09 diciembre 2017

Experiencia lúdica (Patrem et Filium).

Hace unos días acudí a unas jornadas abiertas de juegos de mesa en una tienda (de juegos, obvio), con mi hijo. No fui a ciegas, quedé por whasapp con una persona y su hijo, él me propuso llevar un juego concreto (Santa Cruz 1797) y al tiempo asegurábamos que nuestros vástagos disponían de partenaire para jugar ellos también.
La mecánica de las jornadas es sencilla: o bien concuerdas con la tienda llevar un juego personal, o bien te sirves de uno de los juegos que la propia tienda brinda para las jornadas, así que al llegar nos pusimos con los chavales a ver qué juegos podían gustarles. La situación derivó en una decisión drástica: sois mayores, arreglaros vosotros, vuestros padres se van a una mesa a jugar "a lo suyo" (el "Santa Cruz", que aún siendo muy asequible, NO es un juego para niños). Y durante hora y media prácticamente nos olvidamos de lo que ellos estaban haciendo.
A lo nuestro.
Quiero decir, la oportunidad de compartir un espacio de ocio sin mezclarnos me ha parecido una experiencia muy positiva para mi hijo (que gasta once primaveras, acotemos la edad). Es evidente que tanto mi compañero de juegos como yo echábamos un ojo a nuestros hijos, claro, estaban a cinco metros de nosotros, pero darles su "zona de independencia", que ellos tuvieran su propia experiencia sin custodias paternas, que estuvieran a su bola, vamos, me pareció muy importante: que ellos decidan a qué quieren jugar, que se busquen mesa, que nos olviden como nosotros "les olvidamos". Además al poco rato una pareja de adultos (rondaban la treintena, más o menos) se sentaron con ellos atraídos por los juegos que los chavales habían elegido (Potion Explotion y Magic Maze).
Ellos y "dos señores mayores" que pasaban por allí
Esto me encantó: generar espacios de encuentro inter-generación alrededor de un juego -esto es, una actividad lúdica, una diversión- fue, creo, muy positivo para mi hijo. De hecho quiere volver a la próxima que organice la tienda (Customeeple, en Vigo). Todo, insisto, desde la desafección (al menos aparente) de "papá", que bastante tenía con contener a las naves del almirante Nelson, por cierto 😂
Santa Cruz 1797, el ataque de la flota de Nelson contra el puerto canario.
Concluyo: además de las bondades que suponen en sí mismos, a mi juicio, los juegos de tablero para los niños, el espacio de encuentro que es una "jornada de puertas abiertas" de una tienda supone situaciones como la vivida el pasado sábado, en que un chaval acaba jugando a un juego de mesa con un adulto al que no conoce pero que "está a lo mismo" que él. Situación que espero poder repetir y que recomiendo a cualquier padre, porque me pareció enormemente educativa para mi hijo, y a la vez divertida para mí.

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