26 febrero 2017

SLOWDIVE, Souvlaki, 1993

"When the sun hits", "Alison", "40 days" o "Machine Gun", comandada por la voz seráfica de Rachel Goswell, son perlas pulimentadas de aquel magma que ya se discernía en su debut: piezas etéreas de pop con poso oscuro (¿siniestro?), ánimo evanescente y efecto psicodélico. Guitarras en flor, orgasmos sónicos de ruido blanco alejándose del caos de The Jesus and Mary Chain y acercándose a la gaseosa belleza de Cocteau Twins. Sin inventar gran cosa y varios pasos por debajo de My Bloody Valentine (maestros en la evaporación sónica, exploradores del sonido del futuro).
Pero creo que, frente a lo que la prensa de la época acusaba, la banda de Neil Halstead, Rachel Goswell y compañía no eran meros segundones. En todo caso, seguidores. Y dentro de la escuela que patentó Kevin Shields (My Bloody Valentine), a la luz de Souvlaki (segundo largo de la banda de Reading, de 1993)... aventajados. Como Boo Radleys, en fin.
Porque además de esos magníficos cantos de sirena entre nubes de ruido evanescente, Souvlaki atesora perlas acústicas cercanas a Nick Drake ("Here she comes"), coqueteos con la electrónica como "Good day sunshine" (esos flirteos se deben, quizá, a la colaboración del mismísimo Brian Eno, y serán explorados en su tercer y de momento último trabajo, prácticamente un caleidoscopio post rock).
Quizá se trate de un disco (un grupo) demasiado colgado de las nubes, con peligro de ser visto como audiobello (gran palabro que lo dice todo: cursi/pretencioso), pero pienso que no llega a suceder, gracias a un puñado de canciones melódicamente soberbias, al cuidado por las atmósferas, muy trabajadas y nada efectistas, al ánimo experimental de temas como "Missing you" (coqueteos electro) o a la joya de la corona, "Souvlaki space station", uno de los himnos del movimiento shoegaze con "Soon" (My Bloody Valentine) o "Lazarus" (The Boo Radleys), capaz de hacerte volar sin despegar.

25 febrero 2017

Flotado sobre loscos

¿Puede la música crear estados alterados de conciencia? Estoy seguro de que está estudiado. Nunca he probado psicotrópicos, supongo que por miedo a sus efectos, pero en ocasiones, escuchando Loveless a volumen fuerte, con cascos, y sin luces, la alteración estaba ahí, aunque con total control, claro.
Las culturas chamánicas saben de eso, de la repetición rítmica, de la espiritualidad y la trascendencia de la música. Ian McCaye (Minor Threat, Fugazi) lo comentaba hace lustros en una entrevista: se ha perdido esa faceta de trascendencia en la música comercial.
Ahora creo que si me pudiera quedar escuchando este tema en bucle durante horas, enredado en esas guitarras, algo terminaría pasando en mi cabeza.
Son reflexiones sin más, ni tengo edad ni el temperamento para emocionarme más allá de lo prudente con la música, pero que no decaiga nunca su MAGIA.
El clip que acompaña tampoco es moco de pavo. Un viaje:

24 febrero 2017

Premios para juegos

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En esta vida hay premios para casi todo, y los juegos de mesa no son excepción. Normal, dado que hablamos de uN sector en alza y con crecimiento continuado en ventas y popularidad los últimos años.
Estos son galos, y prestigiosos. Enlazo explicaciones de los jueGos, porque no doy para más. Ya sabes que en esto de los boardgames solo soy un aficionado recién llegado, desconozco todos y cada uno de los premiados y si diré que Scythe me apetece mucho.

As d’Or 2017 Enfant (As de Oro 2017 infantil): El cuco Kiko estrena nido, de Josep María Allué & Víktor Bautista i Roca (Haba, también en España)
El cuco Kiko estrena nido      

Fueron nominados además, Animouv, de Martin Nedergaard Andersen (Djeco) y Stone Age Junior, de Marco Teubner (Devir en España)

As d’Or 2017 Experts (As de Oro 2017 para personas  expertas): Scythe de Jamey Stegmaier (Maldito Games en España)
Scythe      
Fueron nominados además, Conan, de Frédéric Henry (Monolith) y Star Realms, de (Devir en España)
As d’Or 2017 Tout public (As de Oro 2017 para todos los públicos): Unlock, de Alice Carroll & Thomas Cauët & Cyril Demaegd (Prtóximamente por Asmodée Ibérica)
     
Fueron nominados además Código secreto, de Vlaada Chvatil (Publicado por Devir en España), Imagine, de Shingo Fujita & Motoyuki Ohki & Hiromi Oikawa (Asmodée Ibérica en España) y Kingdomino, de Bruno Cathala (Morapiaf en España.

