11 febrero 2018

Amaia, la juventud, la maquinaria

Como todo tema parece movido por la escalera mecánica de la crispación y como yo no estoy para crisparme, sino para concentrarme en lo mío y disfrutar de lo demás, voy a hablar de lo único que parece, a día de hoy, o levantar sonrisas o el mero ninguneo, pero no el cabreo chorras en rrss: Amaia, la ganadora de Operación Triunfo 😮
Hablar de la vida post programa de esa chica.
Amaia es una niña de 19 años (que entró en el programa con 18) sobradísimamente preparada en conservatorio y con una cultura musical cuanto menos extravagante para los parámetros de lo que suele verse en este tipo de espectáculo circense. Admirando por igual a Rosalía que a Mecano, pero demostrando afinidad con cosas tan poco OT como Joe Crepúsculo, Él Mató A Un Policía Motorizado, Arcade Fire o a los flipados de Neutral Milk Hotel

La cuestión es que esta chica de maneras inocentes y voz indudablemente emotiva (más en la línea de María Arnal que de Chenoa, para entendernos) ha salido del teleshow para enfrentarse a la realidad. Por ejemplo, parece que le ha cogido gusto por emitir en directo desde Instagram, donde ha metido la pata, se la ha vacilado (o ella se ha dejado ver como si tal cosa hubiese pasado) y ha sido regañada en directo por su madre. Evidencia nada sorprendente, son 19 años y vive en una burbuja de la que aún no ha salido y que es difícil de manejar (lo sería para un adulto hecho y derecho, más para ella).
Innocent when she dreams
Ahora, el tiempo por muy relativo que sea no para de avanzar, y las cosas se desplomarán inevitablemente alrededor de Amaia Romero. En contados casos puedo aseverar que la adivinación es una ciencia y este es uno. Sabemos que representará a Eurovisión, con su actual pareja, otro triunfito. Esto ya me parece una mala arrancada, com la marcha desajustada y el acelerador mal pisado. Pero por otro lado se dice que la heterogénea cultura musical de Amaia se debe al (benefactor) influjo de su propio hermano, quien llegó a comentar públicamente que no le gustaba que el talento de su hermana acabase en un talent show de perfil tan comercial como OT. Lo bueno es que este hermano mayor se ha estado preparando (partiendo para ello de sus estudios previos en márketing) para ser el manager de su propia hermana.
Amaia se mostró natural e inocentísima en el voyeurismo de 24 horas de You Tube, con lo que se ganó a su generación, de Tarifa  Finisterre (me encantó su comentario respecto a un estilismo que se le impuso: "me dicen 'rollo surfero', pero qué dices de surfero, qué me estás contando, si yo soy de Pamplona"... está todo dicho). Y sí, es talentosísima como intérprete (no se me caen los anillos por decir que sus interpretaciones "out of la gala", de Rosalía o C. Tangana al piano, me parecieron de olé, así como alguna canción que bordó en las galas entre oropeles y vítores a golpe de regidor ordenando esos -molestos- vítores), y es multiinstrumentista -piano, guitarra y ukelele, batería-.
¿Hay futuro pues para Amaia Romero? Lo 1º, olvidaos de la niña vista hasta ahora. Va a tener que crecer, rápido y mucho. Y si se blinda bien, supera el marrón Eurovisión (nada positivo, a mi entender) y plantea las cosas para un camino no cortoplacista, Amaia podrá sobrevivir a la vorágine que aún la devora. Es una niña, pero no eterna, es ley de vida que madure... o se hunda (la hundan). Pienso que su estilo y tono son más cercanos y salvando kilómetros de distancia, claro, a una Silvia Pérez Cruz antes que a los triunfalísimos Edurnes y Carrascos, y el camino de la autora de "Vestida de nit" requiere constancia y adquisición de su propia personalidad en un terreno alejado de las giras de gran estadio y la sobreexposición. Que la rodeen bien en ese viaje porque le van a poner delante muchas autopistas jugosas, pero todas con peaje.

No hay comentarios: