30 septiembre 2019

Keepsake, de Hatchie

Keepsake ha levantado los murmullos de quienes buscan relevos al dream pop. La receta de Hatchie es sencilla: melodías pop muy dulces y sonidos envolventes. Una suerte de revisión de The Sundays potenciados con pop redondo (la facilidad de Chvrches para crear melodías perfectas podría ser referente) envueltos en una producción digna de Beach House (por lo gaseoso del resultado). "Without a Blush" es el ejemplo perfecto, un buen punto de partida o presentación del sonido de esta australiana de nombre real Harriette Pilbeam: toques electrónicos, bajos en espiral, reverberación gaseosa, y una voz dulcísima entonando una gema pop perfectamente tallada. A veces incluso afloran los mismísimos New Order ("Obsessed").
No creo que este disco vaya a permanecer demasiado: un debut bien templado a fuego lento, precedido de maxis interesantes, un sonido reconocible y bien ejecutado, y algunas melodías virtuosas. Muy lejos de la excelencia aún. Pero como una de las paradas de estos tiempos de saltitos en el mar de Spotify, supone una orilla agradable que, una vez pisada, no apetece abandonar.

21 septiembre 2019

SLEATER-KINNEY, The Center Won’t Hold

Cómo ha cambiado el consumo de la música... cuando Fugazi sacaron Red Medicine en 1995, y pese a las advertencias de las revistas especializadas que referían cambios en el sonido de la banda, enfrentarte una vez pulsabas play o pinchabas la aguja a los chirridos disonantes y algo industriales de "Do you like me", su primer corte, era un chutazo de adrenalina. En exclusiva para tus orejas estabas asistiendo a una declaración de intenciones poderosa de renovación o muerte.
En 2019 Sleater Kinney volvían tras un hiato de cuatro años y el arranque de The Center Won't Hold debería tener ese mismo papel, con sus ritmos electro y marciales. Pero ay, ya no, el juego ha cambiado, tenemos la database más infinita del universo para saberlo todo siempre y ya-o-antes.
Con todo, si has intentado abstraerte (no se logra, porque se es fan y se corre a por los singles y las noticias te saltan al móvil...¡producido por Anne Clark , la mismísima St. Vincent!!!) y te has dejado salpicar poco, aún hay lugar para la sorpresa.

Clark ha producido y eso arroja un sonido más dulce del que cabe imaginar en las peleonas Kinney de hace una década. Más estilizado y hasta glamouroso, pero aleluia! siguen siendo como la tensión superficial del mercurio. La tensión es la palabra mágica, subyace en el sonido como lo hace en las intenciones combativas. En realidad ese inicial "The Center Won't Hold" es lo más parecido a las imperator furiosas del (post)riotgirrrl, con una segunda parte donde la airada voz de Corin Tucker se convierte en ese lanzallamas que ha convertido al trío (ahora dúo al abandonar su batería) en uno de los más poderosos cancerberos del rock. Le sigue uno de las estrofas del año, “You know I’m unfuckable, unloveable, unlistenable, unwatchable”, y sin espacio para dejarnos frotar los ojos y las orejas, tras ese pelotazo casi funk (“Hurry On Home”, se llama), cae "Reach Out", que parece reverberar directamente de la cabeza de St. Vincent (¡o de la de Martin L. Gore, de Depeche Mode!), con un estribillo que es oro y casi glam.
Hay más motivos para aplaudir de nuevo con las orejas. "Ruin" esdrujulea con, de nuevo, el retrovisor apuntando a St. Vincent (se nota su mano, por supuesto, en el disco). "The future is here" parece la declaración de principios para todo el disco desde su título, y desde su sonido glamouroso, melancólico y pegadizo. "Broken" cierra en el jazz bar, entre humo y aves nocturnas que aún quieren escuchar una última, y es esta balada triste para voz (aquí Tucker se sale de sus registros para asombrar con un baladón) y piano.
Si su anterior LP, No Cities to Love, venía a ser el compendio y resumen de las virtudes del grupo maceradas en madurez, o algo así, una suerte de "esto somos". The Center Won't Hold es el "¡Sorpresa, hay más" de una banda capital en el rock de las últimas dos décadas y media (si sumamos la actividad de sus frontwomen en bandas previas del movimiento Riot, tres décadas enteras ya, o prácticamente), y no da singos de acomodo o de tirar por un camino sin brújula que les pierda.
Joder, Sleater Kinney han vuelto a hacerlo, larga vida a las reinas.

20 septiembre 2019

AMAIA Pero no pasa nada

Puede ser una boutade que mientras los que me leéis en redes sociales sospecháis (con razón) que estoy, en bucle, con el nuevo disc(az)o de Sleater Kinney o Weyes Blood (de los que aún no he escrito nada más que comentarios fugaces en redes), yo venga por acá a despertar al Octavio Pasajero a trinazos de la triunfita Amaia.

Pero resulta que el caso de esa ganadora de un talent anodino que me había llamado la atención en su día, ha caminado dos años por caminos, a luces del mainstream catódico, "equivocados" y de lo más curiosos. Hasta llegar a este debut. Ese caminar me ha interesado: caminos que pasan por festivales cool como el mismísimo Primavera Sound, retrasos en su debut hasta la indignación de la "salchichería de pasta OT", colaboraciones con Carolina Durante, Axolotes Mexicanos, los Hermanos Cubero y más personalidades que nadie que no tenga interés real en la música hoy va a conocer/valorar (nada de duetos con Antonio Orozco, ay). Y la ha llevado a querer que la produzca Refree o el líder de Él mató a un policía motorizado (banda que adora, por cierto, Jota Planetas, y líder que produce aquí pulcro e incluso imaginativo) y con apoyo en la banda de acompañamiento de Núria Graham (más nombres electrificados para el oteter).
Supongo que es el primer caso de ganador de talent show musical que tarda dos años en sacar rodaja. Dos años en que los de Pamplona además estuvo esquiva con prensa y rrss, siempre señalada por un cuore butcherie que hasta donde he alcanzado (no mucho tampoco, la verdad...) la ha llamado de todo menos bonita (quizá por su portazo a esa telemierda/prensamierda).
Caso para Cuarto Milenio.
Pero el caso es que ya tenemos ese esperado debut. Y bueno, da igual, no se trata de criticarlo pormenorizadamente. Resumo: está bien, no mata, tiene maravillosos referentes para apoyar su repertorio, como Belle and Sebastian, La Bien Querida, La Buena Vida, y sí, Marisol y Jeanette. Con ellos y su preciosa y expresiva voz ha edificado el primer disco defendible de un triunfín (ganando por goleada a, no sé, ¿Nena Daconte, sería hasta ahora lo más decentillo -y a ver...-?), capaz de lanzar esas llamadas de atención a Le Mans o a Camera Obscura, Sufjan Stevens o hasta la Cecilia más dulce.
Porque lo interesante no es discutir el tono naive de su lírica (MUY naive, incluso excesivamente naive en ocasiones) o qué canciones salva cada cual, si alguna salva, o si salva todas: lo digno ya ha sido todo el viaje, desde que me sorprendió canturreando un tema de Neutral Milk Hotel en el 24 horas del programa de talenteros, hasta el precioso nuevo single ("Quiero que vengas" tiene ese crescendo épico que la hace irresistible), una de las pocas sorpresas que han dado las televisiones mainstream, gracias al bendito antojo de una niña por querer ser otra cosa, no solo un producto, encontrando su nuevo lugar.
Le queda mucho camino, tras un primer paso que merece respeto aunque, claro, no va a dejar demasiada huella.
Y mañana hablamos de Sleater Kinney