27 enero 2017

Stage four, de TOUCHÉ AMORÉ

¿La mejor banda hardcore del s. XXI? Pues ni idea porque no estoy, ya, demasiado metido en la escena. Tras una década gloriosa, los noventa, parece que todo lo que escucho del género (que ya no es demasiado) peca de lo que aborrezco en la música: crean ejercicios de estilo, no vomitan desde el estómago. Mucho screamo, mucho pogo, mucho ruido de guitarras, mucha velocidad pero al fondo veo gente acomodada. Veo "jevis" del hardcore. No sé si me explico.
Al cantante de Touché Amoré le murió la madre por un cáncer y desató todo su estilo musical (cuarto disco de la banda) en este devastador disco de postcore angustiado. No está tan lejos del último Sufjan Stevens, aunque desde la perspectiva opuesta.
El resultado supone un disco muy salvaje y con todo lo que he comentado al inicio: alaridos, guitarras al rojo, y ritmos apisonadora que ni pinados para el stage diving. Pero todo supura verdad. Ira, angustia y preguntas existenciales maceradas en el dolor personal. Cuado Jeremy Bolm grita en  "Rapture",
Like a wave, like the rapture
Something you love is gone, something you love is gone
Someone you love is gone, someone you love is gone
It leaves you fractured.
...creo que cualquiera puede apreciar esa verdad, ese dolor que brota para mantenerse en pie el resto del día (o de la vida) tras las ausencia. El hardcore es circunstancial, un entorno para trasladar la intensidad interior,  pero además si lo miramos sin atender a todo lo que rodea al disco, sus circunstancias que son claves para apreciar esa verdad interna, este también es un pepinazo postcore como no escucho desde hace muchos años. Tensión, ritmos frenéticos con giros bruscos e inesperados, incursiones en paisajes melódicos cada dos por cuatro en medio del hardcore, incluso aparecen aires folk en "Skycrapper", con la aportación fundamental de la delicada Julien Baker.
Brutalidad post-hardcore, sí

Intensos. Muy intensos.