23 septiembre 2017

Los juegos que me gustan y los que no.

Como en todo en la vida, como en cine, literatura, cómic o música, dentro del amplio espectro de una disciplina que nos gusta hay cosas que nos funcionan y cosas que no. Cuando eres, digamos, un profesional de la crítica de ese "algo" lo bueno es tener la apertura de miras para poder valorar las obras en sí mismas sean del género o escuela que sean, sin dejar de escuchar a tu Pepito Grillo interno (que te dice que el cine musical, en fin, no es lo tuyo) pero debiéndote a cierta objetividad.
En los juegos de mesa es exactamente igual: hay estilos y modelos de juegos que me gustan y otros que no. Y como aquí se trata de jugar, Pepito Grillo manda. No voy a comprarme algo que no me atrae nada, para que coma polvo en un estante/cajón...
Dentro del modesto bagaje que atesoro, reconozco que soy capaz de divertirme con un filler (tipo de juego sencillo que se caracteriza por su brevedad) tan bien como lo hago con un eurogame (juegos de reglas asequibles en los que la mecánica es lo importante y el tema, bueno, un pegote; no son eliminatorios -nadie abandona la partida mientras esta dura... se gana por puntos acumulados, generalmente-, y son breves) o un estratégico/de guerra (juego de mesa que recrea un enfrentamiento armado mediante reglas que simulan -con mayor o menor profundidad/exactitud- la tecnología, estrategia y organización militar usada en dicha reyerta).
Los abstractos, esto es, carentes de tema, solo una mecánica... lo más parecido al Tetris sobre una mesa, para entendernos, no son mucho lo mío, pero vamos, si el juego es entretenido porqué no... Pero sí, prefiero que el juego sea una incorporación a un tema, que haya un discurso detrás de sus dados y mazos de cartas. Y ya puestos, prefiero que ese tema sea basado en la historia.
Juego basado en la expedición de Lewis y Clark, la primera llevada a cabo por estadounidenses que cruzó el oeste de los actuales EEUU (Lewis & Clark, la expedición, editado por Ludonaute), y el cuadro Lewis and Clark on the Lower Columbia (1905), de Charles M. Russell.  

Es curioso, en la narrativa eso de "basado en un hecho real" me suele poner en alerta, ya que en general las películas, novelas, cómics que se apoyan en esa coletilla suelen...apoyarse demasiado en ella. En fin, que en ocasiones son obras flojas en sí mismas, contentas con "basarse en hechos reales". Pero un juego de mesa no es una obra de narración, ni lo veo como una disciplina artística (no es demérito, simplemente, es otra cosa). Como algo lúdico que te transporta a una historia durante un rato de suspensión de la irrealidad a través de un tablero, cartas, etcétera, cuando se basa en hechos históricos me provoca una curiosidad posterior sobre "los acontecimientos a los que he jugado". Por así decir, ese apropiacionismo como jugador, de unos sucesos, tiempos y lugares me lleva a querer indagar en dichas circunstancias históricas (un poco, un par de posts en la red, wikipedia... ¡no nos volvemos locos!)

Los juegos que sin embargo me pueden, y directamente tiendo a pasar totalmente de ellos (aunque son los que gustan a los niños pequeños, por lo general, y a alguno he pandado) son los juegos de ... "de reflejos". ¡Sube a la mesa una nueva carta, comprueba entre sus 27 formas y 14 colores cuáles son los que se repiten TRES veces y roba la carta antes que los demás jugadores!!" Por favor, qué coñazo/estrés. Prefiero mirar coches por la ventana. Digamos en analogía deportista que soy más de golf que de pádel o ping pong...
Dicho de otro modo, aunque entiendo su pertinencia con niños de por medio, para mí el Infierno podría ser una eternidad así:



21 septiembre 2017

No te cambias de década.

He caído en una cosa nueva, de un canal de esos que emiten cosas nuevas, Me cambio de década. Lo venenoso y nauseabundo de ese programa, de esa cosa nueva, es que es una enorme mentira que hace de pomada mental para los incautos que se lo crean o que pasen por alto todo en beneficio del "es un espacio de añoranza, cariñoso". Cariñoso mi gato (no tengo, pero de tenerlo sería cariñoso).
Punto.
La mecánica del asunto es coger a una familia, y vete tú a saber porqué se prestan ellos, pero el programa los lleva a "los sesenta", "los setenta"...
Les viste ad hoc (aunque durante diez años no cambian de moda, como si "los sesenta" fuesen un todo), les meten en "casas Cuéntame" y les ponen un seiscientos para que hagan el gilipollas delante de nuestras narices.
Que me parece gracioso, yo también he sonreido con el Cine Exin, pero vamos, la imagen sesgada, mema y apolítica del franquismo...
Los simpáticos guateques...
La pizpireta moda de entonces...
...convierte este programa en algo cuanto menos falso. O eso o es el perfecto retrato de la España franquista avestruza, los que "no se metían en política". Eran muchísimos, y quién les culpa de nada, por supuesto. Pero perpetuar esa tristeza de otros tiempos en 2017, manteniendo "un largo silencio" cuando, en fin, lo que tendríamos es que estar hablando de una época terrible... no, este programa no viaja al pasado. Es otra cosa. Esto es telebasura de terciopelo, sin gritos, sin frikis, sin hijos de famosos ni ex de toreros, pero de discurso al menos discutible, cuando no sencillamente peligroso.
El tag de Teleresiduos pocas veces ha estado tan justificado. 

