20 agosto 2018

COURTNEY BARNETT. Tell Me How You Really Feel


La australiana Courtney Barnett necesitó superar la crisis del primer álbum, ese éxito repentino y desmedido que paraliza a unos, enloquece a otros (al olor del teen spirit) y a algunos les encanta porque les vuelve estrellitas del firmamento pentatónico. Barnett NO estaba encantada, precisó el apoyo de artistas ajenos a su universo pero con quienes comparte admiración (Kurt Vile y su álbum a pachas) y de la reflexión y hasta el yoga. Y que los astros bendigan al yoga, porque la continuación de aquel magnífico Sometimes I Sit and Think, And Sometimes I Just Sit (Milk/15) es una confirmación absoluta, apoyada en una capacidad brutal para parir pepinazos indie-rock con personalidad (esa voz equidistando varias emociones contrapuestas) acolchada en letras introspectivas y personales.
“Hopefulness” arranca con una densidad que va a extrañar a los amantes de aquel debut. Su pegada es indirecta, no chispea melodías vivaces sino que arrastra un magma entre lo que, por estos pagos, llamaríamos un quejío soto voce. Me parece perfecto arrancar con esta apuesta, un tema que demuestra ya en la apertura que el universo sonoro de Barnett podrá tener cuerda y desarrollos sorpresivos, si se lo propone. Aunque a día de hoy lo que le pedimos a gritos son sus trallazos melódicos.
No pasa nada, estos llegan al segundo corte, una “City Looks Pretty” que es ya cremme del indie del siglo XXI, con su primera mitad trotante y un cambio rítmico a media carrera que te arquea la ceja una vez y en las siguientes reproducciones se queda como momentazo de Tell me how you really feel.
El disco despliega estribillos de categoría entre guitarras nerviosas y ritmos rotundos en una piñata sónica de la que caen dianas y más dianas alt-rock: “Charity”, “Nameless, Faceless”, inspirada por una cita atribuida a Margaret Atwood, “Crippling Self Doubt and a General Lack of Self Confidence” (con la colaboración a los coros de las hermanas Deal de The Breeders, algo así como dos generaciones indies en un mismo tema), la tristeza aguerrida de “Need A Little Time” o la pedrada salvaje de "I´m Not Mother, I´m Not Your Bitch” son algunas de las cotas altas de este Himalaya del rock.
Un disco que en su aparente sencillez va a calar y , hagan sus apuestas, quedar como uno de los destacables de la década (ya de la añada no digo nada). Sin inventar absolutamente nada Barnett demuestra que la excelencia tiene una sola pata sobre la que apoyarse: la de la personalidad y el talento. El resto son añadidos cuando de lo otro se viene de casa sobrado y ella atesora toneladas de ambos.

Vídeo con subtítulos sen castellano :)

11 agosto 2018

Nostromo 001: Girls


En mi primer viaje sonoro a bordo de la nave Nostromo (the podcast!) hablamos de rock femenino, de inde-femme-rock, o algo así. Suenan:
  1. Main (intro)
  2. Throwing Muses
  3. Kristin Hersh
  4. Sharon Van Etten
  5. Torres
  6. Courtney Barnett
  7. Julien Bater
  8. Phoebe Bridgers
  9. Soccer Mommy
  10. Lucy Dacus
  11. Camp Cope
  12. Waxahatchee
  13. Our Girl
  14. Goat Gir
  15. Mourn
  16. Main (cierre)


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07 agosto 2018

La Visita, de M.N. Shyamalan

Tras estrellarse un par de veces, el padre de El sexto sentido decidió volver al terror raso, sin grandes presupuestos, reforzado en una puesta en escena turbadora hasta en los tiempos muertos (terreno en el que Shyamalan no tiene nada que demostrar). Acierta a medias en La visita. El argumento es mínimo: los hijos de una mujer que hace años que ha perdido contacto con sus propios padres van por fin a conocer a sus abuelos (la visita). Van ellos solos en tren, mientras su madre se da un homenaje, un crucero. Los abuelos son encantadores, pero algo raro pasa. Pasa en un determinado momento sobre todo: de noche. Y esa extrañeza va extendiéndose poco a poco a todas las horas del día en un vía crucis angustiante.
Shyamalan hace un mejunje de "terrores" que a veces resulta aparatoso, pero que al tiempo podemos leer como una disertación sobre el género: del american gothic al terror oriental, pasando por el slasher (que nunca llega, pero uno puede ver escenas de largos cuchillos en mano y temerse lo peor), tocando el cuento infantil (obviamente, Hansel y Grettel) y el guiño al mockumentary que puso patas arriba al género tanto con Holocausto caníbal como, sobre todo y por el tono de La visita, The Blair witch project.
Así que tanta pieza no siempre encaja con naturalidad. Sí lo hace la consabida "sorpresa" marca de la casa (no, no están todos muertos, tranquilos), que impacta porque, como buena sorpresa que es, no te la esperabas. Y derrapa estrepitosamente en su recta final, más propia de una película de terror teen hormonada y vodevilesca que de un cuento de espanto psicológico (terreno en el que se mueve mayormente la cinta, y con bastante gracia, valga la expresión).
Y bueno, que lo pasas mal un rato, así que como cine de terror, análisis estupendos al margen, carai que si funciona.