27 julio 2017

"Veraneando entre tableros"

El pasado viernes tuve la oportunidad de publicar en Faro de Vigo un texto introductorio sobre los juegos de mesa, con el tema del jugar en familia, y en verano. Y atendiendo tanto a algunas novedades como a juegos que yo he jugado y de los que por tanto puedo hablar, y hasta opinar.
Con el pudor de quien se considera seguidor y curioso, además de receptivo, pero no experto en el tema, he entregado este texto:
Lo que veo claro es, a nivel gráfico, lo atractivo que queda en la página del diario un texto con este tema. Para muestra, el botón (se amplía abriendo la imagen en una nueva pestaña):


09 julio 2017

Escena final de The Apartment (1960) de Billy Wilder

Quien no haya visto El Apartamento que deje de leer esto y la busque, denodadamente, y la vea. Es un fallo de sistema en su vida, garrafal pero de fácil solución. Y aquí va de spoiler como una catedral, añado.
El caso es que ayer la emitieron en un canal local, y ha vuelto a dejarme totalmente boquiabierto. Billy Wilder firma una obra maestra de la historia del cine, no soy de usar ese latiguillo, pero si no procede en El Apartamento, entonces la frase no sirve para nada. Todo cuadra en la cinta, es una obra de clasicismo y modernidad equilibrados, tanto como lo están la comedia y el drama, su guión es superlativo, ladirección artística soberbia (el diseño de la oficina es una virguería) y se redondea con unos Jack Lemmon y Shirley MacLaine deslumbrantes, en el mejor trabajo de sus carreras.

Tras rodar Con faldas y a lo loco, entregando uno de los finales más famosos del cine, en El Apartamento, y no me acordaba (la había visto hace unos 20 años o más) vuelve a entregar un cierre absolutamente brillante. Resume lo que decía, el equilibrio entre drama y comedia, también entre la emoción y la contención. Usa unos planos modernísimos, una fotografía de campanas (menudas gamas de grises, qué contraste atmosférico logra entre la fiesta del inicio y las escenas finales en el apartamento), el montaje es una lección, la música en fin... y por supuesto exhibe a dos actores descomunales (los rostros de Shirley MacLaine expresan con una exactitud meridiana sin necesidad de verbalizar sentimientos o revelaciones) y un guión enorme (esos sentimientos, en el fondo, no son una información cerrada y son interpretables desde la mirada de cada espectador: ¿enamorada? para mí, sí, pero quién sabe cuándo ello sucede realmente, ¿en la fiesta?¿al escuchar el "disparo", al entrar en el apartamento? ¿O no es amor realmente lo que estamos presenciando?).
En fin, un tótem de película.