26 abril 2017

LOS PLANETAS, Zona temporalmente autónoma

Cuando Enrique Morente le dijo a Jota (cantante, compositor y líder de la banda granadina Los Planetas) que su conjura flamenca tenía la predicción de las estrellas, pues el primer cantaor flamenco registrado por la bibliografía se hacía llamar “El Planeta”, la mística y casi la cábala entraron en la elipse de rotación de los autores de “Una semana en el motor de un autobús” (1998). Aunque fuera como anécdota, el dato era curioso en un grupo de “estilo indie” ―el mencionado “motor” queda como, posiblemente, el mejor disco de rock alternativo nacional― que estaba iniciando una inaudita zambullida en las estructuras y tradiciones del flamenco con “La leyenda del espacio” (2007). Si la cuarta dimensión pertenecía a Camarón por pleno derecho, Los Planetas conquistaron las otras tres. El disco, una inmensidad cuya riqueza diez años más tarde no se agota, supuso el inicio de un ciclo nuevo donde las guitaras cósmicas y las asfixias de sonido escuela My Bloody Valentine convivían con el acervo de los palos jondos.
“Una ópera egipcia” (1998), con maravillosa portada de Max, ahondaba en esta premisa pero a la larga ofrece un caleidoscopio descompensado ―aunque notable―. A mayores, un maxi con una patada a los huevos de Montoro (“El duendecillo verde”, que abre el EP “Dobles fatigas” en 2015, con frases directas como “A mí no me amenaza nadie, me cago en tu puta madre”) y poco más.
Había que volver a la mística, parece, para ver editado un nuevo disco de Los Planetas. Vale, los miembros del grupo no han parado de trabajar en proyectos paralelos (Los Evangelistas, Grupo de Expertos Sol y Nieve, Los Pilotos…), y de acuerdo, hubo vaivenes hasta un presente de total independencia que habrán retrasado las cosas (tras abandonar RCA y El Segell del Primavera, ahora crean y publican desde su propio estudio y sello, El Ejército Rojo / El Volcán Música). Pero a mí me gusta pensar, como Morente, que el destino marca las cosas en la trayectoria de Los Planetas. Han pasado siete años desde su “ópera”, el anterior largo de la banda. Y este 2017 (siete) se ha descubierto Trappist-1, estrella cercana con un sistema solar que alberga siete planetas (¡siete!) escandalosamente parecidos a la Tierra. Era evidente que tocaba movimiento importante en la banda de Granada, y así tenemos “Zona temporalmente autónoma”, su nuevo trabajo. Ole el Misterio.

Arrancar con “Islamabad” es una apuesta valiente, porque la banda ya sabía que tenía entre manos una bomba de relojería: los “viejos indies” se acercan al trap, ese movimiento lenguaraz, urbano y radicalmente joven que hibrida electrónica y hip hop. Han reconstruido un tema de Jung Beef (“Ready pa morir”) llevándolo a su terreno de sonidos líquidos. Además de un portento sonoro, con un casi imperceptible crescendo saturado de emoción,  para su versión shoegazer Jota rehace la letra. De un tema de angustia sentimental, el original, pasamos a una radiografía en primera persona sobre el mundo actual y sus convulsiones socio políticas, enfermadas por la religión, envenedada por los radicalismos (“El hombre llama Dios a todo lo que no conoce”). Ya se dice por las redes sociales que es la mejor canción de Los Planetas. Quizá, o de las mejores.
El ambiente opaco del tema impera en la primera parte de “Zona temporalmente autónoma” (ZTA a partir de ahora). El segundo corte, “Una cruz a cuestas”, retoma además los aires flamencos (que se aparcaban en "Islamabad", y en términos generales en la mayor parte de melodías del disco) y en su seno Estrella Morente aporta voces. “Soleá” y “Seguiriya de los 107 faunos” inciden en ambientes espesos, asfixia sonora y palos del flamenco (ya desde su título, claro).
Si “Una ópera egipcia” reservaba para su tramo final la zona más “Leyenda”, en su último trabajo se atreven a abrir con el pack más difícil para el oyente medio (ese que sin embargo ya ha convertido al disco enel segundo nacional más vendido de la temporada en España), un regalo, no obstante, para los que admiren esa franja de música difícil en lo sónico pero emocionalmente enaltecedora, según el patrón de “Ya no me asomo a la reja” (incluida en “La leyenda del espacio”).
A partir de entonces el trabajo melódico y sonoro se aligera sin perder tacto. La producción de ZTA es posiblemente la mejor de su carrera, cada canción ofrece un festín de detalles, reverbs, sonoridades entrelazadas de vértigo. Lo cual dice mucho de la capacidad de la banda: “Hierro y níquel” suena liviana y saltarina, “Zona autónoma permanente” o  “Espíritu olímpico”―con coros de La Bien Querida― evocan a algunas bandas de rock ochentero como The Church o The Cure, y la orfebrería de cuerdas y palmas en “Porque me lo digas tú” pespuntea una letra naive sobre el amor.

Las letras son capítulo aparte: Los Planetas han crecido como todo ser vivo, así que los que busquen más fiestas farloperas y canciones generacionales que explican las bondades psicotrópicas de ciertas sustancias pueden esperar sentados. Ahora tenemos letras para querer más a tus hijos (la preciosa y acústica “Hay una estrella”), versos tomados de la tradición y mucho contexto político. De hecho el nombre del disco ya es un préstamo de un tratado de anarquismo para el siglo XXI, de Ben Hakim (sosias de Peter Lamborn Wilson). Así que sí, lo han vuelto a hacer. Uno de sus grandes discos, otro más, y un trabajo donde no hay ruptura o salto al vacío, pero sí depuración, madurez bien entendida y excelencia. Agarra tu guitarra roja, Los Planetas vuelven con la canción protesta, pero de la buena.

4 comentarios:

Carlos Marin dijo...

Yo no soy tan entusiasta con el nuevo disco. Sí que creo que han debido trabajar mucho las melodías y el sonido, pero los ritmos y letras del cancionero flamenco popular me suenan ya a algo muy oído y repetido. Jota parece haber perdido la chispa compositiva pero claro los años no perdonan. Aun así tienen canciones geniales como Islamabad o Hay una estrella donde escucho al Jota sincero. Eso sí, los vi en directo la semana pasada en Madrid y estuvieron enormes y generosos como nunca.
Esperamos, por nuestro bien, que siga el misterio muchos años más.
Gracias por compartir. Saludos¡¡¡

Octavio B. (señor punch) dijo...

A mí sin embargo el disco "me crece" a cada escucha.
Es cierto que ha perdido el factor sorpresa pero por otro lado los amantes de "los viejos Planetas" tienen en parte lo que pedían, no una vuelta radical al sonido anglosajón de antes, pero sí un equilibrio mucho mayor que en la ópera (y que, por descontado, en la Leyenda). A mí este equilibrio me fascina.
Gracias por comentar, algo que parece que ya no se estila en los pocos blogs que resisten, y que no deja de ser parte del juego ;)

Juan Agustí dijo...

Nunca me gustaron los Planetas. Nunca. Hasta que escuché Islamabad.

Octavio B. (señor punch) dijo...

Islamabad es gloriosa pero, desde luego, muy "planetaria", en la línea recta que cruza Segundo Premio y Ya no me asomo a la reja, con otras paradas anteriores y posteriores.