uN sector en alza y con crecimiento continuado en ventas y popularidad los últimos años.
Estos son galos, y prestigiosos. Enlazo explicaciones de los jueGos, porque no doy para más. Ya sabes que en esto de los boardgames solo soy un aficionado recién llegado, desconozco todos y cada uno de los premiados y si diré que Scythe me apetece mucho.

As d’Or 2017 Enfant (As de Oro 2017 infantil): El cuco Kiko estrena nido, de Josep María Allué & Víktor Bautista i Roca (Haba, también en España)
El cuco Kiko estrena nido      

Fueron nominados además, Animouv, de Martin Nedergaard Andersen (Djeco) y Stone Age Junior, de Marco Teubner (Devir en España)

As d’Or 2017 Experts (As de Oro 2017 para personas  expertas): Scythe de Jamey Stegmaier (Maldito Games en España)
Scythe      
Fueron nominados además, Conan, de Frédéric Henry (Monolith) y Star Realms, de (Devir en España)
As d’Or 2017 Tout public (As de Oro 2017 para todos los públicos): Unlock, de Alice Carroll & Thomas Cauët & Cyril Demaegd (Prtóximamente por Asmodée Ibérica)
     
Fueron nominados además Código secreto, de Vlaada Chvatil (Publicado por Devir en España), Imagine, de Shingo Fujita & Motoyuki Ohki & Hiromi Oikawa (Asmodée Ibérica en España) y Kingdomino, de Bruno Cathala (Morapiaf en España.

21 febrero 2017

Gamificación del aula

Me parece interesante el uso en el aula de juegos de mesa. El potencial didáctico de un juego de tablero no es despreciable y hay varias editoriales y webs que ya están explorándolo. Y por supuesto, centros y profesores que aplican la llamada "gamificación" del aula.
Su empleo se da ya tanto en primaria como en secundaria, no se piense que hablamos de la ecuación juego-niño pequeño. Matemáticas, lengua, historia, atención a las competencias clave que deben promoverse en el aula... el potencial es enorme.
Jugando en el aula a Pandemic, un juego no competitivo, colaborativo. Los jugadores coordinan estrategias todos juntos para evitar una pandemia a nivel planetario. Geografía, biología, historia, competencias clave...

Supongo que lo difícil es adaptar el tiempo que engulle el recurso, aunque por lo que leo y me cuentan, el empleo de juegos de mesa suele gestionase como actividad de refuerzo en horarios de recreo, en el "aula de juegos", y cosas así. También puntualmente dentro del aula.

Este vídeo de la editorial Devir (editorial que tiene una "extensión educativa" entre sus departamentos que presta atención a las posibilidades didácticas y en la enseñanza de sus juegos) es ilustrativo al respecto. Y aunque trabaja más el proyecto en primaria, es extrapolable, obviamente, a secundaria e incluso bachillerato. Dieciséis minutos cortos con mucha chicha especialmente recomendado para docentes y padres (¡el juego en casa también educa!).



Y un bonus track o dos: este artículo del que saco la imagen es interesante y orientado a secundaria. Este otro, en el 20Minutos ofrece una panorámica, algún vídeo corto y varios enlaces de interés respecto al tema.

05 febrero 2017

Patchwork, de Uwe Rosenberg

Patchwork de Uwe Rosenberg, menuda tontería. ¡Y qué buen juego! 😃

Esto de los juegos de mesa tiene muy poco que ver con el cómic, pero podría decir que del mismo modo que obras de aparente sencillez formal como las de Tom Gauld encierran un discurso elaboradisimo de su trabajo y a dónde quiere llegar con su depuración formal, este juego, que en negro sobre blanco es algo muy minimal, supone un elaborado laberinto de buena diversión para dos jugadores.
Rosenberg es el creador de euroames superventas como Agricola, Le Havre o Caverna, y Patchwork es su última propuesta para las tardes lluviosas de domingo como la presente.
Botones, retales, patchwoks.

La idea es una cosa muy básica: dos jugadores compiten en hacer la colcha de retales más grande y completa, adquiriendo precisamente eso, retales (hazte una idea pensando en un Tetris, sus piezas, que debes encajar en el espacio de una plantilla de Hundir la flota). Entre ambos jugadores un tablero en espiral (tipo Oca, digamos) hace avanzar en el "tiempo" tu ficha. Al llegar al final del recorrido termina la partida y toca puntuar y ver quién gana.
El despliegue del juego

Así quedó la colcha ganadora (incompleta)
No quiero usar este blog para explicar reglas, menudo coñazo... pero diré de Patchwork que ofrece una disyuntiva (¿compro tiempo o compro retales?) que lo convierten en un pasatiempo divertidísimo, frugal (una partida dura menos de media hora), tenso y adictivo (jugarás dos timbas seguidas, lo apuesto).
Personalmente tengo ganas de ir hacia adelante en esto de los tableros, complicándome poco a poco la vida hasta recuperar el "nivel Civilización Avalon Hill" de mis viejos tiempos. Pero dada la riqueza del espectro "jugón" actual, reconocer que en ocasiones en vez de menús sesudos con dos platos y postre apetece un pincho, y reconocer que ese pincho es una delicatessen, tampoco me parece mala práctica.

