14 abril 2018

SHOEGAZE 8, un paso gigantesco

Tras el colapso sonoro y mental que supuso Loveless la escena shoegazer quedó en lógico coma. Tan solo unos locos de frenopático de EEUU llamados Mercury Rev entregaron algo que, en asuntos de laboratorios del ruido, rivalizó un poquito con el disco de la guitarra al rojo. Pero Mercury Rev no guardaban demasiado paralelismo con el shoegaze (aunque pilotaban una nave  de Boom-Boomer psicodélico propulsada con toneladas de feedback y con desvaríos dignos de Syd Barrett).
El shoe de manual estaba más en la onda "copia descafeinada", entre la tormenta de pedales de distorsión y las voces en éxtasis a lo Stone Roses y Madchester en general (sign of the times). Salieron muchas bandas y muchos discos. Catherine Wheel, Chapterhouse, Boo Radleys, Curve, Sweredriver, Medicine y muchos más sacaron elepés entre lo interesante y lo mediocre en 1991 y 1992. Calcos que no aguantaban la comparación con una obra que había trascendido géneros (leí incluso que frente a todas esas propuestas de ruido a las seis cuerdas, Shields y los suyos no usaban pedales de distorsión en Loveless sino otros recursos como grabar montañas de pistas para un único acorde y cosas así). Salvo excepciones (como el 2º de The Pale Saints, en excelente In ribbons).
Y es normal porque NO era fácil. Después de la obra cumbre de My Bloody Valentine no bastaba con afinar la fórmula melodía+ruido, sublimada por el cuarteto escocés y aún hoy insuperada. Había que ir hacia otros parajes y eso no sucedió hasta el tercer disco de The Boo RadleysGiant Steps (1993).
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Pasos de gigante. Tarjeta "black" cargada de ambición. The Boo Radleys ya tenían dos discos de calidad creciente en el mercado, pero fue aquí donde echaron la casa por la ventana. Doble vinilo caleidoscópico que ha sido bautizado como el White Album del shoegaze. No me extraña. Aquí hay de todo y más. Por descontado hay ruido, pero no uno cualquiera: uno feroz, volcánico, una verdadera salvajada cuando se deciden por meter la quinta, que deja en pañales a muchos shoes. Pero hay otras cosas, inauditas hasta ellos en el subgénero: hay reggae, melodías folk, pop psicodélico sixties, dub, dance dislocado, música caribeña (las trompetas infinitas de "Lazarus", obra maestra del género), sonidos acústicos y tormentas eléctricas, y un cierre cristalino e irónico ("White noise revisited" que era una caricia psicodélica y mántrica), coros angélicos, un vocalista carismático cercano en timbre a Art Garfukel y en fin... un arsenal de sonidos tan irrepetibles e inimitables como los de Loveless, pero con un concepto totalmente diferente. Si Shields vivía encapsulado en su Valhalla sónico, esto era "Un feedback en la mochila" dejándose empapar de incontables culturas musicales para regurgitar una obra multicolor y sí, abrasiva.
La segunda obra maestra del género.

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