29 marzo 2018

Osopark, mecánicas repetidas y efectivas

El Pachwork es un juego simpatiquísimo para dos, con un interesante grado de estrategia (tontorrona, pero estrategia) para dos jugadores. El juego es divertido, lo dije ya, pero también hay qeu decir que uno echa de menos una versión para más de dos participantes. Sé que existen juegos del palo, pero yo accedí a este Osopark y solo puedo decir que está niquelado. Pese a que su ilustración de portada, del muy célebre en el sector Klemens Franz (ilustrador de portadas de juegos tan célebres en el sector como Le Havre, Caverna o Agrícola, todas terribles y que a mi juicio demuestran cómo en los juegos de mesa hay muuucho que avanzar en lo gráfico, si estos engendros son valorados).

Afortunadamente los juegos no son sus cajas, ni siquiera las ilustraciones de sus cartas , tableros etcétera (aunque bueno, siempre gusta manejar algo de calidad gráfica).  Y Osopark funciona como lo que es, una suerte de Tetris sobre tu tablero, que competirá con los Tetris de hasta tres participantes más. Competirá tomando figuras geométricas de un panel central, por turnos, con una mecánica simple y con un punto, igual que el Patchwork, de ligera estrategia (en este caso, porque las fichas "de Tetris"! pueden puntuar y otorgan diversas puntuaciones).
Su creador, Phil Walker-Harding, es una firma ya conocida, con juegos reputados como Imhotep, Cacao o Sushi Go! Y su trabajo es un juego visualmente atractivo (sobre todo para chavales) que entra en el rango ya habitual de los "a partir de 10 años": entretiene también a adultos.
Vedlo así: los juegos e mesa hoy son como las pelis Pixar: los que se diseñan para niños conllevan suficientes atractivos para que el adulto los disfrute también. Osopark, con una temática absurda (¡Construye y diseña tu propio zoo de úrsidos antes que tus rivales!) es una cosa cuca y muy agradable si quieres pasar una tarde de perros como la de hoy (lluvia y viento en jueves santo) de un modo entretenido, casero y de feliz asueto.
Aquí uno abre la caja y enseña componentes a cámara:

26 marzo 2018

SHOEGAZE 5. Ride

Si hay que señalar una santísima trinidad del shoegaze, uno de sus tres vértices serían Ride.

Nowhere, su disco de debut de 1990, es posiblemente uno de los más "famosos" del género (entrecomillo porque aquí todo es de culto, claro, no hay unos Oasis del shoegazer). Aunque, y sé que me podrían llover por parte de los seguidores del subgénero, a mí no me parece la pera, la verdad.
Si en su día lo quemé bastante, reconozco que "se me desinfló" en cuanto entró en escena, un año más tarde, la obra magna del género (hype... de chichinabo, pero dejemos aparcado el tema por si alguien está muy despistado y o sabe a qué Lp de 1991 me refiero) y empecé a verle más costuras que otra cosa.
Es verdad que el fragor de la banda en temas como la inicial "Seagull" se disfruta, y que hay apuntes de talento por aquí y por allá, pero reconozco que escuchar hoy Nowhere me resulta poco estimulante: sus melodías se anclan en los posos más desfasados del sonido Madchester (siempre me lo ha parecido, ya en su día cuando salió el disco), su arsenal de distorsiones me resulta más plano de lo que debería sonarme una obra magna, referente, y la pose vocal de levitación (o de colocón perpetuo) me cansa antes que elevarme a supuestas nubes (de azufre y todo eso que nos hace imaginar un ejército de pedales de distorsión echando chispas).
Es cierto que las simas son feroces, y que cuelan algún tema bellamente ensoñador, pero creo que a la postre este disco (y su muy celebrada continuación, Going blank again) me resultan grises. Es posible que su relativa facilidad melódica y sus embestidas obvias, de toro ante capote, sean pasto para ser la banda más fácil de entender dentro del género (sin la espesura de Isn't anything, sin el detallismo neoclásico de Pale Saints) y pienso que por ello son "popes" del shoegaze. Porque su ramalazo sixties, su psicodelia y su ruido en tromba son relativamente fáciles (dentro de que cuando aceleran hacen más ruido que un boing aterrizando) y paradigmáticos de la definición del género.

Eso sí, les debo escuchar su retorno de 2017, igual la actualización de su sonido me depara sorpresas, porque lo que no es discutible es su capacidad para crear paisajes ardientes.
Ah, y la portada de este Nowhere es la mejor definición del shoegaze que he visto nunca: limpia, monumental, bella, serena y... destructiva.

