25 octubre 2018

STALINGRADO. INFIERNO EN EL VOLGA

“Las casas arden. Los edificios, los palacios de cultura, las escuelas, los institutos, los teatros y otras oficinas se están derrumbando. La ciudad se ha convertido en un auténtico infierno... Las bombas siguen cayendo del cielo oscurecido por el humo. La parte central de la ciudad está inmersa en un fuego enorme, inimaginable. Debido a las altas temperaturas ha comenzado a soplar un viento inusualmente fuerte, que aviva las llamas. Parece que ahora todo arde: el cielo y todo el espacio, desde un horizonte a otro” 
Alexéi Chuiánov, jefe de la organización del Partido en Stalingrado.
 “No he comido desde ayer. Solo he bebido café. Estoy completamente desesperado. Dios mío, ¿cuánto tiempo durará esto? ... Estamos rodeados. Stalingrado es el infierno. Cocemos la carne de los caballos muertos. No hay sal. Mucha gente está contagiada de disentería. ¡Qué horrible es la vida! ¿Qué he hecho mal en mi vida para que me castiguen así? Aquí, en este sótano, nos agolpamos 30 personas. Oscurece a las 2. La noche es larga. ¿Volverá alguna vez el día?”. 
Extracto del diario de un cabo alemán
Stalingrado tras la liberación. Infierno en el Volga. 


Los wargames (juegos de guerra, vamos) son una experiencia muy diferente a los eurogames (o "juegos alemanes" a lo Catan y Carcasonne). Donde los "euros" buscan la vistosidad temática y el empaquetado igualmente vivaz, con temas agradables, tableros luminosos, numerosas fichas de madera con diversas formas según su función, cartas de varios tipos y tamaños... los juegos de guerra "tienen una misión". Lo suyo es trasladar al tablero un hecho histórico y recrearlo: el tablero refleja el campo de batalla a la escala que sea (de un pequeño pueblo asediado, a toda Europa), las fichas no son hombrecitos de madera coloreada sino que suelen ser fichas que enumeran los ejércitos en sus características (vamos, que una ficha de un avión "vuela" y una de barco "navega", y el disparo de un batallón no es el disparo del cuerpo de infantería).
Partida a un wargame (foto tomada de My Little Wars, partida a "Conflict of heroes")

Por otro lado los juegos "europeos" han buscado (en términos generales) unas mecánicas de partida amigables muy asumibles por cualquiera, sobre todo "no jugones", con mecánicas en la que los participantes no son eliminados, la disputa es tangencial (sumado de puntos obtenidos adquiriendo cartas, negociación entre los jugadores, acumulación de cosas como cubitos de, yo qué sé, de instrumentos para la navegación en un juego sobre descubrimientos oceánicos...). En un juego de guerra evidentemente te estás poniendo en la piel de un ejército histórico en pugna con otro emulando hechos verídicos, y bueno, Wellington no venció a Napoleón acaparando fichitas de trigo, maíz y patatas para venderlos en la casilla del mercado 😄
Asumido que un juego de guerra recrea la historia (no la glorifica ni es en sí mismo un panegírico al militarismo, sino una reproducción, nada más, un punto de partida para conocer la historia y reflexionarla), y que la historia que recrea en un wargame es muy cruel y abominable como toda guerra, no cabe otra cosa que saber que el "mood" es el que es. Juegos con un punto descarnado, tensos, y que nos van a iluminar sobre hechos verídicos mucho más que cualquier otro tipo de juego de mesa (con matices: hay wargames de futuros distópicos y cosas así, pero hablamos de lo normal)
Stalingrado, Inferno en el Volga es un juego de guerra puro, uno que recupera para uno a tres jugadores la más terrible batalla de la II GM, el asedio nazi a Stalingrado.
 Cartas marcadas, olvida la recolección de madera para hacer graneros, aquí llevas un ejército y tienes que conquistar o resistir. La cuestión entones es: ¿logra el juego trasladarnos la sensación de crueldad, espanto, tensión y sufrimiento bélico del marco histórico recreado? Pues para mí, que no soy ningún entendido en juegos de este palo (ni de otro palo, pero de war, menos), sí que lo logra, sí.
En primer lugar por su tablero. Para confeccionarlo, los diseñadores no se han contentado con extender masas de colores y líneas de frontera bajo una retícula de hexágonos: se han escaneado las fotografías aéreas que la luftwaffe realizó de Stalingrado y alrededores horas antes de iniciar los ataques, se han "tuneado" añadiendo color y "legibilidad" han propiciado un marco para la batalla tan hiperrealista como inmersivo. Una zambullida:
Ataque de la aviación alemana a Stalingrado


Añadamos unas cartas que como la portada del juego utiliza fotografías del conflicto y el buen aprovechamiento de un sistema de juego ya de sobras conocido para el gremio de los "huargameros" (que yo había probado una única vez, hace meses): el sistema de bloques y la "niebla de guerra".

Soldado con ametralladora rusa PPSch 41 a cubierto entre los escombros.
Finales de otoño de 1942. Te suena, ¿verdad?
Los Stuka entran en la confrontación.
Una carta de las muchas que tiene el juego

Las tropas son efectivamente tacos de madera (negros los alemanes, rojos los rusos) a los que pegamos una etiqueta de la unidad que representa. Por una única cara... de modo que tú ves tus tropas, y el número de tropas que se te echa encima... pero no la identidad de las mismas, ni si vienen a tope de fuerza o hechos una mierdecita (lo miden los circulitos del perímetro de la pegatina)
Tú (unn bloque muy fuerte, otro debilitadísimo) contra... ellos (no sabemos quienes ni su fuerza).
A mayores, el mecanismo del juego en solitario (funciona maravillosamente bien como reto solitario; se puede jugar uno contra uno, o dos -alemanes- contra Rusia, o tres, dos alemanes, uno ruso... ¡de to!) hace la travesía de los alemanes un verdadero suplicio, entrando triunfales en la partida, sí, pero siendo minados poco a poco por los sucesos y circunstancias. Recordemos, por cierto, que Stalingrado fue el primer Gran Revés de los nazis en la II Guertra Mundial, así que de eso se trata. No es imposible ganar con el manejo de los nazis, pero fácil no lo tienes,
Terminemos con generalidades ¿Es un juego duro? ¿Es impenetrable, una frikada para jugones y jugones-de-juegos-de-guerra? A esto último, no: es un juego asumible. A lo primero, a ver, no es el Monopoli, amigos/as. Ni un Catán. Es sencillo pero hay que contar con las variables de las cartas, por ejemplo, que puede obligar a tener cerquita el liebro de reglas para consultar bastantes veces qué posibilidades te da tu baraja a la hora de meterte a repartir castañas (disparos extras, aportación repentina de hombres y cosas así). Pero no es un juego especialmente hermético y como suele decirse, el esfuerzo (muy moderado) tiene recompensa: matices, tensión creciente, cierto toque de azar, y una sensación que solo sucede con las buenas experiencias de juego. Tras la partida te quedas rumiando lo sucedido, y curioseando la historia verídica de la batalla de Stalingrado.
El cerco, la batalla

No hay comentarios: