03 mayo 2019

La senda del cisne 3: GREED (1986) de SWANS

Tras el agujero negro de Cop toca empezar a aprender cómo se respira.
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Greed se abre mortuorio, con un piano de cola y la voz de Michael Gira explorando otras vías de expresión además de la apoclíptica. Sin renunciar a su papel de predicador del nihilismo.
Hay formas más dulces en el universo del Cisne y empiezan a vislumbrarse en Greed. Hay nuevas instrumentaciones como el mentado piano y algunos vientos, además de lo de siempre, la electricidad salida de dios sabe qué potro de tortura herrumbroso... Pero no pienses que hablamos de un disco dulce o respirable pese a sus pianos y trompetas: se avista un horizonte, pero todavía en estos surcos reina la asfixia, la prisión-pozo medieval, los sonidos herrumbrosos, el fundido en negro. Lo que pasa es que al menos no deviene todo entre alaridos dignos de Satanás y collages brutales con el punk, sino en medio de letanías dolientes. Y entra la voz de Jarboe, a medio camino entre la vamp definitiva y una fantasmogénesis pero con todo aportando dulzura al Señor Oscuro, de quien fue pareja largos años. A ver, es que en el contexto, tras Cop un mínimo de piedad nos provoca la sensación más dulce... supongo que esto es el síndrome de Estocolmo musical.
En algún universo de pavor extremo, a esto lo llaman blues. Y si tu concepto de rock experimental es el doble de turno de Guns 'N Roses mejor ni te acerques a Greed, no vas a aguantar ni dos temas, no te parecerán música.

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