26 junio 2018

Soegaze 15, el retorno de os clásicos

El shoegaze, pese a defensores del estilo sobresalientes (como los vigueses Linda Guilala, de proyección internacional y con Psiconautica como obra magna del "shoe" en castelllano), efervescentes intentonas como el nu-gaze y los casos más o menos aislados que aprovecharon las enseñanzas del género para buscar nuevas vías desde la electrónica, el metal y otros palos (caso de Beach House, uno de los grupos de la década, cercanos al dream pop), es un género acotado a los primeros noventa, como esta serie deja claro. Sin embargo en el presente revive con gloria, encabezando carteles en festivales y devolviendo fulgor al sonido de la distorsión flotante y las melodías frágiles. La gracia es que esta nueva vida se deba, precisamente, a varias resurrecciones.
En 2008 los mismísimos My Bloody Valentine volvieron a los escenarios. Lo más importante es que su propuesta, lejos de la artrosis de dinosaurios buscando dinerito fácil, supuso la vuelta al ruedo del infierno en la tierra y la constatación de que su fama no era injustificada. Quienes los vimos en aquella gira sabemos lo que es quedar impactado por un volumen en directo sencillamente insufrible, una revisión de la máxima bretoniana "la belleza será convulsa o no será" que solo igualan los últimos Swans y los Mogwai más agrestes.
Hubo que esperar un lustro para que este retorno lo fuese también en producción. Herméticos y a su bola, cuando todos desesperábamos que que Shields y compañía entregasen una continuación a su obra magna, en un concierto de 2013 estalló la bomba. Entre dos temas (únicos oasis sonoros en un Bloody Live) alguien del público preguntó a gritos cuándo habría nuevo disco. Shields, el tótem parco y distante del ruido blanco, se acercó al micrófono y contestó. "En dos o tres días". Las redes ardieron incrédulas, casi en una carcajada frente a la boutade. Y en tres días, las redes enmudecieron del asombro. En la página oficial del grupo se podía descargar, 22 años después de Loveless, el nuevo disco de My Bloody Valentine, M B V.
Yo en mi vida he visco cosa semejante, y creo que esto queda ya como hito en la historia del rock. Solo por su proceso, demora y manera de cristalizar, de espaldas a la industria discográfica, a su bola, sin sello discográfico (autoedición) y sin propaganda ni filtraciones previas. En un minuto pasamos de la nada habitual de la banda a todo un nuevo LP de My Bloody Valentine. Hardcore action digna de Ian McCaye. Lo fabuloso es que M B V es una continuación (posiblemente una de las más difíciles continuaciones de la historia del rock) totalmente defendible. Su sonido y su pulso experimental demostró que no hay seguidores a su altura.
Pero la tierra de gigantes se removió más aún. Ride retornaron, e incluso sacaron nuevo disco en 2017 (Weather Diaries). Y Slowdive hicieron lo propio. Del mismo modo: reunión para directos que muestran a una banda con mojo, y nuevo disco. En el caso de Slowdive, añado, entregando su mejor largo (homónimo). Sí, quizás mejor que Souvlaki.
Así en un lustro los tres nombres fundamentales del género pasaron de la hibernación a plena actualidad. Cuando se acaba de filtrar un nuevo tema de My Bloody Valentine (tocando en su retorno a los escenarios este mismo verano) y los últimos discos y conciertos de Ride y Slowdive han sido más que sólidos, todo parece indicar que los padres del género han vuelto para quedarse. Dios bendiga al ruido que todo lo cubre.
Así pongo fin a esta serie. Un fin que parece un posible principio.
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24 junio 2018

BEACH HOUSE "7"

Reconozco que siendo Beach House una banda que me conquistó con Teen Dream y Bloom, su última producción, dos discos largos publicados a la vez en 2015, no me atrapó. Quizá por haber somatizado sobradamente su sonido, su impacto y personalidad, ya no tenía "hambre de Beach House".
Bien, pues con 7 he vuelto al redil cual hijo pródigo vuelve a casa del padre.

