07 agosto 2018

La Visita, de M.N. Shyamalan

Tras estrellarse un par de veces, el padre de El sexto sentido decidió volver al terror raso, sin grandes presupuestos, reforzado en una puesta en escena turbadora hasta en los tiempos muertos (terreno en el que Shyamalan no tiene nada que demostrar). Acierta a medias en La visita. El argumento es mínimo: los hijos de una mujer que hace años que ha perdido contacto con sus propios padres van por fin a conocer a sus abuelos (la visita). Van ellos solos en tren, mientras su madre se da un homenaje, un crucero. Los abuelos son encantadores, pero algo raro pasa. Pasa en un determinado momento sobre todo: de noche. Y esa extrañeza va extendiéndose poco a poco a todas las horas del día en un vía crucis angustiante.
Shyamalan hace un mejunje de "terrores" que a veces resulta aparatoso, pero que al tiempo podemos leer como una disertación sobre el género: del american gothic al terror oriental, pasando por el slasher (que nunca llega, pero uno puede ver escenas de largos cuchillos en mano y temerse lo peor), tocando el cuento infantil (obviamente, Hansel y Grettel) y el guiño al mockumentary que puso patas arriba al género tanto con Holocausto caníbal como, sobre todo y por el tono de La visita, The Blair witch project.
Así que tanta pieza no siempre encaja con naturalidad. Sí lo hace la consabida "sorpresa" marca de la casa (no, no están todos muertos, tranquilos), que impacta porque, como buena sorpresa que es, no te la esperabas. Y derrapa estrepitosamente en su recta final, más propia de una película de terror teen hormonada y vodevilesca que de un cuento de espanto psicológico (terreno en el que se mueve mayormente la cinta, y con bastante gracia, valga la expresión).
Y bueno, que lo pasas mal un rato, así que como cine de terror, análisis estupendos al margen, carai que si funciona.

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