16 septiembre 2017

Mogwai: Every Country’s Sun

Me gustan Mowai porque me gustan las máquinas de sonidos, de ambientes y texturas, y en esa liga juegan los de Glasgow. Cuando debutaron casi vinieron para ocupar el trono sounmaker de Kevin Shields (My Bloody Valentine) allá en los noventa. Pero disco a disco su propuesta ha perdido, inevitablemente y quizá por ser francamente prolíficos y trabajadores, sorpresa y frescura. Así que ahora solo queda, ya que la forma y la fórmula nos la conocemos, ver si la inspiración les ha acompañado.
Every Country’s Sun no ofrece sorpresas. Son once perlas de atmósferas entre el vapor y la lava, con crescendos de vértigo, con coqueteos electro, donde el dominio de los ambientes y el tempo sigue siendo espectacular. Nada que no puedas decir que hicieron más y mejor hace 15 años, vale. Nada que sus imitadores consigan superar, eso también.
Así que bueno, Mogwai no son ya una de esas bandas que jalona listas de fin de año, ni creo que les importe un pijote. A ellos con poder girar, sacar discos y hacer bandas sonoras de vez en vez, parece que les vale. Y a mí me valdrá si, como decía, a su viaje ombliguista le acompaña la inspiración. Every Country’s Sun comienza con "Coolverine", que sí, es inspirada. Endemoniadamente inspirada, con su crescendo delicado, tenso pero plácido. Es inspirado también el pepinazo casi pop "Party in the dark" con una melodía clara y pegadiza (algo bastante inusual en Mogwai, por cierto) y es muy inspirada la banda en las cabalgada hacia el desboque de "Don't belive the fire" o "Crossing the road material", que calificaría de saltarina si no fuera porque en algún momento indeterminado de su minutaje el salto no fuese al vacío, caída al precipicio de sus volcánicas guitarras de toda la vida (de hecho en este disco Mogwai vuelen a la distorsión más desatada, como no recuerdo quizá desde Mr. Beast). Buena hostia a mano abierta es "Old Poisons" que recupera su gusto por el nu metal, y muy interesantes las pinceladas originales de "Battered at a scramble", que se mira en el krautrock alemán más space de unos Amon Düül II.
Así pues, si eres de los que siguen a Mogwai de toda la vida no le des más vueltas. No van a salvar al rock (eso lo hicieron ya con Young Team en 1997) pero sí que entregan un buen larga duración, que  los muestra en forma, fibrosos e intensos. Everything's Alright Forever.

14 septiembre 2017

Fallece Grant Hart. Sorry somehow.

En mi cabeza están Hüsker Dü en un bucle, ahora mismo... Grant Hart ha muerto, él era con Bob Mould el motor de ese autobús hardcore que pasó de ser desbocado a experimental y finalmente melódico (Greg Norton sería las bujías con su bajo).
Y Hart es con Hüsker como... como el big bang de toda la música que me más gusta. Supe de ellos con 16 años a través del Rockdelux, demasiado bisoño, yo, para atreverme entonces, 1986, con su hardcore. Pero lo suficientemente adulto como para retener que ellos eran los padres de un sonido, en muchos sentidos, que heredaban casi todas las "nuevas bandas" de mi juventud, cuando empecé a escuchar pocos años más tarde a The Jesus and Mary Chain, My Bloody Valentine, Pixies o a bandas oscurísimas y de tercera fila como Straitjacket Fits, Buffalo Tom o unos aún anónimos Lemonheads. O unos tales Nirvana, también.
Me "atreví" con los Dü cuando caí rendido ante Sugar, la banda de Bob Mould de los noventa. Me atreví con "Candy Apple Grey", luego "Warehouse", un día pude escuchar esa burrada que era y es su debut, y no lo compré (aún era "demasiado" para mí), y en Zaragoza, con los treinta cumplidos, me dije, "hasta aquí"; y me hice con "Zen Arcade". Años más tarde, "New Day Rising"... Lo que para muchos son The Stooges, Creedence Clearwarer o Led Zep lo es para mí H.Dü.
Cuando tenté las aventuras post Hüsker de Hart no me encandilaron, aunque su garganta abrasadora siempre, siempre me pareció superior, distintiva, ubicando al personaje muy por encima de tanto grupito a la moda generation X que bebía directamente de él.
Hart es una forma de entender la música, muy fuck you y muy fuck it all. Mi reverencia

13 septiembre 2017

Nace 2d6 Magazine, revista en línea sobre juegos de mesa

Nace 2d6Magazine. Esto es bueno. Para mí siempre es bueno que nazca una revista cultural.
De momento parece... pertinente, la idea de un magazine centrado en lo que se edita en España en juegos de mesa (seguro que pronto veremos sección de "importación", en sintonía con el mercado actual) y que atiende a todo tipo de juegos, de los más sesudos de guerra a los más ligeros "party/pulpo animal de compañía", de juegos para usuarios "avezados" a los inevitables "juegos familiares" y para atraer al non-connaisseur.
No procede con un n.º cero meterse a diseccionar lo que veo, demos tiempo a que el primer número oficial salga en diciembre, y deseemos suerte a la nueva criatura.