24 marzo 2018

SHOEGAZE 4: La ola inicial, y los santos pálidos

El shoegaze nació como una honda expansiva a partir de Isn't anything (1988, My Bloody Valentine), el disco hacia el que mirar para modular, para buscar la voz propia, pero indudable base del género: psicodelia, ruidismo a base de un arsenal de pedales de distorsión, voces flotantes en 2º plano y búsqueda de ambientes y texturas sobrepuestas al cuidado por la melodía.
En el mismo año de Isn't anything brotaba un single de Pale Saints (aún alejado del género); en 1989 Lush publicaba su mini álbum Scar; The Boo Radleys, Slowdive, Chapterhouse o Ride emergen con singles en el 90 y el 1991 más bandas surgen con singles y Eps (Swervedriver, Catherine Wheel...), en una ola que crece y crece con más afiliaciones y sobre todo, Lpes entre lo primerizo y el destello y que configuran un panorama que se convierte en género.
El mencionado Scar fue un EP de seis temas que plantaron raíces y levantaron ruido (nunca mejor dicho) entre la prensa del momento.La curiosidad podría ser que además de ser de las primeras bandas que dieron respuesta a los tifones de My Bloody, es el primer grupo que aportó voces solo femeninas al shoegazer,. Pero lo importante era un sonido a medio camino de ritmos post punk, indie pop ochentas, y lametones de guitarras a cascoporro.
Sin embargo a mi juicio el primer pepinazo post Valentine lo dará otra banda, Pale Saints, con su primer largo: The comfort of madness (1990), así como con su continuación In ribbons (1992).
The comfort of madness nace maduro. Es un disco meditado, magníficamente producido, donde impresiona la capacidad para sonar rotundos y detallistas, delicados y abrasivos a partes iguales. Enlazando todos los temas -en un ardid que también usarán My Bloody Valentine en los noventa- crean una obra de pop refinado e impetuoso en la que se cuelan referencias insospechables: ¿no transportan "Little hammer" o las melodías de " Fell From The Sun", quizás, a músicas medievales?¿Cabe el cubismo de "Time thief" en los tópicos melodía+distorsión+voces apagadas de fondo que definen lo más básico del género?
Frente a otros discos de su tiempo (sin ir más lejos, el mencionado arriba de Lush), The comfort of madness ha ganado peso específico con los años, porque su inventiva supera el ejercicio de estilo sin dejar de ofrecer perlas de shoegaze como la carrera desbocada de "True Coming Dream" o el crescendo seráfico de "Sea Of Sound".
Mi favorita sin embargo, y una de las canciones má redondas que ha dado el shoegaze, es la sublime "Sight of you", alquimia de pop perfecto e inflamadas guitarras en primavera: todo polen, oblación para las abejas sónicas que somos sus oyentes.

21 marzo 2018

SHOEGAZE 3: los reyes

Será rey quien arranque la espada del yunque. En esto del shoegaze el cuento empieza prácticamente por el final. My Bloody Valentine eran una banda formada por Kevin Shields (el genio de la botella) y el batería Colm Ó Cíosóig, con un pasado anodino (cercano al post punk, con un cantante que pronto se largó) y que sintió la picadura de Psychocandy, recibió en su seno a una vocalista/guitarrista nueva (Bilinda Butcher) y se reinventó como notable banda de noise pop agridulce (cf. Strawberry wine, recopillatorio de esta época). Entonces compusieron "You made me realise", un tema de 1988 que en su parte central se disolvía en ruido puro. Y lo llevaron a sus últimas consecuencias en directo (la llamada "zona del Apocalipsis" del tema era alargado hasta los veinte inenarrables minutos). Ese 1988 estaban también a punto de sacar la espada del yunque, antes de que existiera el género shoe... y envolverla en llamas.


El primer larga duración real de My Bloody Valentine es Isn't anything. Escucharlo completo y a buen volumen sigue siendo lo más parecido a tener un accidente de coche, un impacto abrupto. La música que supuran estos Valentine parte de la convulsión de The Jesus and Mary Chain y de la psicodelia malsana y distorisionada de Spacemen 3. Pero evoluciona a un sonido que en sus partes menos abrasivas busca el paisajismo envolvente de A.R. Kane y el lirismo de Cocteau Twins. Canciones de espesa bruma como "Lose my breath" bañando en ruido guitarras acústicas, la electricidad estática de "No more sorry", el ruido atronador deslizándose en slow motion de "All I need" o el pop venenoso de "Several girls galore" son las primeras muestras de shoegaze perfecto. Un arsenal de distorsiones al servicio de la levitación que centuplican los efectos de los tanteos de A.R . Kane.
La llama se avivaba además con cortes feroces, la cara menos contemplativa del shoegaze, bombas de mano como "Suesfine" o "Feed me with your kiss" que en sus inaguantables directos (por el terrible volumen que emplea la banda, digo) se demuestran parte importante de su adn. My Bloody Valentine son levitación pura, pero también incendios inclementes rebosando "mal rollo", al menos en este debut.

Lo alucinante es que tras coronarse reyes, en unos años demostrarán que su reinado no es de este mundo con otro disco que... pero esa es otra historia, ya llegaremos a Loveless.

20 marzo 2018

SHOEGAZE 2: en el principio...