Edita Maldito Games y ronda los quince euros. Tirado para los buenos ratos en pareja que os va a ofrecer, en serio.

27 enero 2017

Stage four, de TOUCHÉ AMORÉ

¿La mejor banda hardcore del s. XXI? Pues ni idea porque no estoy, ya, demasiado metido en la escena. Tras una década gloriosa, los noventa, parece que todo lo que escucho del género (que ya no es demasiado) peca de lo que aborrezco en la música: crean ejercicios de estilo, no vomitan desde el estómago. Mucho screamo, mucho pogo, mucho ruido de guitarras, mucha velocidad pero al fondo veo gente acomodada. Veo "jevis" del hardcore. No sé si me explico.
Al cantante de Touché Amoré le murió la madre por un cáncer y desató todo su estilo musical (cuarto disco de la banda) en este devastador disco de postcore angustiado. No está tan lejos del último Sufjan Stevens, aunque desde la perspectiva opuesta.
El resultado supone un disco muy salvaje y con todo lo que he comentado al inicio: alaridos, guitarras al rojo, y ritmos apisonadora que ni pinados para el stage diving. Pero todo supura verdad. Ira, angustia y preguntas existenciales maceradas en el dolor personal. Cuado Jeremy Bolm grita en  "Rapture",
Like a wave, like the rapture
Something you love is gone, something you love is gone
Someone you love is gone, someone you love is gone
It leaves you fractured.
...creo que cualquiera puede apreciar esa verdad, ese dolor que brota para mantenerse en pie el resto del día (o de la vida) tras las ausencia. El hardcore es circunstancial, un entorno para trasladar la intensidad interior,  pero además si lo miramos sin atender a todo lo que rodea al disco, sus circunstancias que son claves para apreciar esa verdad interna, este también es un pepinazo postcore como no escucho desde hace muchos años. Tensión, ritmos frenéticos con giros bruscos e inesperados, incursiones en paisajes melódicos cada dos por cuatro en medio del hardcore, incluso aparecen aires folk en "Skycrapper", con la aportación fundamental de la delicada Julien Baker.
Brutalidad post-hardcore, sí

Intensos. Muy intensos.

I see you, de The XX

La verdad es que The XX se han pasado el amenazante san Benito de difícil tercer disco por el Arco de Tito. Basta pinchar su obertura, "Dangerous", para contemplar cómo mantienen sus signos de identidad y a la vez caminan hacia adelante. Ritmos vívidos electro, trompetas tropicales, y dos voces que se plantan con poderío (qué bien canta Romy Madley y qué bien empasta su voz con la de Jaime XX).
No hay canciones sobrantes, todo entra con suavidad, y los sonidos son tersos pero granulosos. No lo digo plan cursi, quiero ser descriptivo con la capacidad de I see you de sonar casi corpóreo, como lo son una caricia y un apretón de manos. Los bajos percuten, dirigen el ritmo y son el pulmón de cada tema. Los parones, los silencios, esa marca de la casa XX, siguen ahí, más sutiles quizá, pero presentes y creando otra vez esa sensación de música misteriosa que su debut tan bien planteaba y su segundo largo transitaba con continuismo. Y a la fórmula incorporan más aires tecno, pop, soul... crean una playlist exquisita sin necesidad de linkear distintos artistas: The XX te llenan el Spotify con una exuberancia rara de encontrar en el pop comercial actual.
Esa es otra. Este disco debería copar listas de ventas y radios fofas, porque todo es sencillo al oído, tarareable a la 2ª escucha, perfectamente radiable y asimilable por audiencias masivas. No sucederá en España, siempre atenta a cantantes de talent shows (qué eufemismo, no hay talento en esos lugares) y a lo nuevo de los cuatro nombres sobados del podio mediático nacional.
Pero deshagámonos de la retranca para recomendar perlas de este disco, en el que insisto, todo son joyas, no hay sobrantes. Mas por destacar, “A violent noise” crece desde el silencio al afterhours más seductor, “Performance” es un baladón trágico de poso clásico,  y “On hold”, desde el arranque angélico hasta sus filigranas de bases, y programaciones pespunteando estribillos gloriosos, se postula como uno de los temas del 2017. Así da gusto empezar un año.