28 junio 2017

Slowdive, de Slowdive

Tras 22 años de silencio una de las bandas más importantes del shoegazing 90's retorna. Lo hace con un disco homónimo que da pudor decirlo, pero podría ser que destrone su seminal Souvlaki del podio de mejor disco de la banda (banda referencia fundamental del género). ¿Se me están perdiendo? Shoegazing, mirazapatos por aquello de que en directo tenían que manejar una montaña de pedales de distorsión (asíq eu tocaban "mirándose los pies"), bandas que suben a las nubes a lomos de guitarras de gases más ligeros que el oxígeno, pero altamente inflamables. Ruido y melodía en suave fornicio sónico para llegar al éxtasis de la conciencia alterada sin químicas ni raíces arcanas.
 Rachel Goswell, Neil Halstead, un poco cabezas visibles del quinteto, han retomado el camino de esa música entre Cocteau Twins y The Jesus and Mary Chain, ignorando los desplazamientos hacia los lados de Pygmalion (1995) y volviendo a los bucles celestiales de guitarras distorsionadas, al folk con aires a Byrds en las melodías y dejes vocales de Halstead, a las voces seráficas en la garganta cristalina de Rachel Goswell. Alternas en "Slomo", un portal dorado a un disco que pide muchas y atentas escuchas por su producción exquisita y por sus detalles de hipnosis y éxtasis: las guitarras en bucle de "Star roving", los pianos minimalistas de "Falling Ashes", el crescendo dulce de "Sugar for the pill", la intensidad abrasadora de "Everyone knows"...
Desde M B V no había escuchado nada tan alucinante dentro del género, pero es normal, ellos (My Bloody Valentine, Slowdive) son en buena medida los creadores de ese sonido celestial y tormentoso al tiempo. No debería extrañarnos que tuvieran la llave mágica que abre las puertas a todos los soles. Slowdive, el disco, las abre de par en par. Quemaos.

No hay comentarios: