03 mayo 2018

SHOEGAZE 12. La cara oculta del shoegaze.

A mediados de los noventa surgía en un diálogo o juego de espejos entre Estados Unidos y Gran Bretaña una nueva vía musical, bautizada post-rock. Verdadero cajón de sastre que, partiendo de Loveless y del Spiderland, de Slint, lanzó al rock hacia terrenos de experimentación y estilos cruzados. Había bandas escoradas hacia el hardcore (Rodan), otras evocaban la electrónica (Laika), otros ej jazz y el rock progresivo (Tortoise)... y otros tenían un pie en el shoegaze.
Flying Saucer Attack fueron saludados como post, posiblemente por su mirada libérrima hacia las estructuras sonoras, y sobre todo por su enorme originalidad a la hora de mezclar opuestos. Su mejor disco es Further, de 1995, en el que ahondaron en la mezcla entre el folk vaporoso y sentido de un Nik Drake y las cortinas de ruido de My Bloody Valentine pasadas por el acabado agreste de The Jesus and Mary Chain.
Un paisaje natural y brumoso (como la portada del disco) de sonidos misteriosos, incandescentes pero serenos, ahogando melodías bucólicas. Una rambla de psicodelia folk que lentamente se veía inundada por olas de distorsión lo-fi, grabaciones de baja calidad. Con tan poco salía de todo, de la enorme imaginación sonora de Dave Pearce y su nutrida pedalera, caja de Pandora de un universo paralelo de ecos, distorsiones y ruido blanco. El resultado eran capas de introspección y misterio, letanías folk sin renunciar a atmósferas semi abstractas como la espectral apertura del disco, "Rainstorm Blues", o la coda final que inunda "For silence", en arrebato ruidista . Experimentaciones a pecho descubierto custodiadas por perlas de noise-folk y psicodelia rural (así lo llamaban, con cachondeo) como "In the light of time".

En la línea que cruza shoegaze y post rock hubo otros nombres notables, como Seefeel (ya han pasado por esta serie), los primeros Main (proyecto de Robert Hamson, un referente del underground noise de los ochenta) o Bowery Electric (que desde Estados unidos amalgamaban trip-hop y ritmos digamos urbanos con guitarras licuadas y tempos amnióticos), pero FSA son sin duda los más celebrados representantes del post rock más cercano al shoegaze, dueños de un sonido especial, intenso y único pese a sus claros referentes.
La banda por cierto sigue más o menos en activo como proyecto unipersonal (en sus mejores momentos se presentaron como dúo con la aportación de Rachel Brook)

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