21 febrero 2019

Memoir'44

Memoir'44 bien puede ser el "caballo de Troya" para entrar en los juegos de guerra. Si las recreaciones de confrontaciones históricas suelen definirse (muy matizable ya en el siglo XXI) como juegos de mesa difíciles, este ya clásico de 2004 recrea diversas batallas de la II GM con un sistema de lo más sencillo. Basta decir que el juego está pensado a partir de ocho tiernos años de edad, y la verdad, está bien planteado así (aunque con tutela de adulto).

Memoir'44 no difiere mucho de Hold the line (ver reseña acá) pero es más sencillo aún que aquel. Ambos juegos son vistosos gracias a sus figuras de plástico de la soldadesca (y en este caso, de tanques, alambradas y otros objetos), y parten de "tableros hexagonales mudos" que cubres con losetas de terreno específico, armando los escenarios que las propias instrucciones te dan a elegir: tal batalla se desarrolla en las orillas de un río, así que disponemos las losetas del río sobre los hexágonos que se nos indican. ¿Había tres colinas y dos pueblos en esa batalla? losetas. Y disponemos los ejércitos tal y como las instrucciones nos indican.
Partida preparada. Foto del blog Análisis al cubo
Como veis, el tablero está dividido en tres áreas por dos líneas rojas discontinuas. Y como veis también, el juego trabaja con una mano de cartas. De tu mano eliges una carta, y esta activa determinada orden. Esa orden puede afectar a un área concreta (como la 2ª carta empezando a numerarlas por la izquierda) o a las tres áreas (como la 1ª de las cartas de la imagen), o son acciones especiales como la carta n.º 3. La gracia del juego pues está en que la acción la decides tú pero te la "dicta" la carta. Esto es tan fácil, por tanto, como leer y obedecer (je, como en el ejército de verdad).
Imagen de la BGG
A mayores, se batalla con un sencillísimo sistema de dados, se suprimen cosillas propias de juegos ya más avanzados como el chequeo de moral que, en otros wargames, puede variar las cualidades de los batallones en cada combate, y eso sí, mantiene la idea de que diferentes terrenos provocan modificaciones. Algo tan obvio como que no va a disparar a un pelotón enemigo si delante de ellos tienes un bosque... ¡no los ves! Y por descontado las características de la artillería son diferentes a las de infantería, para acercar el juego a una sensación de verismo.
Ok, pues con este sistema basado en uso de cartas Memoir'44 gana en agilidad, en sencillez (realmente hasta podemos decir que es un juego muy básico: elige qué mueves y tira dados a ver qué pasa) pero a la vez, te hace sentir en medio de la batalla, y cuando arriesgas en un careo y este te sale redondo y, un poner, eliminas de un plumazo a un grupo de fortísimos tanques con tu pelotón de soldados de a pie, no vas a poder evitar un gesto de alegría y triunfo.
El autor de Memoir'44 se llama Richard Borg, y ha aplicado este sistema de juego a muchos otros wargames: primera guerra mundial, Inperio Romano (se dice que es el más complejo de sus juegos, siendo accesible), guerra civil de EEUU, y hasta un mundo fantástico (Battlelore, rollo Señor de los Anillos). Todos muy parecidos: cartas, tablero dividido en áreas y poca complejidad para que hasta un niño pueda jugarlo. Del mismo Memoir, dado su éxito, ha creado numerosísimas expansiones (nuevos escenarios, más ejércitos, posibilidad de jugar a más de dos jugadores -es su número natural en el básico aunque apañen un sistema de dos a cuatro jugones-)

Es un juego de disfrute adulto, pero que puedes jugar en familia con tu hijo o sobrino. Otra cosa es que un/a infante/a sepa gestionar emociones en un juego tan competitivo y "realista" (esto no es un ajedrez, son batallas concretas en espacios concretos, la derrota es más "real" aún). Pero dominar esa gestión también me parece una parte muy interesante y didáctica de este tipo de juegos, que son perfectos para aprender a disfrutar la competición, su narrativa, no depender del resultado, y por descontado, la historia va calando poco a poco y de un modo natural y divertido. Mi hijo antes no sabía qué era el desembarco de Normandía. Hoy sí.
Foto de la BGG


11 febrero 2019

Nostromo 4, el podcast pasajero

Se me ocurrió una chorrada y me apeteció retomar el podcast. Uno breve, media hora y pico, para navegar alrededor de una única canción. ¡Y sin embargo suenan siete canciones, como es posible!
Bueno, para descubrirlo, lo escuchas Y añado... ¿Qué canción inaugura lo que podría ser un formato a partir de ahora? Ah, la imagen es una pista.
Excucha el cuatro Nostromo pinchando AQUÍ.
[La intro es de Swans -No words, no thoughts-, los fondos sonoros, de Main -Dry stone feed-]

08 febrero 2019

LISABÖ “Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen”

Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen comienza con el sonido de un campo de batalla arrasado, “Errautsaren bezpera” ("La víspera de la ceniza”) no alcanza los dos minutos, y es un momento de tensión sin estruendo, de música experimental cercana a los Sonic Youth de EVOL. Presagio calmo de  “Nomaden zirkulu tematia” (“El terco círculo de los nómadas”) que ya sí desata la característica tormenta oceánica en el yunque y martillo del oyente. Inmisericorde, clava su bandera en el Everest que solo ellos saben conquistar disco a disco. ¿Qué banda internacional logra en cinco minutos semejante fragor e intensidad? No exageremos: Swans pueden. Y otros autores en contextos muy opuestos a este incendio salvaje (pienso en el último Sufjan Stevens, sanador). El posthardcore internacional está cojo sin la presencia de Osinaga y compinches, jinetes negros portadores del anillo de poder sónico que deja a muchos compañeros de generación en pañales.
¿Para qué hablar de esta nueva obra maestra canción a canción? Esto es otra vez un tsunami que guitarras en espirales cruentas, de gargantas desesperadas, de remansos aterradores por lo que puedan preceder, de percusiones infinitas (dos baterías, ya sabes, dos golpeando el mismo ritmo a la vez, esto es un terremoto) y de versos elípticos y hermosos (ojo, ¿cuántas bandas conoces en las que uno de sus miembros ni canta ni toca ni baila en escenario, solo se dedica al apartado lírico de la banda? yo a Lisabö).
Mejor lo dejo estar ¿para qué esforzarme con adjetivos y frases engoladas para intentar convenceros de nada? La realidad es que no hay nada igual a Lisabö y por eso del mismo modo que han pasado siete años desde su anterior obra maestra ya pueden pasar diez años sin un nuevo Lisabö. Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen es el disco rock del 2018 y esa hipotética continuación de 2028 lo será en 2028. Porque ni Dios y todas sus catedrales le hacen sombra a Lisabö en su terreno (no lo llamemos zona de confort, no cabe el confort en eta música). ANIMALIA!