7 es un disco diferente pero reconocible, como la nueva carta de temporada de un tres estrellas. Se reconoce la mano del chef, pero los productos han cambiado. Para empezar, intuyo que la elección  de Sonic "Boom" para producir su nuevo artefacto ha sido importante, y a juzgar por los resultados, un acierto. El disco crece entre humaredas más amnióticas de lo que nos tenían acostumbrados. La voz, sobrenatural, feérica, de  Victoria Legrand, canta ahora con discreción, entre el arrullo y el canturreo de la persona recién levantada. Dream pop mutando a dreamed pop.
Y en general, sin perderse esa exquisitez que los hizo y hace tan especiales, 7 (sí, séptimo largo del combo) es una obra poliédrica y con recovecos sorprendentes, del arranque de batería brioso en "Dark Spring" (¿guiño al arranque de Loveless de My Bloody Valentine?) a las cenefas elecrtónicas de "Lemon Grow" (muy del palo del ex Spacement 3 que produce 7, por cierto), pasando por el shoegaze a baja temperatura con ecos a la Velvet de "Last Ride", uno tiene demasiadas pruebas a lo largo de este hermoso disco de que, sí, merece la pena pasar una temporada en la casa de la playa. Cada canción es un atardecer de verano.

02 junio 2018

TULIP FEVER, de Justin Chadwick

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La historia es ese argumento general de posibilidades infinitas para armar, a partir de él, pequeñas historias ficcionales. Del género histórico a Canción de hielo y fuego (sí, Juego de tronos,las novelas), son incontables las obras de narrativa que se apoyan más o menos libremente en la historia. El peligro de aquellas que se pretenden "fieles" está en caer en los asideros que los hechos proporcionan a los narradores. Y son peligrosas trampas, demasiado tentadoras.
Tulip Fever es posiblemente uno de las más prácticos ejemplos con el que puedo ilustrar esta idea. El relato es a priori atractivo, un drama histórico de tintes shakesperianos -pero de acento protestante, burgués, mundano-. Una ilustración en clave de drama y triángulo sexual (¿amoroso?) del crecimiento de la clase burguesa en los albores de la Edad Moderna. Y del marco de la crisis del tulipán de Flandes en s. XVII. Mimbres para atar algo interesante a varios niveles: como relato de unos hechos históricos poco conocidos por el común de los mortales (la inflación tulipanera), como ilustración de los burgos y la sociedad mercantil y comercial que supera un medievo rural y feudal (soy reduccionista aquí, o sé), y como guinda, una historia arrebatada como argumento principal. ¿Qué falla? ¿Además de estar ante un producto apoyado en el desnudo de su actriz principal como gancho comercial, lo cual dice mucho y no bueno de la cinta? Pues falla la tentación de los asideros. Falla que el mimo (espectacular) por la recreación ambiental juega en detrimento del drama. La historia y sus personajes se dibujan tan pobremente como rico es el retrato de calles, casas, vestimentas, estudios de pintores, canales, conventos, tabernas y del contexto especulativo del tulipán. Y la ficción necesita de historias y personajes que arrastren. Al menos la ficción más "ortodoxa", la del relato canónico como debería haber sido esta. Es muy común, basta pasearse por los puñados de cómic histórico francobelga que nutren las novedades mensuales para ver exquisitas ambientaciones y cuidado historiográfico como molde para tramas tópicas, diálogos torpes y personajes planos. Pero esos cómics no los emitieron en TVE el otro día, y Tulip Fever sí, ¡por eso cae comentario en mi blog! 😊 Por otro lado quien guste de perderse dentro de un cuadro de época escrupuloso y detallista, tiene eso en la cinta. Quizá por ello, por esa recreación de pátina lustrosa (e interior vacío) me dejé llevar hasta el final de la película.