18 abril 2018

SHOEGAZE 9: Slouvaki, ¿un canon?

El segundo disco de Slowdive es lo que podríamos llamar joya redescubierta.
Una banda que en su día navegó, a ojos de la prensa, por el medio de la corriente sin destacar en exceso, pero siendo vista como claro prototipo del género por su mezcla angélica de sonidos líquidos y efluvios cósmicos. Si Ride eran la cara más rock, el pulso rocoso, ellos la más dream, el hálito etéreo.
Creo que fue necesaria una reunión para actuar en los festivales alternativos (con directos absolutamente sólidos ya en pleno siglo XXI) y sobre todo un reencuentro con el estudio discográfico en 2017 para que muchos se cayesen del guindo. Slowdive fueron importantes por la perfección de su propuesta dentro del género.

Antes de que la coyuntura actual decidiese abrazarlos Slouvaki, de 1993, ya era enarbolado como uno de los mejores discos de shoegaze. En el segundo largo de Slowdive encontramos una música que bebe tanto de Byrds como de My Bloody Valentine, y sublima ante todo una sonoridad sensual y sexual como pocos discos del género han conseguido (acaso uno, Loveless, imbatible en este repaso: Loveless es el mayor orgasmo de la historia del rock, vale, pero Slouvaki es el cigarrillo de después).
El disco abunda en joyas, brinda perlas de pop noise del calibre de "Alison", "40 days" o la épica "When the sun hits", atmósferas a gravedad cero como "Machine gun", experimentos tocados por la varita del productor del disco (Brian Eno, ahí es nada)...y bueno, la que con "Soon" (My Bloody Valentine) y "Lazarus" (The Boo Radleys) es la tercera piedra angular del género, ese infinito "Souvlaki Space Station" que toca con las yemas de los dedos el sol (y que en directo te hace volar como nunca antes te han hecho volar con música y ruido, por cierto)



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