Se dice que My Bloody Valentine son los padres del shoegaze, pero el trono está severamente disputado por una banda en su tiempo totalmente subterránea, tan solo nombrada por ser sus miembros los artífices de esa bomba de terrorismo house llamada "Pump Up The Volume" (firmada como M.A.R.R.S.)
La banda se llamaba A.R.Kane y estaba formada por un dúo de color que practicaban en Lollita, su single de debut, una alquimia venenosa. Tres temas entre la ambientación de unas guitarras gaseosas, arreglos electrónicos vaporosos y el coqueteo con la cultura dub en tres temas empapados en una distorsión diferente a todo: ni chirridos hirientes, ni repeticiones psicodélicas, si cabalgadas non-stop; solo un efecto de sfumato alucinógeno que será punto de partida a futuras exploraciones del grupo.Se editaba un año antes de que My Bloody Valentine modificasen sus sonidos en You Made Me Realise EP o el Lp Isn't Anything.
A este 12 pulgadas le seguirán varios maxis a reivindicar y 69, un álbum donde redoblan su apuesta por el dub y las atmósferas oníricas, algo pesadillescas incluso. Después, una ventana pop (I) y un retorno años más tarde.
Una banda diferente a todo y que, creando escuela, (casi) nadie recuerda. Quizá porque nadie pudo imitarles. Su paleta cromática era demasiado amplia para ser comprendidos en unos tiempos en que o eras indie, o mainstream, o electro (y ya lo dije, ellos hicieron arrancar masivamente desde su otro alias a la música House, ahí es nada). Pero no cabía ser varias cosas a la vez. Y ellos lo eran. Eran shoegaze, étnicos, electrónicos, dub... en un modo de entender la música que no se entendió hasta bien entrados los noventa (y merced a los festivales multiescenarios, en los que cabía de todo y los participantes pasaban de disfrutar a Dinosaur Jr. a bailar en la carpa con Aphex Twin, sin prejuicios).

16 marzo 2018

SHOEGAZE 1: Una canción y un grupo. You Trip Me Up

Psychocandy fue un punto y aparte incrustado a martillazos en medio de la década de los ochenta. Una serrería envolviendo caramelos pop, un cruce imposible entre las melodías de Phil Spector y el Metal Machine Music de Lou Reed. En sus temas convivía una actitud perezosa digna de picadura de la mosca tse-tse y la anarquía destructiva. En ocasiones el pop de fondo bajaba el pistón y el ruido iracundo sepultaba melodías menos trotonas, como ejecutadas a cámara lenta. Esta mezcla del muro de sonido con cierto poso psicodélico en temas como "You trip me up", a mi juicio, ha sido muy, muy influyente en el shoegazer, el pater familias directo de un género que nacerá de pleno derecho apenas tres años más tarde del puñetazo sobre la mesa de los hermanos Reid y cia..

15 marzo 2018

SHOEGAZE 0: INTRO Y PRECEDENTES

Why not?
O Pozí, que decía el pobre friki aquel... porque sí, porque me apetece y porque vengo directamente de levitar con el directo de Slowdive, voy a hablar de Shoegaze.
¿Qué es eso? Dale al traductor de google, saldrá algo así como "mirar zapatos". Mirarse a los zapatos. El shoegaze se vio definido con un nombre chorras que atiende a la puesta en directo de aquellos grupos que, paradógicamente, practicaban un sonido definible. Dream noise podría ser una etiqueta más lograda: la conducción de los sonidos distorsionados surgidos en el undeground de los ochenta a paisajes ensoñadores, psicodélicos y flotantes. Una poción que mezclaría la distorsión de los primeros The Jesus and Mary Chain, la capacidad cinética de Sonic Youth y la flotación amniótica y post gótica de Cocteau Twins. Grupos directamente derivados de la camada underground inglesa: los citados Mary Chain, Spacemen 3, Loop y sobre todo My Bloody Valentine, padres (hijos, espíritus santos y santoral entero) del género, que ellos prácticamente crearon (Isn't anything), sepultaron (Loveless, insuperable) y resucitaron (M B V, 26 años después de Loveless).
Pero antes hubo claros precedentes. Posiblemente Cocteau Twins pasen a la historia por su influencia (casi a toro pasado, cuando ellos se iban disolviendo por cansancio y desavenencias) sobre toda una manera de entender la música: enigmática, brumosa, indescifrable, misteriosa, oscura y bella.
Los efectos sonoros de las guitarras de  Robin Guthrie crearon grutescos de sonido sobre los que se imponía la voz sobrenatural de  Elizabeth Fraser. Música única que recordaba tanto a The Cure como a clásica renacentista, a folk anglosajón y a post punk.
Un lustro antes del estallido shoegaze, sin la intensidad abrasiva, solar, del movimiento de los mira-zapatos, Cocteau Twins ya mostraron que se podía volar sin consumos prohibidos/peligrosos, solo con música. Esta idea pivotará en el género, y también las canciones ensoñadoras de los Gemelos Cocteau. Como su clásica "Loreley" de Treasure (1984), un disco anticipado a su tiempo,, y también ajeno a modas.