14 abril 2019

PAPÚA, jugar a explorar

Papúa, de Diego Ibañez y Javier García para Devir, es un artefacto armado a conciencia para ofrecer un producto vendible en esas ferias internacionales de juegos que cada vez son más Meca del comercio de los boardgames. Cuidado en extremo, la apertura de caja resulta enormemente atractiva: un tablero apaisado como una alfombra que llama la atención, cartas, mucha madera para marcadores con formas variadas y bonitas serigrafías, unos paneles de cartón para esconder "tu cosecha", más cartón para las monedas y alimentos, más cartas, diez dados tuneados, marcando su pequeña diferencia...
Papúa. Mise-en-scène

Ilustrado por Pedro Soto, el juego a la vista se deja querer.
¿Se deja querer también como juego? ¿Nos gusta como tal, además de entrar por los ojos? En principio es atractivo su estudiado equilibrio en el empleo de mecánicas diversas: gestionar dados, colocación de trabajadores, decisiones constantes... es verdad que al final todo se reduce a otro euro con más cosicas y decisiones. Si en Aventureros al tren consigues tus puntos prácticamente de un único modo, en Papúa los adquieres por varias vías.
Así podemos decir que sí, Papúa viene a ser un paso o dos más para un tipo de juego familiar ya conocido, de los de sumar puntos mediante la consecución de unos logros, con el método que las reglas especifiquen: adquirir cartas, hacerse con monedas, conseguir puntos en un contador de victorias en tu expedición...
Y así hablamos del tema, la expedición. Esto es un euro (juego europeo tipo Carcassonne etc.) y por tanto el tema está ahí para adornar, para vender, hacer atractivas una serie de mecánicas (ya di pistas: colocar trabajadores por diversos puntos del mapa que activas con una tirada de dados, de modo que un lugar te permite reclutar expedicionarios, otro acumular comida, otro...). Y el tema, otra vez bien por la producción de Devir, es bonito: los jugadores toman el rol de aquellos científicos expedicionarios del colonialismo/imperialismo decimonónico. En concreto, hacemos las veces de expediciones por Papúa (dos puntos de victoria si esto ya lo habías deducido). Que da igual, el juego podía vestirse de una serie compañías extractivas de recursos interplanetarios del futuro tomando posiciones en Raticulín, con un tablero lleno de tecnología waca, y funcionaría igual. Pero ese es el grado de apuesta editorial: ¿como productores tiramos por otra revisión de Alien el octavo pasajero en tablero, por un juego de entorno feudal, o nos buscamos algo menos trillado? Otro acierto.
A media partida, de todo un poco por Papúa adelante [Fotos de la BGG]
De modo que bueno, creo que la jugada es buena (nunca mejor dicho) y Papúa puede tener una vida en el mercado internacional. Y atraer al jugador de "eurogames" del mismo modo que lo hace "Caverna" o "Castillos de Borgoña" (juegos que desconozco, pero que son ya clásicos) desde un tema curioso, unas mecánicas bien ensambladas, un nivel asequible pero con cierto grado de exigencia que lo aleja de la simplicidad de Catán, y eso sí, un objetivo quizá algo plano: otra vez conseguir puntos con cartas, cartones y fichas de madera.

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