21 febrero 2017

Gamificación del aula

Me parece interesante el uso en el aula de juegos de mesa. El potencial didáctico de un juego de tablero no es despreciable y hay varias editoriales y webs que ya están explorándolo. Y por supuesto, centros y profesores que aplican la llamada "gamificación" del aula.
Su empleo se da ya tanto en primaria como en secundaria, no se piense que hablamos de la ecuación juego-niño pequeño. Matemáticas, lengua, historia, atención a las competencias clave que deben promoverse en el aula... el potencial es enorme.
Jugando en el aula a Pandemic, un juego no competitivo, colaborativo. Los jugadores coordinan estrategias todos juntos para evitar una pandemia a nivel planetario. Geografía, biología, historia, competencias clave...

Supongo que lo difícil es adaptar el tiempo que engulle el recurso, aunque por lo que leo y me cuentan, el empleo de juegos de mesa suele gestionase como actividad de refuerzo en horarios de recreo, en el "aula de juegos", y cosas así. También puntualmente dentro del aula.

Este vídeo de la editorial Devir (editorial que tiene una "extensión educativa" entre sus departamentos que presta atención a las posibilidades didácticas y en la enseñanza de sus juegos) es ilustrativo al respecto. Y aunque trabaja más el proyecto en primaria, es extrapolable, obviamente, a secundaria e incluso bachillerato. Dieciséis minutos cortos con mucha chicha especialmente recomendado para docentes y padres (¡el juego en casa también educa!).



Y un bonus track o dos: este artículo del que saco la imagen es interesante y orientado a secundaria. Este otro, en el 20Minutos ofrece una panorámica, algún vídeo corto y varios enlaces de interés respecto al tema.

05 febrero 2017

Patchwork, de Uwe Rosenberg

Patchwork de Uwe Rosenberg, menuda tontería. ¡Y qué buen juego! 😃

Esto de los juegos de mesa tiene muy poco que ver con el cómic, pero podría decir que del mismo modo que obras de aparente sencillez formal como las de Tom Gauld encierran un discurso elaboradisimo de su trabajo y a dónde quiere llegar con su depuración formal, este juego, que en negro sobre blanco es algo muy minimal, supone un elaborado laberinto de buena diversión para dos jugadores.
Rosenberg es el creador de euroames superventas como Agricola, Le Havre o Caverna, y Patchwork es su última propuesta para las tardes lluviosas de domingo como la presente.
Botones, retales, patchwoks.

La idea es una cosa muy básica: dos jugadores compiten en hacer la colcha de retales más grande y completa, adquiriendo precisamente eso, retales (hazte una idea pensando en un Tetris, sus piezas, que debes encajar en el espacio de una plantilla de Hundir la flota). Entre ambos jugadores un tablero en espiral (tipo Oca, digamos) hace avanzar en el "tiempo" tu ficha. Al llegar al final del recorrido termina la partida y toca puntuar y ver quién gana.
El despliegue del juego

Así quedó la colcha ganadora (incompleta)
No quiero usar este blog para explicar reglas, menudo coñazo... pero diré de Patchwork que ofrece una disyuntiva (¿compro tiempo o compro retales?) que lo convierten en un pasatiempo divertidísimo, frugal (una partida dura menos de media hora), tenso y adictivo (jugarás dos timbas seguidas, lo apuesto).
Personalmente tengo ganas de ir hacia adelante en esto de los tableros, complicándome poco a poco la vida hasta recuperar el "nivel Civilización Avalon Hill" de mis viejos tiempos. Pero dada la riqueza del espectro "jugón" actual, reconocer que en ocasiones en vez de menús sesudos con dos platos y postre apetece un pincho, y reconocer que ese pincho es una delicatessen, tampoco me parece mala práctica.

Edita Maldito Games y ronda los quince euros. Tirado para los buenos ratos en pareja que os va a ofrecer, en serio.