20 enero 2019

boygenius, "boygenius"

Los supergrupos suelen ser como mucho, curiosidades circunstanciales (ej, la suma de fuerzas para reinterpretar a los Beatles en Backbeat), y generalmente se quedan en colegueo de relumbreras con el jugo de su talento ya exprimido hace mucho tiempo.
boygenius es otra cosa: la reunión de tres nombres de cabecera del nuevo indie folk rock femenino (Lucy Dacus, Julien Baker y Phoebe Bridgers), las tres con un pasado, más o menos breve, que las aleja de nueva promesa pero las cimenta en un potencial y una carrera por delante de muchos años, a priori. Reunión en la cumbre de tres talentos. Mayores.
Y una sensación de, como se dice ahora, sororidad brutal, amistad sin codazos para salir más y mejor en la foto. Han creado juntas un maxi con seis temas, dos por artista, que llevaron al estudio: uno bien cocido y otro en pañales para trabajar como grupo.

El resultado es uno de los discos del año 18, con cumbres emo del calibre de "Me & my Dog"  (una de las canciones del año), con un dominio del "crescendo tranquilo" apabullante, con una sintaxis perfecta que combina minimalismo y detallismo sin que parezca que se esté haciendo nada, y mira qué joya han tallado. Un maxi con un empaste de voces de los que vemos pocos  y que da una vida, relecturas (re-escuchas, vamos) y hondura a estos seis temas que ya quisieran muchos largos.
Las letras, por otro lado, sueltan hachazos de sentimiento crudo e imágenes mentales del calibre de “I wanna be emaciated / I wanna hear one song without thinking of you / I wish I was on a spaceship / just me and my dog and an impossible view. I dream about it and I wake up falling” -en la citada "Me & my Dog".
boygenius, supergrupo de tres grandes unidas en su mejor momento. ¿Veredicto? blanco y en botella de leche.

02 enero 2019

SPIRITS OF THE FOREST

Dice el editor: "Una vez cada cien años, unas curiosas criaturas cruzan el velo que separa su mundo del nuestro. Descienden atraídos por la abundancia de un bosque místico. Allí se dedican a coleccionar pequeños tesoros". 
Bueno. Spirits of the forest, aunque adornado con un argumento y engalanado con un acabado visual curioso, no deja de ser un juego de construcción de mazos. Esto es, como dice la wikipedia, un juego de naipes cuyo sistema de juego se basa en que el jugador debe crear de un conjunto de cartas óptimo para alcanzar las condiciones de victoria.
Se dispone descubierta en la mesa toda la baraja (la componen 48 losetas de cartón rígico) y cada jugador por turnos podrá robar cartas desde dos laterales del rectángulo de cartas desplegados, buscando completar diversos palos (símbolos de esos "pequeños tesoros" que hacen las veces de sotas, palos, reyes o caballos pero que aquí llamamos "telarañas", "rocío" etc. etc.). Cuidando también atesorar otros símbolos secundarios que tienen algunas cartas. Todos ellos darán puntos de victoria que se recuentan cuando todas las cartas hayan sido robadas.
Foto dela Boardgamegeek, como todas (o del editor en España, TGC Factory

La gracia estratégica está en la limitación (solo podemos robar de esas dos lindes, esos dos laterales, que vamos "comiendo" hurto a hurto), pero también y sobre todo a la capacidad de reservar cartas, cualquier carta aún dispuesta sobre la mesa (no obviamente las ya robadas por un jugador). Para ello cada jugador dispone de tres "diamantes" que colocaremos (uno solo) en nuestro turno.
El turno pues tiene dos fases: robar cartas y, si se quiere, reservar otra con uno de tus diamantes. Reserva que puede ser eliminada por otro jugador sacrificando uno de sus propios diamantes.
Hay alguna reglilla más, pero anecdótica, y con esta descripción ya sabes bastante bien en qué consiste este pequeño juego de cartas. Pequeño por portable y que por tanto puedes llevar a las fiestas de guardar para pasar en familia un buen rato. Es, en fin, un juego muy sencillo, bonito en su despliegue, mínimamente estratégico porque debes contar con las manos que tus adversarios van consiguiendo, apra establecer la estrategia de tu propia recolección y así ganar (de eso se trata, ¿no? de ¡¡GANARRRR!!!). Un juego que hasta cuatro jugadores podrán jugar en partidas de poco más o menos quince minutos. La caja advierte que la edad recomendada es 14 años o más, pienso que con doce ya es factible jugar.

01 enero 2019

THISQUIETARMY, The Body And The Earth

Eric Quach lleva una década en el submundo de la vanguadia sonora. Yo lo acabo de descubrir con una conmemoraricón/regrabación de su album de debut, Unconquered, y resulta que también acaba de sacar nuevo disco, este The body and the earth del que vengo a deshacerme en desproporcionados elogios. La gran diferencia con su obra previa es que ha abandonado el aislacionismo personal (Thisquietarmy es, o era un "one solo man proyect") y ha buscado el apoyo sonoro de Charly Buss (bajo, trompeta) y Marc-Olivier Germain (sintetizadores, baterías), en pos de una carnalidad no diré nueva en su discografía (porque la copiosa producción de Quach, más de treinta referencias en diez años de carrera, me es casi desconocida) pero sí más tierra que aire, más fuego que gas. En este sentido las trombas de percusión que capitanean "Cometh", el tema de apertura, no engañan: la música de esta sinfonía de drones, ruido y épica es poderosa, concreta como cemento armado, nos azora como a marineros de una chalana en medio de una tempestad oceánica... para volver, con el siguiente tema ("Sixh Mass") a una falsa calma que preludia nuevas embestidas sónicas. Y así hasta el cierre. Cuatro temas sin tregua.
Thisquietarmy no inventa nada, trabaja los crescendos épicos de Godspeed You! Black Emperor, la psicodelia sin brújula de Acid Mothers Temple y el metal drónico del doom más experimental, todo con una capa de shoegaze fina filipina (o sea, una capa de ruido blanco del copón). Y dentro de la mezcla destaca la impronta expresiva: música lírica, emocionante y emocional que, precisamente desde esa emoción, aporta alma a la experimentación con el drone.
Vamos, que esto no es  un abismo de repeticiones cerebrales digno de Sonic Boom, sino música para sentir euforia, arrebato. Quizá música que te envuelve y se impone por su magnificencia despiadadamente noise. Pero que en todo caso arrebata y es cualquier cosa menos experimentación con gaseosas sonoras. Más Mogwai que aislacionismo, digamos.